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26 de Noviembre del 2019
Ideas
Lectura: 7 minutos
26 de Noviembre del 2019
Gonzalo Ordóñez

Es licenciado en Sociología y Ciencias Políticas por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito; Magíster en Comunicación, con mención en Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación por la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.

La gallina de los huevos de oro
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El debate en los medios de comunicación conduce a fortalecer los argumentos de las partes, pero no los consensos, de hecho, es una responsabilidad que pesa sobre los periodistas la polarización de la opinión pública.

Cerrar la competitividad a la empresa que genera riqueza y trabajo es matar a la gallina de los huevos de oro. Alberto Acosta Burneo con esta afirmación debatía, en Radio Democracia, el 19 de noviembre, a Leonidas Iza, quien reclamaba que el movimiento indígena pide al Servicio de Rentas Internas (SRI) que se cobre a los grupos económicos los impuestos que evaden. 

¿Y el sector rural indígena y campesino no es también la gallina de los huevos de oro? Si se tiene alguna duda, los mestizos de clase media de Quito podemos recordar los centros comerciales y mercados desabastecidos en el estado de sitio que los mercenarios -seguramente financiados por el narcotráfico y sus aliados del progresismo- efectuaron en la ciudad, en medio del levantamiento indígena y popular.  

Quedó claro, sin embargo, un problema de método: el debate en los medios de comunicación conduce a fortalecer los argumentos de las partes, pero no los consensos, de hecho, es una responsabilidad que pesa sobre los  periodistas la polarización de la opinión pública. En una entrevista, el académico Santiago García insistía en evitar los extremos y obtener puntos medios, por ejemplo, focalizar “un 40% de los dos mil millones” que supone el subsidio; nadie en el panel le hizo caso. 

El debate en los medios de comunicación conduce a fortalecer los argumentos de las partes, pero no los consensos, de hecho, es una responsabilidad que pesa sobre los  periodistas la polarización de la opinión pública.

Ya no es relevante el punto de vista de empresarios, políticos, sindicatos o indígenas; en la situación actual de miseria, corrupción y hundimiento económico lo importante son las acciones concretas para lograr un Estado más eficiente al mismo tiempo que se obtienen los recursos para estabilizar la economía.   

En el programa Blanco y Negro, del día domingo 24 de noviembre emitido por el canal púbico Ecuador TV,  Santos Villamar, Presidente Nacional de la FENOCIN (Confederación Nacional de Organizaciones Campesinas, Indígenas y Negras) , señaló que el movimiento indígena “defiende los intereses de todos los ecuatorianos”, algo simillar lo dijo Jaime Vargas en la rueda de prensa  del 23 de octubre: “vamos a defender los intereses del pueblo ecuatoriano”.

No obstante, Santos  señaló que la CONAIE no representa a todos los indígenas. 

Por su parte, los empresarios, también dicen representar a todos los ecuatorianos; incluso los asambleístas de la Revolución Ciudadana y de sus cercanos de Alianza País, que no reconocen responsabilidad alguna en la situación actual del Ecuador,  a pesar de las pruebas en su contra, afirman, ya en tono surrealista y macabro, que su única intención es el interés del país. 

La verdad es que la FENOCIN defiende los intereses de sectores campesinos identificados con la ideología evangélica; la CONAIE con el discurso de izquierda en tono antiimperialista; los grupos empresariales están con la ideología neoliberal y así con el resto.  En todos los casos, los grupos económicos, políticos y sociales, así como los medios de comunicación, tienen sus propias agendas lo cual es legítimo y válido.

Explicitar las agendas y los intereses de cada grupo es indispensable para abrir la negociación; la honestidad genera confianza.  Posicionarse en una ideología que se asume como verdad del mundo solo conduce al enfrentamiento y a la pérdida de la democracia. La abundante diversidad del Ecuador, en culturas y naturaleza, es nuestra fortaleza solo si aprendemos a escucharnos.

Si logramos escuchar, podremos preguntar a otros grupos que no están representados o participan en la contienda: ¿qué piensan los jóvenes indígenas rurales  y urbanos, los afro descendientes, las mujeres y hombres profesionales sin trabajo, los adultos mayores? 

Los países se unifican cuando tienen un enemigo común que les obliga a olvidar sus diferencias. Cuando Hitler invadió Stalingrado en 1941, los alemanes quedaron atónitos al ver que les enfrentaron mujeres en calidad de soldados, aviadoras, francotiradoras; las mujeres también trabajaban en la industria del armamento. No cabía el machismo, no se cuestionaba la habilidad de las mujeres para la guerra, de aproximadamente un millón de mujeres que participaron activamente en la guerra, 80.000 fueron oficiales. La Unión Soviética se unió en contra del totalitarismo con un costo enorme. 

Recuerdo esto porque el reciente levantamiento mostró que estamos en guerra con un enemigo implacable y asesino que corrompe a las autoridades de los gobiernos locales, a jueces estúpidos que terminan obedeciendo a sus crueles amos, que pudre el tejido social con el miedo y el dinero fácil. El enemigo está en la frontera traficando, también en nuestras calles, sus heraldos visibles son los sicarios saldando cuentas y los enfrentamientos, por territorios, de bandas delictivas. El narcotráfico, prospera en medio de la inequidad, la impunidad y la falta de empleo que forma un campo fértil para el crimen organizado. Las élites culturales, los sectores populares todos estamos en riesgo. 

La salida es la negociación y los acuerdos: cuando hay educación, salud, empleo,  justicia imparcial y una policía honesta la gente cambia, la solidaridad supera el egoísmo. 

Estuvimos cerca de convertirnos en Venezuela, ahora vamos en camino de México donde el Estado devuelve al hijo de un capo de la mafia a las calles. 

Extremos populistas como la negación socialcristiana a los impuestos, es igual de peligrosa que la negación total a subir los combustibles; no ayuda la mentira de la lucha contra la corrupción, tampoco la ignorancia que muestra la asamblea para las discusiones.  Sin embargo, es hora de que la FENOCIN, la CONAIE, los representantes de los sectores empresariales, los líderes políticos más representativos y sobre todo los economistas de izquierda y derecha, heterodoxos y ortodoxos, se sienten juntos con el gobierno para acordar acciones de consenso. 

Los acuerdos tienen otra ventaja, evitar que las elites sociales reconfiguren el poder en función de sus intereses que “son los del país”; obliga también a los sindicatos a actualizarse a los nuevos tiempos y a los movimientos indígenas a acordar entre ellos y a moverse efectivamente en democracia. 

En la fábula, el labrador, para descubrir “la mina de oro que lleva dentro”, mata a la gallina. La metáfora es perfecta para demostrar la importancia de mantener vivo el sistema productivo, también para explicar que los labradores con su “insensata avaricia”, son los grupos en contienda. 

 

 

[PANAL DE IDEAS]

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