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28 de Junio del 2015
Ideas
Lectura: 7 minutos
28 de Junio del 2015
Natalia Sierra

Catedrática de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Católica de Quito 

La herencia ideológica de la Revolución Ciudadana
Mirados de lejos, estos ocho años de vaciamiento sistemático del contenido político e histórico de los símbolos y del discurso de los movimientos sociales y la izquierda ecuatoriana, seduce decir que Alianza PAIS es la continuación ideológica necesaria del Socialcristianismo y su antecedente en el siglo XXI.

La lucha emancipadora más difícil e importante  es la que permite  la formación de la conciencia crítica, pues posibilita que los pueblos oprimidos rompan con los valores del opresor, es decir, con la dominación ideológica por la cual éstos aceptan y legitiman su propia opresión.

Los pueblos de este país, al igual que todo pueblo oprimido, construyeron su conciencia crítica en el seno de las luchas de descolonización y de resistencia frente a la dominación del capital, en todas sus fases y en sus distintas manifestaciones.

En los 25 años de lucha y resistencia social en contra del neoliberalismo se forjó las huellas de un otro otro horizonte ético, que cuestionaba la ideología de la dominación. La presencia política del movimiento indígena entre otros movimientos sociales, que resistieron las políticas de ajuste estructural dictadas por el Consenso de Washington, fue el principal referente ético-político que rompió con la ideología de la dominación.

Así también, el movimiento de mujeres, el movimiento campesino, los jóvenes estudiantes, los ecologistas, etc., levantaron una fuerte lucha ideológica en contra de los valores del capital, como la competencia, el machismo, el individualismo, el egoísmo, el consumismo, la voracidad de la explotación y la acumulación, el autoritarismo, la verticalidad, etc.

La resistencia  ideológica consiguió desmontar la pretensión de verdad y universalidad de los valores del neoliberalismo y, con ellos, del  capitalismo, y proponer los comienzos de otros valores, otros deseos, un otro sentido de la vida humana que se dibujaba en el significante Sumak Kawsay, y que en su despliegue prometía formar un otro horizonte civilizatorio.

Llegaron los “revolucionarios” de Alianza PAIS, muchos de ellos del socialcristianismo, de la democracia cristiana, del roldosismo, del gutierrismo y uno que otro de los boys scouts, se treparon en los movimientos sociales y se adueñaron de su lucha y de sus demandas.

Aprendieron rápidamente el discurso de la transformación social y lo repitieron una y otra vez, usando y abusando  hasta vaciarlo de su contenido emancipador y lo convirtieron en letra muerta, letra sin sentido.

Como no destruirlo si utilizaron sus símbolos de lucha como imagen publicitaria, para vender y ejecutar el proyecto económico de modernización capitalista (en base a la ampliación del extractivismo) y su política autoritaria que lo garantiza.

Apoyado este análisis en la sabiduría nietzscheana, bien se puede afirmar que en estos años de gobierno progresista su tecnocrática ideológica, con el sistemático bombardeo publicitario, está a punto de lograr una contra-transformación ideológica, que revierta la conciencia crítica que se formó en los años de lucha antineoliberal.

Resulta que en clave Alianza PAIS la revolución socialista significa modernización del capital asentada en el devastador extractivismo y su imagen es el Vicepresidente Glass; el antipatriarcado y antimachismo significa la sumisión femenina y su imagen es Marcela Aguiñaga; las conquistas en derechos sexuales y reproductivos significa la vuelta al peor conservadurismo del Plan Familia Ecuador y su imagen es la Sra. Hernández; la economía popular y solidaria significa la agroempresa y el agronegocio y su imagen es la Sra. Celi;  la descolonización significa sometimiento a la meritocracia extranjera y su imagen es el Rector de Yachay; el anticonsumismo significa el consumismo obsceno de los nuevos ricos y su imagen son todos los altos funcionarios del gobierno; la igualdad y equidad significa la implementación de los privilegios del poder  y su imagen es la Sra. Rivadeneira; el respeto al otro significa la criminalización de la protesta social y su imagen es el Sr. Serrano; el Buen Vivir significa las exquisiteces y las prerrogativas de la corte del Rey y su imagen es el Sr. Freddy Ehlers; la libertad de expresarse es la autocensura por miedo y su imagen es el Sr. Ochoa, etc.

Se podría seguir enumerando este  trastrocamiento perverso de los valores  emancipatorios, pero todos y todas no solo que lo conocemos, sino que lo hemos vivido. En el marco de este proceso de inversión ideológica, al servicio del poder, no sorprende que el primer representante de la ideología dominante, el social cristiano Nebot haya recuperado escenario político, a fin de cuentas él es el auténtico ideólogo de la derecha.

Esperó pacientemente  que sus co-idearios de Alianza PAIS le recuperen el espacio político, que la resistencia ideológica de los movimientos sociales, durante la época neoliberal, le había quitado. 

La derecha debe estar feliz que la Revolución Ciudadana haya logrado que el Socialismo, el Buen Vivir y la Revolución se hayan  convertido en, el mejor de los casos, en palabras huecas y, en el peor, en términos asociados a un poder autoritario, patriarcal y racista, y a una economía subsidiaria de la acumulación de capital.   

Mirados de lejos, estos ocho años de vaciamiento sistemático del contenido político e histórico de los símbolos y del discurso de los movimientos sociales y la izquierda ecuatoriana, seduce decir que Alianza PAIS es la continuación ideológica necesaria del Socialcristianismo y su antecedente en el siglo XXI.

En un mundo donde la ideología dominante (derecha) se efectiviza como facticidad (realidad económica mercantil) a nombre de la ideología de la transformación social (izquierda), está última desaparece como horizonte de emancipación, mientras que la primera reina en un supuesto mundo posideológico. 

Es sintomático oír que el problema no es de izquierdas o derechas, que eso ya está superado, que hay que pensar como ecuatorianos  y como país. El problema es que la sola nominación de ecuatorianos no resuelve las inequidades, la injusticia, la violencia machista, el racismo, el autoritarismo, la opresión, la explotación, la exclusión. Y, el país sigue siendo el mismo país que quisimos cambiarlo para construir un mejor destino común más allá de las coordenadas del capitalismo patriarcal.

Más allá de la significamentosidad “pos-ideológica”  que parece apoderarse del debate social, es urgente volver a abrir un “mínima diferencia”, una grieta que recupera la lucha ideológica y que impida que las dos derechas, jugando a ser antagónicas, colapsen el deseo de transformación, el deseo de otro mundo.

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