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10 de Marzo del 2020
Ideas
Lectura: 6 minutos
10 de Marzo del 2020
Carlos Rivera

Economista, catedrático de la Universidad de Cuenca. 

La historia de Don Coronavirus y el Doctor Placebo
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En medio de todo el caos económico heredado del peor emperador de la historia y de muy malas recetas para enfrentar todas las enfermedades de ese reino; como si no fuera suficiente, les cae en ese país la enfermedad propiamente dicha del coronavirus, que con todas y sus secuelas, representa un juego de niños al lado de las consecuencias de haber elegido a Don Coronavirus como gobernante.

Érase un país muy lejano donde gobernó un temerario y ególatra personaje llamado Coronavirus que, en un deseo obsesivo de buscar reverencias y la calificación de  santa divinidad por parte de sus súbditos, decidió gastarse no solamente la totalidad de los extraordinarios ingresos que tuvo durante todos sus años —por el alto precio de su principal producto de exportación—, sino todos los ahorros previos de ese país con el objetivo de dar permanente circo y fiesta al pueblo, y exhibir una vida suntuosa y acaudalada, que gracias a muy hábiles y costosas estrategias de comunicación se le adjudicaba supuestamente a sus iluminadas decisiones.

Para Don Coronavirus —cualquier parecido con la realidad del prefijo relacionado con la jefatura de la cosa nostra y del nombre propiamente dicho con la horrorosa epidemia que azota el mundo entero en estos días es pura coincidencia—, la prudencia simplemente no existía. De hecho, mantener ahorros líquidos para situaciones de emergencia o ajustar los gastos a la trayectoria de los ingresos permanentes o de largo plazo y no a los ingresos transitorios era un tema de retrasados mentales. Claro está, eran los tiempos de auge, donde lo más popular era mantener un ritmo de gasto frenético que crea una suerte de burbuja económica y donde el “estar in”, era entrar y mantenerse en euforia excesiva durante todo el ciclo expansivo.

En medio de todo el caos económico heredado del peor emperador de la historia y de muy malas recetas para enfrentar todas las enfermedades de ese reino; como si no fuera suficiente, les cae en ese país la enfermedad propiamente dicha del coronavirus, que con todas y sus secuelas, representa un juego de niños al lado de las consecuencias de haber elegido a Don Coronavirus como gobernante.

Pero una vez que el precio del principal producto de exportación se ajustó dramáticamente a la baja, ese país se encontró sin ahorros, ni líneas de crédito baratas para suavizar la caída de ingresos y comenzaron los problemas económicos. Don Coronavirus descartó cualquier ajuste macro para evitar la pérdida de popularidad y optó por un vertiginoso crecimiento de la deuda y la preventa de su principal producto de exportación para tratar de mantener a toda costa esa burbuja de prosperidad y aparentar el dinamismo de una economía rica y sana.

En ese nuevo escenario de bajos ingresos, comenzaron los desequilibrios fiscales crónicos y el endeudamiento público excesivo. El sector privado, que siempre fue segundón y anclado al ritmo que imponía el sector público, comenzó a contraerse estrepitosamente con graves consecuencias en el empleo, dando lugar a un periodo de anemia económica total.

Pasa unos años y llega un nuevo rey, el Doctor Placebo, un personaje bonachón tirado a la física cuántica, que en la primera parte de su mandato optó igualmente por no comprarse problemas y pagar el mínimo en la tarjeta de crédito y seguir endeudándose al límite para posponer cualquier ajuste y conflicto político social, pensando quizás que con la metafísica se iba a arreglar los problemas del país automáticamente y sin costos.

Posteriormente, y solamente cuando los acreedores externos pusieron un cierto freno al endeudamiento, recetó un poco de paracetamol (ajuste de gastos tibios) y una primera dosis de un buen antibiótico de última generación y amplio espectro (corrección de subsidios), el cual fue retirado inmediatamente ante los reclamos sociales aupados por los efectos derivados de un discurso pendenciero y repetitivo de tantos años que posicionó la lucha de clases. Taras ideológicas y dogmas tan lunáticos como que la izquierda siempre es buena y magnánima y la derecha en cambio siempre es corrupta y mala, o de que todos los programas de ajuste económico son diseñados por gente malvada.

En medio de todo el caos económico heredado del peor emperador de la historia y de muy malas recetas para enfrentar todas las enfermedades de ese reino; como si no fuera suficiente, les cae en ese país la enfermedad propiamente dicha del coronavirus, que con todas y sus secuelas, representa un juego de niños al lado de las consecuencias de haber elegido a Don Coronavirus como gobernante.

Después de ello no se conoce lo que pasó en ese país. Solo se sabe que como no hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista, los súbditos de ese país andaban buscando como nuevo gobernante a un verdadero cirujano que a la vez que pueda meter bisturí y arreglar la situación y drogadicción fiscal, no se deje caer en pánico durante el ciclo contractivo de ajustes, ni muera en el intento por luchas sociales fratricidas, además que enrrumbe rápidamente reformas económicas en materia laboral, financiera, seguridad social, educación y salud para promover rápidamente la inversión y el crecimiento económico, so pena de caer en el mismísimo infierno.

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