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19 de Julio del 2017
Ideas
Lectura: 6 minutos
19 de Julio del 2017
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

La honorabilidad de vacaciones
La verdadera honorabilidad no se mancha con una acusación cuando esta no es probada. Si el señor Glas no va a la Asamblea, gracias a las truculencias, nadie le quitará el sambenito de las dudas y no podrá mirar a la cara de los otros con los ojos claros de la inocencia. La sonrisa de la inocencia es diáfana y dulce: ¿por qué no compararla con la de los sospechosos?

El expresidente de Brasil, Lula da Silva, ha sido acusado de corrupción y tendría que ir a la cárcel. Por la misma razón fueron puestos tras rejas el ex presidente de Perú, Ollanta Humala, y su esposa. Y también han sido señalados el presidente de Venezuela y la expresidenta de Argentina: ¡cómo olvidar a su ministro guardando sus millones en un convento de monjas! En Ecuador, el vicepresidente Glas no deja de ser nombrado para formar parte de este grupo, pese a que los asambleístas de AP se han propuesto lavarle las manos antes de que las examine la justicia: corrupta corrupción. Nadie, y menos un político, es honrado por decreto.

Podredumbre moral que se torna más pestilentemente grave porque hay acusados que se han aprovechado del poder para robar, para recibir coimas y favorecer a empresas extranjeras que no tuvieron empacho alguno quintuplicar los costos de las obras para así recuperar los cientos de millones suciamente donados a presidentes, vicepresidentes, ministros, fiscales generales, contralores generales. A esposas de presidentes y congresistas. En ese gran grupo, el único que posiblemente tenga las manos limpias sea aquel que no tenga manos.

Lista de la infamia que los aludidos y sus humildes y obedientes servidores tratan a toda costa de eludir, de ignorar, de rechazar. De hecho, no existen manos más groseramente sucias que las del poder escondidas dentro de blancos guantes hechos de palabras vacías, de discursos hueros e incluso de amenazas diabólicas.

En la Asamblea Nacional hay una señora capaz de dar la vida con tal de que el vicepresidente Glas no vaya a un juicio político. Sospechoso, muy sospechoso, ¿verdad? Si no lo fuese, ¿qué mejor oportunidad de demostrar su honorabilidad que ante la Asamblea y ante el país entero? La asambleísta debería recordar la cansina e interminable proclama del tan esperado advenimiento de un gobierno de las manos limpias y los corazones ardientes. ¿Se sepultó a los pati-videos y a su delator? ¿Los habrán desaparecido?

Por fin asomaron las glosas por la carretera Collas-Aeropuerto. Minúsculo ejemplo de carreteras de las que nadie ha dado cuenta y que, sin embargo, sirvieron para agrandar la hornacina de una honradez finalmente dada a luz luego de siglos de una política oscuramente podrida. Las limpias manos y ardientes corazones sepultarían cien metros bajo tierra y para siempre la podredumbre de la corrupción de la larga noche neoliberal de la cual redimieron al país con la luz de la violencia, de la ilegalidad, de los contratos amañados, amordazando la voz del periodismo.

La honradez, la honorabilidad, la sinceridad no pueden reducirse a palabras vacías, menos aún en la boca del poder pues no son un flatus de la voz, como decían los romanos. Nada de eso. Son las palabras destinadas a sostener la cultura, el poder, las relaciones interpersonales, el sentido mismo de la vida personal y social. No se puede utilizar el poder y su inmenso andamiaje para andar sembrando, a la fuerza y bajo amenaza, mentiras a troche y moche a lo largo del país. Es esto lo que pretenden quienes se oponen, inmoralmente, a los juicios políticos, ahora que tendríamos libertad para hacerlo.

Cuando el edificio de las mentiras se ha convertido en una inmensa estructura, entonces aparecen los dictadores que pretenden tapar el aparecimiento de la verdad con el poder, la violencia y la sangre. El ejemplo patético es Venezuela: a la infinita corrupción de todo orden se la viste con el hábito sanguinolento de la revolución. Manos puras y corazones ardientes que no dudan un segundo en asesinar al amigo, al vecino, que protesta y reclama libertad para la vida, pan para los estómagos vacíos y medicinas para todos los enfermos. ¡Como si no se conociesen los rabos y las pezuñas de esas revoluciones!

Para eso están las brigadas civiles armadas. Solo para eso: para asesinar la palabra y la protesta, a los que reclaman y exigen derecho, libertad y honorabilidad. Jamás un dictador o un eterno presidente ha sido honorable. Pero eso pretendieron y siguen pretendiendo Correa y sus fieles servidores (alianza para la impunidad): le eterna reelección. También por eso trataron de desbaratar el sentido mismo de las Fuerzas Armadas. Por eso crearon toda clase de bozales a la prensa libre. Menos mal que el presidente Moreno es más listo que las trampas y sus armadores.

En la Asamblea, hay una señora que ya no tiene más fuerzas para gritar y amenazar con tal de que todos acepten la incólume inocencia del vicepresidente Glas. ¿Por qué temerá que el señor sea enjuiciado políticamente, escuche las acusaciones y se defienda en libertad? Si hay dudas sobre su proceder, que las deshaga con argumentos y pruebas. Quien nada debe nada teme, señora asambleísta. La verdadera honorabilidad no se mancha con una acusación cuando esta no es probada. Si el señor Glas no va a la Asamblea, gracias a las truculencias, nadie le quitará el sambenito de las dudas y no podrá mirar a la cara de los otros con los ojos claros de la inocencia. La sonrisa de la inocencia es diáfana y dulce: ¿por qué no compararla con la de los sospechosos? El país necesita gobernantes con una honorabilidad a carta cabal.

[PANAL DE IDEAS]

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