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6 de Septiembre del 2015
Ideas
Lectura: 9 minutos
6 de Septiembre del 2015
Cristina Burneo Salazar

Docente de la Universidad Andina Simón Bolívar. Trabaja en Letras, género y traducción.

De la letra escarlata
El concejal ha ofrecido disculpas pero eso, lamentablemente, no borra lo que él y muchos piensan sobre las mujeres a las que llaman “ofrecidas”. Por otro lado, y esto también es grave, en sus disculpas no ha presentado una reconsideración de sus declaraciones, no ha reformulado ni se ha disculpado por la manera en la cual se ha referido a cómo es una mujer y cómo debiera ser.

Para qué detenerse a pensar en pequeños impasses de la vida política cuando el mundo se cae y hay días en que, más que nunca, sentimos que “Dios no está nunca en ninguna parte”, como postea el poeta Roy Sigüenza. Quizás no valga la pena. Excepto por una razón: bajo la apariencia nimia de las cosas que pasan se agitan palabras y sentidos que hablan de lo que somos como sociedad.

Entonces, detenerse a escuchar cómo un servidor público elige ciertas palabras para descalificar moralmente a una colega podría tener relevancia. No se tratará de una reflexión en torno a grandes ideas, como hacen quienes se ocupan de temas intelectualmente dignos de análisis. Para qué bajar la vista hacia los escándalos cotidianos, podemos decir con una media sonrisa de superioridad. Así, la confesión en video del tristemente célebre Antonio Ricaurte sería algo insignificante. Sólo que no lo es: en estos días, se ha hecho pública la descalificación por parte de un concejal quiteño a una par suya por medio de insultos inaceptables. Por eso cabe detenerse, más en el contexto nacional, en donde la denigración a las mujeres se ha vuelto una estrategia ahora repetida por parte de funcionarios del municipio de Quito.

Mery Zamora fue agredida hace unos meses con la publicación de un video en una situación privada. Se usaron imágenes sexuales para exponerla. En la sabatina más reciente, Rafael Correa descalificó como “inmadura” a Manuela Picq, docente universitaria y aliada de Carlos Pérez Guartambel. Sabemos que infantilizar las acciones de una mujer es deslegitimar su pensamiento, pero parece que no nos importa cuando pensamos que son normales las agresiones contra las mujeres y las personas de sexualidad diversa. Diríamos que los mayores golpes de misoginia provienen de los hombres duros del régimen, pero por supuesto tenemos a mujeres que les hacen buena coteja. Refiriéndose a Picq en el contexto del levantamiento indígena de agosto, la asambleísta pseudofeminista Gina Godoy ataca a otra mujer desde una moral no sólo rancia, sino poco creativa. En un tuit del 17 de agosto, Godoy hace gala de su conciencia progresista de alto vuelo: “Qué pobreza de activistas y tuiteros/as a tiempo completo queriendo justificar que no es amante porque él es viudo.” Eso sí, usa el “os/as”, no se le puede quitar el adorno. A veces, en días de inspiración, hasta tuitea palabras como “sororidad”. 

Godoy no sólo cae bastante bajo al utilizar la viudez de Guartambel para un rédito político de cinco minutos o una palmadita de su líder. Además de manipular algo tan delicado, decide situarse en el lugar de las matronas nariz en alto, golpe de pecho y moral intachable. Si un líder indígena y su pareja no están casados, tienen menor estatura moral. Aquí, Godoy y Antonio Ricaurte entablan íntimo diálogo, quién lo diría.

En su video-confesión, Ricaurte se retrata a sí mismo como la víctima de una mujer fatal que lo seduce hasta conseguir que caiga en pecado. La concejala Cevallos insistía −narra Ricaurte− “seduciéndome, sabiendo que yo vivía con mi esposa e hijos (...) En un momento de debilidad acepté las propuestas amorosas de Carla”. Parecería que los concejales son las nuevas princesas de cuento, débiles, pasivos, sin responsabilidad de sus acciones. No nos interesa su vida privada: sí nos interesa que se trata de un funcionario público descalificando a una colega.

El funcionario también se toma la atribución de recomendar: “Las mujeres como Carla deberían quererse y valorarse un poco más.” ¿Quiénes son las mujeres como Carla? ¿Y qué autoridad tiene para decirles a las mujeres cómo deberían ser? En el fondo, ecos de Alexis Mera recomendando a las mujeres que posterguen el inicio de su vida sexual. Ecos del Ministro Espinosa afirmado que el embarazo adolescente es un error de las jóvenes exclusivamente, que deberían cuidarse mejor.  Volviendo a Ricaurte, el broche de oro: “No me queda sino decir que es una ofrecida.” ¿Cómo es una mujer ofrecida? ¿Qué es lo que ofrece? Y frente a su “ofrecimiento”, ¿en dónde se ubica Ricaurte? Seguro, al lado de Mera, Espinosa y Mónica Hernández hablando de la abstinencia como un valor para las jóvenes, especialmente. La gran liga de la nación. Son cuestiones que convergen y refuerzan una idea del ser adolescente mujer, adulta, política joven. 

El concejal ha ofrecido disculpas pero eso, lamentablemente, no borra lo que él y muchos piensan sobre las mujeres a las que llaman “ofrecidas”. Por otro lado, y esto también es grave, en sus disculpas no ha presentado una reconsideración de sus declaraciones, no ha reformulado ni se ha disculpado por la manera en que se ha referido a cómo es una mujer y cómo debería ser. Por tanto, no hay reparación para las mujeres a las que ha ofendido. No se trata sólo de Cevallos; este incidente rebasa su carácter anecdótico dada la gravedad de las aseveraciones discriminadoras de Ricaurte. No podemos pensar que esto es natural, que así mismo es, que Mera, Espinosa, Ricaurte, Godoy, Correa tienen potestad para referirse a las mujeres en los desafortunados términos en que lo han hecho.

Las expresiones tan similares de todo ellos no son casos aislados, son el reflejo de un retroceso enorme en lo que deberíamos ser como sociedad. Aquí tenemos a nuestros representantes de cuerpo entero. Son ellos quienes proponen, aprueban, debaten. Ellos, con sus ideas sobre qué es una mujer, qué es una familia, qué es un derecho. Esto va mucho más allá de las mujeres agredidas, se trata de una manera de concebir cuestiones fundamentales, de una idea de la realidad que afecta directamente a las mujeres, en este caso, porque esa visión del mundo se reflejará en políticas, prohibiciones, planes, derechos.

La acumulación de calificativos que venimos escuchando, “ofrecida”, “inmadura”, y otros ya clásicos como “gordita horrorosa”, “políticas que mejoran la farra”, “mal culeadas”, “malcriadas”, es una sucesión de agresiones provenientes de funcionarios públicos que representan a mujeres, personas de sexualidad diversa, hombres, niñas y niños. Dichos funcionarios no están en capacidad de ejercer sus cargos si su manera de concebir el mundo es seriamente retardataria respecto de la dinámica de una sociedad contemporánea. Sus desaciertos aparentemente banales son indicadores de un problema muy grave de discriminación.

Respecto al caso Ricaurte, los movimientos de mujeres han emitido un comunicado dirigido a Mauricio Rodas, alcalde de Quito, exigiendo la salida de Antonio Ricaurte del Concejo Metropolitano. En el texto, las mujeres afirman con acierto que “este hecho se produce en un contexto de incremento de la violencia política y de las violencias de género desde el Estado.” Por esa razón, “demandamos al señor Alcalde una acción radical de condena a Antonio Ricaurte y su expulsión del Concejo del Distrito Metropolitano de Quito y del Movimiento Suma/Vive.” Si esto no sucede, Rodas habrá sido cómplice en la impunidad de Ricaurte frente a este acto de discriminación y denigración contra las mujeres.

Hoy, la sociedad no se puede comprender sin las problemáticas de género. Es así de sencillo. En gran medida, es en su comprensión de los problemas de género en donde se mide la legitimidad de la gestión de los funcionarios públicos, y también en donde se miden nuestras propias acciones cotidianas. A estas alturas, la letra escarlata debería ser letra muerta.

[PANAL DE IDEAS]

Fernando López Milán
Giovanni Carrión Cevallos
Alfredo Espinosa Rodríguez
Carlos Rivera
Carlos Arcos Cabrera
Julian Estrella López
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Rubén Darío Buitrón
Gabriel Hidalgo Andrade
Andrés Jaramillo C.
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