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25 de Julio del 2016
Ideas
Lectura: 4 minutos
25 de Julio del 2016
Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

La ley Cayambe
Después de casi una década de vivir del correísmo, Fausto Cayambe asegura que las críticas le provocan daños emocionales y que ser criticado por la opinión pública o por los adversarios ideológicos debe ser prohibido y perseguido por la ley. Siguiendo la influencia del fraseo ridículo del “linchamiento mediático”, Cayambe propone para esta figura el nombre de “bulling laboral”.

El asambleísta Fausto Cayambe difundió su intención de proponer una nueva reforma legal. Aseguró que los servidores públicos, incluyéndolo, tienen el derecho a no sufrir “amenazas políticas”. Dijo sentirse amenazado por las críticas constantes a su actuación como funcionario público y agregó que detrás de este acoso existe la intención de “generar incertidumbre en el servidor público”.

En la ciencia médica, el miedo a ser mirado fijamente, a ser criticado, a sentirse amenazado se llama como Rhabdophobia. Si es legítima la necesidad del gobierno de ahorrar en gastos innecesarios, en festejos indecorosos y en cargos inservibles; si es cierto que el presidente Correa suprimió cargos a propósito de esto; y si se respeta el derecho a la estabilidad de los funcionarios según la ley, entonces no hay nada que temer.

Pero Cayambe insiste en contagiar de miedo a los funcionarios políticos incorporados desde y por el correísmo. Seguramente quiere conseguir su fidelidad electoral convirtiéndolos en rehenes del miedo a perder sus cargos. Parece que el asambleísta sufre de cierta disposición a responder con exagerada anticipación a pensamientos, imágenes o ideas que son percibidas por él como amenazantes o peligrosas. Tal vez Cayambe solo está ansioso, sufriendo una crisis de pánico, desesperado porque él y sus similares podrían perder el poder. Los correístas como Cayambe están en crisis emocional por ser criticados, según ellos mismos. 

Pero el acoso laboral ya se encuentra proscrito por la Constitución. Es el símil del acoso sexual y se configura en una situación de abuso en las relaciones de poder desigual entre empleador y empleado. Si, en la situación descrita por Cayambe, su empleador, el de sus compañeros de proyecto y el de toda la función pública es la sociedad ecuatoriana en su conjunto ¿a quién va a dirigir su denuncia? ¿A quién va demandar, a la opinión pública?

La lógica dicta una interpretación opuesta: todos los mandatarios y dignatarios, todos los funcionarios de libre remoción, todos los funcionarios de carrera, todos los funcionarios contratados y todos los asesores externos, consultores y proveedores del Estado deben responder a las críticas, acusaciones y quejas presentados por la sociedad. Si es así ¿a qué le temen? ¿Por qué sentirse amenazados, perseguidos o en peligro? ¿Por qué prohibir a la sociedad expresar sus dudas?

Pero estos correístas no entienden qué es la sociedad civil. La rechazan, la denigran, la desprecian en los foros internacionales, pero le piden su voto en época de elecciones, servidos de su obeso aparato de propagada pagado con el dinero de los contribuyentes de la misma sociedad civil. Absurdo.  

Después de casi una década de vivir del correísmo, Fausto Cayambe asegura que las críticas le provocan daños emocionales y que ser criticado por la opinión pública o por los adversarios ideológicos debe ser prohibido y perseguido por la ley. Siguiendo la influencia del fraseo ridículo del “linchamiento mediático”, Cayambe propone para esta figura el nombre de “bulling laboral”.

Cayambe delata la próxima estrategia de comunicación del correísmo. Intentarán conservar el poder a través del miedo. Este asambleísta aliancista se anticipa, se confiesa e intentar propagar un clima de incertidumbre y de polarización en la sociedad. Esto es muy propio en ellos.

Esta narrativa amenazante de miedos intenta convertir a su electorado, cada vez más dispuesto a votar por otra opción política, en rehenes del miedo a ser despedidos.

@ghidalgoandrade

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