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1 de Diciembre del 2014
Ideas
Lectura: 6 minutos
1 de Diciembre del 2014
Oswaldo Toscano

Profesor universitario, analista político y económico. Escribe para varios medios en América Latina.

La mala educación
¿A qué tipo de escuelas asisten los hijos de los funcionarios que generan políticas educativas? ¿Escuelas públicas o privadas? La respuesta puede dar una idea de lo desastroso del sistema.

Una de las instituciones caducas hoy en día  es sin duda la educación controlada por el Estado. Descendiente vertical del sistema educativo militar prusiano del siglo XVIII, cuyo objetivo era la formación y adoctrinamiento de soldados obedientes, hoy sigue la misma lógica con la diferencia que hoy forma ciudadanos obedientes. Así, nos encontramos con un sistema educativo altamente intervenido y planificado desde el escritorio de los ministerios de educación, donde se olvida deliberadamente que cada individuo tiene capacidades, intereses y formas particulares de aprender.

El Estado ha asumido el control de la educación. Los contenidos académicos se planifican desde las altas esferas. El fruto de esa planificación debe ser consumado por instituciones públicas y privadas quienes quedan como simples operadores de los lineamientos emanados de la  mente iluminada de algún burócrata. Las aulas se llenan de alumnos que pasan 12 o más años preparándose para pasar los exámenes que garanticen que el libreto estatal se encuentra intacto. Entonces tenemos una educación más cercana al adoctrinamiento que al aprendizaje.
                               
Los profesores poco pueden hacer, debido a la alta regulación se ven orientados más a servir a la burocracia estatal que a los alumnos, pues su puesto y salario está en manos de algún funcionario público. En ese sentido, en el sector privado el asunto no cambia mucho, con precios máximos de las colegiaturas fijados por la autoridad central cada vez hay menos empresarios dispuestos a invertir en esta actividad, lo cual afecta a las tasas de capitalización del sector desembocando en niveles de salarios e ingresos más bajos para los profesores. A los profesores no les queda sino la vía de la sindicalización para defender sus puestos de trabajo y salarios. Convertidos en fuerza de choque de los dirigentes sindicales los maestros luchan contra un sistema que los humilla, muchas veces sin tener claro cual es el origen de todos sus males, el estatismo.

La planificación central de la educación hace que el profesor ponga el foco en cumplir las métricas que la autoridad ha determinado. El alumno se ve también forzado a concentrarse en un sistema de calificaciones que determinará su grado de eficiencia dentro del sistema. Además la presión desde la autoridad central genera un clima negativo para el aprendizaje. Los alumnos se acostumbran a obedecer y someterse a los designios del profesor, apurado por cumplir el tramite burocrático.  Es por ello que el paradigma sigue intacto, lo que vivimos en la escuela es una réplica en pequeña escala de lo que es el estatismo. Tal es así que cuando queremos cambios en la educación, y en otras áreas también, pedimos más Estado, porque vivimos dentro de ese marco de reflexión.

El estatismo ha creado burocracia internacional para avalar el modelo, como por ejemplo The Programme for International Student Assessment (PISA) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE),   que si bien se quiere desmarcar de las evaluaciones escolares tradicionales evaluando aplicaciones prácticas de lectura, matemáticas y ciencias, termina siendo una réplica de lo que hacen los ministerios de educación. Bajo el mismo simplismo de categorizar a los sistemas educativos en buenos y malos dentro del mismo paradigma estatista. Esta evaluación sigue la misma dinámica de jerarquización desde la visión del experto, por cierto  los  mismo que hace un maestro en el aula con las rankings de buenos y malos alumnos.

Desde el Estado lo que se ha visto hasta ahora han sido soluciones cosméticas para cambiar la educación. Existe una fiebre por la modernización del mobiliario y como es lógico nuevas aulas y pizarras digitales no cambian la realidad de la educación. En un aparatoso descuido histórico los padres hemos sido relegados por el Estado en la educación de nuestros hijos. La solución es recuperar el papel de los padres como responsables de la educación de nuestros hijos. En los EE.UU. se calcula que en el año 2006 había 1.8 millones de niños educándose en la modalidad homeschooling, es decir en sus casas con maestros privados o con sus propios padres actuando como tutores.

Una solución más eficiente podría venir de un nuevo modelo que ponga en primer lugar al individuo, una educación descentralizada que permita a los agentes educativos (educadores, empresarios del sector, alumnos y padres) encontrar el mejor sistema para aprovechar el talento individual de los alumnos tomando en cuenta sus propios intereses, ritmo de aprendizaje, capacidades, etc. La generación de este orden espontáneo requiere inevitablemente quitar a la educación del control estatal. Los educadores proponiendo contenidos especializados, los padres acompañando en el proceso de aprendizaje, los alumnos desarrollando sus capacidades en un ambiente no coercitivo, los empresarios buscando fórmulas para atender a la mayor parte la población. Usando los  mismos datos de OCDE, por ejemplo, en España cada estudiante le cuesta al estado USD 9608 por año, valor que proviene de impuestos a los ciudadanos. Eso significa que finalmente todos terminamos pagando por la mala educación. Un mundo diferente si es posible con un estado limitado que deje en manos de los padres la decisión de dónde y cómo educar a sus hijos. 

Por cierto, ¿a qué tipo de escuelas asisten los hijos de los funcionarios que generan políticas educativas? ¿Escuelas públicas o privadas?  La respuesta puede dar una idea de lo desastroso del sistema.      

Oswaldo Toscano
@otoscano_ec

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