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16 de Noviembre del 2015
Ideas
Lectura: 7 minutos
16 de Noviembre del 2015
Patricio Moncayo

PhD. Sociólogo. Catedratico universitario y autor de numerosos estudios políticos.

La mea culpa de un soliloquio
En el soliloquio del sábado, el presidente sostuvo puntos de vista, no de un estadista, sino de un luchador que busca retener su liderazgo, amenazado por la oposición, la crisis económica, el descenso del nivel de apoyo a su gestión revelado por las encuestas, la baja, en una palabra, de su gobernabilidad.

La cláusula transitoria con la que se “busca impedir que los actuales funcionarios de elección popular se beneficien con la enmienda de la reelección” se inscribe en la micropolítica, en un juego en el que el derrotado funge de vencedor.

Respecto de su vanidad, el presidente dejó entrever que no quiere arriesgar su reputación, si “queda para la historia que él buscó la reelección por propio beneficio y quiso perennizarse en el poder.” 

Además, si otro líder de menor peso y brillo que él puede ganar en las urnas “con un buen trabajo”, él puede retirarse, con la conciencia tranquila.

En el soliloquio del sábado, el presidente sostuvo puntos de vista, no de un estadista, sino de un luchador que busca retener su liderazgo, amenazado por la oposición, la crisis económica, el descenso del nivel de apoyo  a su gestión revelado por las encuestas, la baja, en una palabra, de su gobernabilidad.

Si ello le exige apartarse momentáneamente, hasta estaría dispuesto a hacerlo, aunque si las condiciones demandan nuevamente su presencia él se aprestaría a regresar. Desde ya anuncia las “peleas” que comandaría si la “ingobernabilidad” pusiera en riesgo a su presunto sucesor.

Ubicar la política en esos términos es otra vez rebajarle a un nivel micropolítico. Las dirigencias políticas, sostiene Carlos Matus, economista y planificador chileno, “viven agobiadas y distraídas por problemas pequeños e intrascendentes, mientras ignoran los grandes problemas nacionales”.

Correa no ha sido una excepción; él también adolece de este defecto. Su estilo de gobierno se encuadra en  la “dinámica de carrusel”, esto es, la que “hace que todos los problemas, mayores y menores, giren en torno al dirigente”.

Ello produce en él la sensación de ser un trabajador incansable, aunque los resultados de su gestión no son los anunciados ni los más convenientes. Esto se agrava por la concentración del poder con la que se asegura la “gobernabilidad”. En efecto para el presidente y sus fieles seguidores, la relación simbiótica entre el Ejecutivo y la Asamblea hizo posible que Correa dure casi una década en el cargo. Eso es lo que ellos entienden por gobernabilidad.

Por eso deducen que si tal maridaje no se da en el futuro inmediato, el país corre el riesgo de volver a la ingobernabilidad de las “mayorías móviles”, de los “cambios de camiseta” y de los “hombres del maletín”.

En este concepto se pierde de vista que la responsabilidad por el destino del país, en democracia, es compartida. Juzgar de antemano que si la oposición tomara el control de la Asamblea ello conduciría a la ingobernabilidad, es partir de una falsa premisa. El cogobierno es la piedra angular de la democracia.

Guillermo O´Donnell, destacado politólogo argentino, explica los fundamentos de semejante concepción. Ante la fragmentación política y social de un país, el líder puede obrar el milagro de recomponer la unidad . “Desde este punto de vista parece obvio que sólo la cabeza sabe realmente lo que se debe hacer: el presidente y sus colaboradores cercanos son el alfa y el omega  de la política”.

Enfrentar la crisis que vive el país desde esta perspectiva teórica entraña una simplificación de una realidad que es mucho más compleja. En el caso ecuatoriano, hay problemas mucho más de fondo que los mencionados por el presidente en su enlace sabatino.

¿Cómo reducir el índice de riesgo país, por ejemplo, para conseguir nuevos préstamos? ¿Cómo reducir el enorme déficit fiscal? ¿Cómo equilibrar la balanza comercial? ¿Cómo generar confianza en el sector privado para lograr la inversión privada nacional y extranjera?
Esto en el plano económico.

En el terreno político, ¿cómo atenuar la polarización generada en los casi nueve  años de la “revolución ciudadana”, cuando lo que se necesita es crear condiciones para dotar al país de una institucionalidad que cuente con amplio consenso y que impida el ejercicio arbitrario y discrecional del poder?

La inexistencia de  tal institucionalidad es una de las causas del deterioro de la economía y de la desunión nacional. Allí donde existe, dice O´Donnell, una red de poderes institucionalizados, los gobernantes no pueden ni imponer paquetazos de corte neoliberal ni dejarse llevar por la práctica de ganar popularidad a costa de la responsabilidad.  

¿No estamos ya en presencia de una “ingobernabilidad” esta vez producida no por la oposición sino por el mal e ineficiente manejo de la economía y  de la política?

Los indicadores tanto de la economía como de la política así lo confirman. El propio gobierno ha tenido que rever muchas de sus políticas ante la evidencia de la crisis. El ajuste económico sigue lacerando los niveles de vida de los sectores de más bajos ingresos. Se sigue echando mano de los recursos de la Seguridad Social, poniendo en riesgo la sostenibilidad de los fondos de pensiones. El  desempleo va camino de aumentar con el despido que se anuncia de un alto porcentaje de empelados públicos.

Sigue, por otra parte, el ataque a la libertad de expresión que además de ser un atentado a la libertad de pensamiento, priva a la sociedad del derecho a exigir de los gobernantes y legisladores una rendición de cuentas no sólo vertical sino horizontal, para lo cual es indispensable la existencia de una prensa independiente del poder político.

A partir de esta reflexión, bien podría aventurarse la siguiente hipótesis: el presidente Corra, si se retira, no lo hará en resguardo de su reputación, sino ante la constatación de que la crisis sobrepasó sus capacidades; lo cual habría podido llevar a los ciudadanos a castigarle en las urnas, como siempre lo hacen cuando los gobiernos incumplen sus promesas.

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