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1 de Septiembre del 2020
Ideas
Lectura: 7 minutos
1 de Septiembre del 2020
Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

La misma Historia
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El acuerdo consistiría únicamente en poner juntos los nombres, símbolos y números en la papeleta presidencial. Nada más. En una eventual victoria de CREO, el PSC no será parte protagónica del gobierno ni de la bancada oficialista. Serían una parte marginal.

El socialcristianismo consiguió un acuerdo con la organización política de Guillermo Lasso. Ambas convinieron una coalición electoral no presidencial ni legislativa. El socialcristianismo no integrará el binomio presidencial, ni las listas de candidaturas a legisladores. El acuerdo consistiría únicamente en poner juntos los nombres, símbolos y números en la papeleta presidencial. Nada más. En una eventual victoria de CREO, el PSC no será parte protagónica del gobierno ni de la bancada oficialista. Serían una parte marginal. Podrán ser aliados, ocupar espacios secundarios, pero no cogobernarán. Con el tiempo se convertirán en una oposición colaborativa.     

Algo similar pasó con el Partido Liberal Radical Ecuatoriano. En las legislativas de 1979 obtuvo un poco menos del 9% de los votos y en el Congreso Nacional eran una fuerza política en extinción, cerca del novel Partido Social Cristiano, del Partido Conservador, de la Federación Nacional Velasquista, de la Coalición Institucionalista Democrática y del Partido Nacionalista Revolucionario. Todos estos partidos coincidieron en la oposición al presidente democristiano Osvaldo Hurtado.

En las elecciones presidenciales de 1984, estas mismas seis organizaciones políticas constituyeron el Frente de Reconstrucción Nacional y apoyaron la candidatura a la presidencia del socialcristiano León Febres Cordero, diputado nacional entre 1979 y 1984. Febres Cordero se acompañó en la papeleta del liberal Blasco Peñaherrera Padilla, ministro de gobierno en 1968, durante el último periodo de gobierno de José María Velasco Ibarra.

Los liberales obtuvieron 4 escaños en 1979 y 5 en 1984. Desde las elecciones legislativas intermedias de 1986 fueron desapareciendo progresivamente, mientras que el Partido Socialcristiano creció y ocupó uno de los dos primeros lugares dentro de los partidos legislativos más votados del país, hasta que encontró contención en el arribo de la era correista, pero ya esa es otra historia. 

Hoy los socialcristianos se preparan a ocupar el lugar de sus pares liberales en los ochenta. Mientras CREO parece entrar en una fase partidaria de expansión y consolidación, el PSC entra en un periodo de absorción, declive y desaparición, lo que coincide con el retiro de su figura actual más emblemática, el exalcalde de Guayaquil, Jaime Nebot. Así se podría confirmar que los partidos personalistas mueren con el retiro de sus líderes. 

Mientras CREO parece entrar en una fase partidaria de expansión y consolidación, el PSC entra en un periodo de absorción, declive y desaparición, lo que coincide con el retiro de su figura actual más emblemática, el exalcalde de Guayaquil, Jaime Nebot.

Esta maniobra de operación política apuntala a Guillermo Lasso en la derecha. Sin embargo separa a la centroizquierda del último reducto cercano de la centroderecha y deja a las organizaciones socialdemócratas, democratacristianas, liberales, nacionalistas e indigenistas en el centro pluralista, con la libertad de asegurarse en la centroizquierda de las preferencias electorales y en la posibilidad de buscar el tradicional 34% ocupado por la tendencia en las elecciones presidenciales desde el retorno a la democracia. La maniobra también obliga al centro pluralista a competir directamente con el voto populista del correismo en la izquierda reaccionaria. 

Las precandidaturas presidenciales del centro están todavía a tiempo de unirse. Pero ahora el desafío es distinto: competir por el voto populista del correismo, consolidarse en la izquierda y centroizquierda, y disputar el balotaje con el candidato de la derecha unida. Sin unidad entre los sectores de la izquierda y la centroizquierda quedarán solo candidaturas débiles que franqueen el camino para que el populismo autoritario del correismo pueda ocupar ese espacio con mejor desempeño y tenga menos dificultades para acceder al balotaje.

En esas circunstancias podría suceder lo mismo que lo ocurrido en las presidenciales de 1996. Jaime Nebot y Abdalá Bucaram accedieron al balotaje. Empataron estadísticamente con el 27% de los votos. El primero era conservador, el segundo populista de izquierda. Les siguieron Freddy Elhers y Rodrigo Paz que se repartieron el 21% y el 14% de los votos de la socialdemocracia. En una sola candidatura socialdemócrata, esto no hubiera sucedido porque cualquiera de ambos, en ausencia del otro, hubiera accedido al balotaje y, dado lo sucedido, tal vez hubiera ganado la presidencia. Pero en la realidad, ya en el balotaje, ambos apoyaron a la candidatura más cercana a la tendencia, la de Abdalá Bucaram. Nadie quería en el centro que Nebot fuera presidente.

En la ronda de desempate, Bucaram superó a Nebot con una indiscutible victoria de 10 puntos de diferencia y el 56% de los votos. La distancia electoral entre ambos presidenciables y la composición temprana del gobierno de Bucaram demostró el apoyo de la izquierda a esta candidatura que ya en el gobierno resultó en un total desastre.

Tanto Elhers como Paz, en un eventual gobierno, hubieran conseguido gobernabilidad, una fluida relación ejecutivo-legislativa y les hubiera costado menos conservar el poder. La izquierda y centroizquierda obtuvieron en la ocasión 50 de 82 puestos en el Congreso Nacional, lo que representa el 60% de la representación total. Pero prefirieron dividirse en las elecciones presidenciales.

¿Hoy nos preparamos para experimentar un escenario similar? Si la izquierda y la centroizquierda otra vez enfrentan divididas las elecciones, también dividirán sus votos. La candidatura de la derecha unida podría conseguir entre el 24% y el 31% aproximadamente y asegurarse en el balotaje. Si el voto populista se confirma en el 27%, la competencia sería entre ambos, entre la derecha y el reaccionarismo. Entonces, otra vez, los sectores centristas podrían caer en la tentación de preferir en la segunda vuelta presidencial a un candidato de la tendencia, jugarse por el populismo autoritario y vehiculizar una nueva crisis que empuje a una nación entera a entrar en una nueva estampida de caos, conspiraciones e inestabilidad.

El antídoto a estos errores es conocer el pasado y renunciar a las legítimas expectativas parciales en nombre del país o, en caso contrario, mirar como todo redunda en lo mismo.

@ghidalgoandrade

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