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24 de Diciembre del 2014
Ideas
Lectura: 17 minutos
24 de Diciembre del 2014
Lizardo Herrera

Es PhD  por la Universidad de Pittsburgh y tiene una maestría en estudios de la cultura en la Universidad Andina Simón Bolívar y una licenciatura en historia en la PUCE. Es profesor en Whittier College, California, Estados Unidos. 

La muerte de Jaime Roldós: entre el autoritarismo y la máquina de terror
La muerte de Jaime Roldós sugiere que la tesis de la muerte del ex-presidente ecuatoriano como un accidente o falla del piloto elige un olvido, esto es, un silencio sospechoso. La película demuestra que las investigaciones que dan sustento a este argumento tienen demasiadas inconsistencias.

La muerte de Jaime Roldós. El largo silencio de un país (2013), documental dirigido por Manolo Sarmiento y Lisandra I. Rivera, está dividido en cuatro secciones: una introducción que presenta diferentes puntos de vista desde los cuales se puede narrar la muerte del ex-presidente ecuatoriano, Jaime Roldós Aguilera; una primera parte que reconstruye los antecedentes de su llegada al poder, las características de su gobierno y las causas de su muerte; una segunda parte que analiza el uso que se le ha dado a la figura de Roldós después de su muerte y un epílogo que intenta comprender la importancia de la memoria histórica.

En este ensayo, me voy a limitar al análisis de cómo La muerte de Jaime Roldós reconstruye la historia de la llegada de Roldós al poder y su gobierno. Mi objetivo, sin embargo, no es permanecer en la reconstrucción del pasado, sino poner a dialogar el relato histórico de la película con la coyuntura actual del Ecuador.

En el epílogo, el narrador nos dice: “Al escribir la historia no sólo elegimos lo que recordaremos, sobre todo elegimos lo que olvidaremos porque no nos conviene. Todo depende de quién recuerda, de quién elije recordar y de quién olvida”. La muerte de Jaime Roldós sugiere que la tesis de la muerte del ex-presidente ecuatoriano como un accidente o falla del piloto elige un olvido, esto es, un silencio sospechoso. La película demuestra que las investigaciones que dan sustento a este argumento tienen demasiadas inconsistencias. Por ejemplo, el peritaje de la Policía de Zurich en Suiza, ocultado incompresiblemente al país durante un mes, indica que dos turbinas del avión dejaron de funcionar. Al poco tiempo de conocer este informe, la Fuerza Área Ecuatoriana inexplicablemente recurrió a la constructora canadiense de la aeronave siniestrada para desmentirlo. Por otro lado, tampoco había motivo para que la aeronave desviara su rumbo desde la Costa hacia el cerro de Huayrapungo, provincia de Loja, lugar en donde ocurrió el accidente, puesto que las condiciones climáticas eran relativamente normales.

Con el propósito de develar este olvido sospechoso, el documental sigue el hilo de la política exterior del gobierno de Roldós, en particular, su compromiso con los derechos humanos y su esfuerzo por crear un bloque continental democrático en contra de las dictaduras que asolaban América Latina en ese momento. En los Estados Unidos, por su parte, ocurrió un giro importante que significó un duro golpe para el proyecto político de Roldós. Jimmy Carter, cercano a la defensa de los derechos humanos, terminó su período presidencial y su sucesor, Ronald Reagan, apoyaba abiertamente la lucha anticomunista y era afín a las dictaduras represivas.

En el Ecuador, en cambio, la película nos dice que las Fuerzas Armadas se encontraban divididas. Por un lado, estaban aquellos militares con vocación nacionalista, cercanos al ex-dictador Guillermo Rodríguez Lara; por otro, una línea dura, afín al triunvirato que derrocó a Rodríguez Lara en 1976, compuesto por Alfredo Poveda, Guillermo Durán Arcentales  y Luis Leoro Franco. Este triunvirato se caracterizó por una política altamente represiva, pero la organización de los sindicatos y demás organizaciones populares fue de tal envergadura que la dictadura no pudo contenerla y se vio obligada a convocar a elecciones para darle paso a la democracia.

La muerte de Jaime Roldós presenta la figura del ex-presidente como un político de centro-izquierda cercano al populismo de Asaad Bucaram, cuyo apoyo fue determinante para su triunfo electoral. Uno de los datos interesantes que vemos en el documental es que Roldós provino de una generación marcada por la matanza estudiantil en 1959 durante el gobierno socialcristiano de Camilo Ponce Enríquez en Guayaquil. Esta masacre despertó en él y varios de sus compañeros un compromiso con ciertos ideales de izquierda y, en especial, con los derechos humanos.

Durante su presidencia, sin embargo, vemos que Roldós quedó atrapado entre fuerzas que lo superaban. En la medida en que Reagan favorecía a las dictaduras, la política del ex-presidente ecuatoriano era un obstáculo, especialmente, la “Carta de Conducta”, promovida por Ecuador, que establecía que no había violación de la soberanía cuando se exigía el respeto de los derechos humanos. Roldós, asimismo, negó su apoyo al Plan Viola, el cual creaba un bloque continental a favor de las dictaduras en su lucha antisubversiva. En el frente interno, el ex-presidente se enfrentaba a la derecha política liderada León Febres Cordero, futuro presidente, a quien Roldós llamaba “el insolente recadero de la oligarquía”, y a un grupo de militares conspiradores encabezados por el Almirante Raúl Sorrosa Encalada, amigo del militar argentino Roberto Viola, ideólogo del mencionado plan.

Ante este delicado escenario, la película da a entender que Roldós únicamente contaba con el apoyo popular. El primer golpe que sufrió vino de Asaad Bucaram, su padrino político, quien al darse cuenta de que Roldós no era un títere, se alió con la derecha oligárquica para hacerle oposición desde el congreso. El segundo fue la guerra entre el Ecuador y Perú –Paquisha (1981). La muerte de Jaime Roldós plantea que el origen de esta guerra se encuentra en una política imperialista, cuya meta era debilitar la base de apoyo del ex-presidente ecuatoriano. Debido a la guerra, Roldós se vio obligado a tomar medidas de ajuste económico que lo enemistaron con las organizaciones sociales y le hicieron perder su apoyo. Poco antes de su muerte, vemos a un presidente débil tanto interna como externamente y esto quizás explica la facilidad con la que cuajó la tesis del accidente.

La muerte de Jaime Roldós además nos ofrece una pista interesante para relacionar la historia del documental con la política ecuatoriana de la actualidad. Señala que Rafael Correa Delgado fue amigo de Martha Roldós Bucaram, la hija mayor de Jaime Roldós. A esta nueva generación le impactó el fallecimiento de Roldós tanto como a éste le había impactado la matanza del 59. Siguiendo esté hilo de reflexión, el filme arriesga la hipótesis de que Correa, Martha Roldós y varios de sus amigos probablemente guardaban la esperanza de continuar la obra inconclusa del ex-presidente.

Si comparamos el Ecuador de la década del 90 hasta la primera mitad de la del 2000 con el período de 1976-79, antes del retorno de la democracia, es factible trazar algunos paralelos. En los dos momentos, había inestabilidad política y los gobiernos neoliberales aunque no reprimían militarmente a las organizaciones populares, sí lo hacían con las medidas del ajuste estructural económico que precarizaron la vida de los ecuatorianos. También se puede constatar que el Ecuador era un país altamente movilizado en ambos períodos. En los 70, los sindicatos y las organizaciones campesinas lideraron la lucha que permitió el retorno de la democracia. En los noventa, tras la caída del muro de Berlín y la crisis del sindicalismo, el movimiento indígena tomó la posta y, con sus masivas movilizaciones, fue determinante en la caída de por lo menos uno de los tres presidentes neoliberales entre 1996 y el 2005.

Por esta razón, no cabe duda de que la presidencia de Correa, en su propuesta inicial, tenía un tinte socialdemócrata y es plausible la tesis de que el actual presidente intentó continuar la obra de Roldós. Sus políticas afectaron los intereses de sectores oligárquicos cercanos, por ejemplo, a Febres Cordero o a Osvaldo Hurtado. Correa a su vez rompió con los dictados del orden neoliberal o del Consenso de Washington priorizando, entre otras cosas, la deuda social ante la deuda externa. También es cierto que su principal oferta de la campaña en el 2006 fue llamar a una Asamblea Constituyente y para ello se apoyó en organizaciones sociales como los obreros, los estudiantes y los indígenas por nombrar unos pocos.

Desde hace algunos años, sin embargo, Correa ha dado un giro sustancial a su gobierno. Ahora es más afín a sectores de la derecha que a los movimientos populares que lo apoyaron en la Asamblea Constituyente del 2008. Como prueba de ello, está la elección de Jorge Glas para la vicepresidencia, la firma del tratado comercial con Europa apoyado por los agro-exportadores tradicionales o sus preferencias por el gran capital minero o petrolero. Aunque no estamos ante una dictadura y Correa es un presidente elegido con amplio apoyo popular, su gobierno es cada vez más autoritario tal como se ve en la criminalización de la protesta social a través de leyes y los juicios en contra de los estudiantes y dirigentes populares.

Si Roldós se alienó de su base popular en un contexto de guerra que lo obligó a tomar medidas de ajuste económico, Correa se separa de los movimientos populares a quienes identifica como sus principales enemigos. Esta separación, en el caso del primero, le hizo caer en las trampas del poder conduciéndole a una muerte que sería fácilmente archivada; pero, en el caso del segundo, las cosas son más complicadas. Correa, a diferencia de Roldós, sigue teniendo mucha popularidad aunque sus políticas se acercan cada vez más a las tesis de la derecha y se hacen más visibles sus alianzas con esos sectores.

Por otra parte, si comparamos el primer gobierno de Correa y el programa desarrollista del dictador Rodríguez Lara, también hay paralelos importantes: el intento de modernización, la obra pública, el rol del Estado en la economía, el discurso nacionalista o el boom petrolero. Sin embargo, el segundo gobierno de Correa, ya desde antes de su reelección en el 2013, tiene más correspondencias con el triunvirato militar. Del 76 al 79, la política de sustitución de importaciones planteada por el gobierno Rodríguez Lara continuó, pero con cambios importantes. Primero, la política económica se caracterizó por un desmedido endeudamiento externo tanto público como privado que desembocaría en la crisis de los 80. Segundo, el triunvirato fue más concesivo con la derecha y, por ende, aumentó la represión en contra de las organizaciones populares. El gobierno de Correa ahora plantea nuevas alianzas con los sectores de la derecha, en especial, los agro-exportadores; su proyecto de modernización o cambio de matriz productiva depende de un excesivo endeudamiento externo y también estamos ante un incremento significativo de la represión en contra de las organizaciones populares.

En La muerte de Jaime Roldós, la presidencia de Roldós fue sólo un pequeño intervalo entre las políticas represivas del triunvirato militar y la máquina de terror que vendría después con el gobierno de Febres Cordero. En los 80, la política imperial estaba dirigida hacia la lucha anticomunista o antisubversiva, y es en este diseño geopolítico que, según el documental, se encuentra la verdadera causa de la muerte de Jaime Roldós Aguilera. La condena a las dictaduras y la defensa a los derechos humanos convirtieron a su gobierno en un obstáculo para los intereses estadounidenses y las dictaduras latinoamericanas por lo que no quedaba más opción que eliminarlo. León Febres Cordero asumió más tarde la presidencia y su administración fue completamente afín a la geopolítica anticomunista. Este gobierno se caracterizó por graves escándalos de crímenes de lesa humanidad como torturas, desapariciones forzadas, detenciones ilegales, etc.

Desde la salida de la base área de Manta hasta el asilo de Julian Assange o su alianza con los otros gobiernos progresistas de la región y su discurso nacionalista, Correa mantiene agrias disputas con Estados Unidos. Sin embargo, su administración es altamente dependiente del crédito de otros intereses imperiales, como el de China, país al que le ha otorgado un acceso privilegiado a los recursos naturales u obras públicas de gran envergadura en el Ecuador. Dicho de otro modo, el cambio de matriz productiva actual no ha conducido al país al desarrollo ni a la independencia económica, sino que la dependencia ha pasado desde un polo dominado por los Estados Unidos hacia otro dominado por China; pero, en todo caso, ambos se rigen por las directrices del capitalismo global.

El distanciamiento de Correa con las políticas humanistas de Roldós es complejo. Su política no solamente lo asemeja al triunvirato militar, sino que además corre el riesgo de acercarse al gobierno de Febres Cordero y su máquina de terror debido al incremento de la represión. El documental, Sitio y ocupación a Íntag (2014), de Pocho Álvarez, muestra cómo los mega proyectos de la minería actual se implementan sin consultar a las comunidades locales, por medio de fuertes operativos policiales y atropellos a los derechos de las personas. Este filme deja plena constancia de que la detención de Javier Ramírez, dirigente de la comunidad de Íntag, es arbitraria, pues la policía lo captura y lo traslada a Quito sin ninguna orden judicial o documento legal que la respalde. Lo mismo sucede con el documental, La consulta inconsulta (2013) de Tania Laurini y Julián Larrea, quienes ponen de manifiesto la presión y los atropellos que soportan las comunidades indígenas amazónicas y la negativa del gobierno para llevar  a cabo una consulta previa, libre e informada en las comunidades.

A modo de conclusión, me gustaría señalar que La muerte de Jaime Roldós nos ayuda a comprender la historia, pero también la coyuntura política actual. El giro hacia la derecha por parte del gobierno de Correa nos pone ante dos peligros. El primero, la política económica del triunvirato militar con su desmedido endeudamiento y su represión en contra de las organizaciones populares; el segundo, el riesgo siempre presente de una febrescorderización de la política y la implantación de una máquina de terror. En otras palabras, al romper el silencio de la muerte de Jaime Roldós Aguilera y demostrar que se trata de un magnicidio fruto de una geopolítica que implantó el terror en América Latina en los 80, el documental de Sarmiento y Rivera también nos recuerda los silencios del presente y, en particular, el peligro que representan las contradicciones entre el gobierno y las organizaciones sociales. Este divorcio ya muestra signos preocupantes tanto en la implementación de una modernización altamente dependiente del crédito externo como en el progresivo aumento del autoritarismo. Sería de esperar que el gobierno de Correa vuelva a retomar su cauce humanista y anti-oligárquico en favor de su alianza con las organizaciones sociales y los intereses populares, pues una revolución que se define como ciudadana es incompatible tanto con los intereses del capitalismo global promovido por los sectores de la derecha como con las dinámicas represivas que han emergido en los últimos años en el Ecuador.

[PANAL DE IDEAS]

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