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23 de Junio del 2015
Ideas
Lectura: 7 minutos
23 de Junio del 2015
Andrés Ortiz Lemos

Escritor y académico.

La primavera de Quito
Cualquiera puede darse cuenta de la importancia de tomar en serio los enunciados críticos que vienen de la sociedad civil. Cualquiera excepto los idiotas que prefieren el autoritarismo como herramienta para interactuar con la sociedad. En 1968 el idiota se llamaba Leonid Brézhnev. Para el 2015 han aparecido varios otros nombres. No necesariamente en ruso.

En 1968 la gran mayoría de checoslovacos creía en el comunismo, apoyaba los aportes teóricos del marxismo, y defendía, enérgicamente, los logros de la izquierda.

Para ellos, el socialismo debía ser entendido como una doctrina emancipadora, y por lo tanto convenía que coincida con libertades civiles, instituciones democráticas autónomas, y prensa libre.

La primavera de Praga, fue un proceso construido por intelectuales, organizaciones sociales, y ciudadanos comunes que  promovía un comunismo con rostro humano, un sistema social que prescinda del autoritarismo y la intromisión de los soviéticos en los asuntos internos de su país. Checoslovaquia estaba demostrando que se podía desafiar al sistema capitalista sin necesidad de policías secretos y campos de prisioneros para amedrentar a la población.

Desde luego esto no contentó a Moscú. A los comisarios soviéticos no les hizo ninguna gracia que uno de los miembros del Pacto de Varsovia desafiara la supremacía rusa. Así pues, en agosto de 1968 medio millón de soldados del Ejército rojo invadieron el país y ejercieron una represión brutal. La primavera de Praga fue aniquilada y empezó el invierno ruso. El único sistema de izquierda verdaderamente creíble (por su talante democrático) que podía hacer frente al desborde incontenible del capitalismo mundial  fue destrozado de un manotazo por la torpe burocracia moscovita y su patético comunismo policial.

Veintiún años después, la sociedad civil checoeslovaca se movilizó nuevamente, pero esta vez nadie estaba interesado en defender nada que se pareciera ni remotamente al  socialismo. La "revolución del terciopelo" de 1989 tenía una única consigna "rusos fuera". Cualquier remembranza hacia los ideales de la primavera de Praga fue aniquilado de la memoria colectiva de la población. El despotismo que los soviéticos habían demostrado en el 1968 fue uno de los factores de extinción de la fe en la utopía comunista.

La cristalización de un proyecto como la primavera de Praga de 1968 hubiera puesto en graves aprietos al sistema capitalista mundial. En una época tan efervescente como los sesentas, el mundo podría haber visto en Checoslovaquia un referente al cual imitar. Sin embargo, la invasión soviética desmenuzó, con razón, la credibilidad en el sistema marxista, y por eso, una vez rota la cortina de hierro checos y eslovacos dividieron el país en dos y se vincularon al sistema de mercado dominante sin chistar y sin mirar atrás.

Cualquiera puede darse cuenta de la importancia de tomar en serio los enunciados críticos que vienen de la sociedad civil. Cualquiera excepto los idiotas que prefieren  el autoritarismo como herramienta para interactuar con la sociedad. En 1968 el idiota se llamaba Leonid Brézhnev. Para el 2015 han aparecido varios otros nombres. No necesariamente en ruso.

Los líderes del correísmo, en el Ecuador contemporáneo, han recibido un importante desborde de enunciados críticos  durante estos ocho años de gobierno. En efecto, varias  voces trataron de hacer aportes al proceso político bautizado como Revolución ciudadana: los indígenas exigieron que se defina de manera oportuna la idea de un Estado plurinacional; los jóvenes demandaron acciones concretas para defender los derechos de la naturaleza; los campesinos requirieron que las fuentes de agua no sean comprometidas;  los ecologistas propusieron detener proyectos extractivos que pongan en peligro los ecosistemas; las agrupaciones GLBT pidieron que se les provea de los mismos derechos civiles que los heterosexuales; las mujeres sugirieron que se les proteja de morir por complicaciones en salas de aborto clandestino; los pequeños empresarios solicitaron un contexto sin incertidumbre que les permita emprender, invertir y crecer sin miedo; los periodistas instaron que se respete su derecho a la investigación y a la libertad de prensa; los académicos solicitaron un espacio plural para el debate científico sin imposiciones burocráticas feudales que defiendan los intereses de un único funcionario público; las organizaciones civiles propusieron espacios participativos autónomos y no alienados por el aparato estatal; los estudiantes quisieron saber porque ahora eran incapaces de escoger las carreras que más les interesaban e instaron que se genere una metodología de acceso universitario mejor lograda, etc…

En fin, una compleja amalgama de voces generó pensamiento crítico y propuestas que exigían ser discutidas de manera respetuosa. La respuesta a todas esas voces fue torpe, prepotente, autoritaria, y estuvo caracterizada por la criminalización de la protesta social, la intimidación, la censura, y la descalificación.

Las consecuencias de la anulación del debate crítico están a la vista. El correísmo ha sido lo suficientemente obtuso como negar a la sociedad civil ecuatoriana su posición como interlocutora válida y a esta no le ha quedado más medio que buscar expresarse en las calles. La respuesta del gobierno, desde luego, no ha dejado de ser torpe e irrespetuosa. Varios articulistas, demasiados, han acusado, desde los pasquines oficiales, a los manifestantes pacíficos de defender posiciones fascistas infamando de ese modo a la mitad de los ecuatorianos. El discurso oficial ha tratado de enfrentar a los ciudadanos de a pie unos contra otros. El sistema represivo del gobierno, ha usado la represión de manera selectiva, así pues se victimiza si tiene que confrontar actores de clases medias altas en la shyris, mientras que  por otro lado utiliza violencia, gases y garrotes si tiene que ir al encuentro de los muchachos del mejía. En fin, el subsistema político ha continuado su inercia intolerante e irreflexiva.

El horizonte del sistema político ecuatoriano es incierto. De la  misma manera que la rica complejidad de la primavera de Praga fue erosionada y  reemplazada (luego de años de represión) por una consigna encolerizada y simplista: ¨fuera los rusos¨, la complejidad de las demandas de los actores sociales ecuatorianos corre el riesgo de sufrir un destino similar. Conviene ahora que la ciudadanía, o más bien la suma  personas (porque una persona siempre será más que un ciudadano) entienda su responsabilidad histórica. Es necesario generar propuestas complejas, responsables, y enfocadas a fortalecer el sistema democrático. Conviene que la sociedad civil demuestre la madurez y el compromiso que el correísmo no he tenido nunca.

[PANAL DE IDEAS]

Patricio Moncayo
Fernando López Milán
Rodrigo Tenorio Ambrossi
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