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8 de Febrero del 2021
Ideas
Lectura: 8 minutos
8 de Febrero del 2021
Rubén Darío Buitrón
La próxima batalla: el periodismo y el nuevo gobierno
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Es necesario parar y analizar lo que hemos realizado hasta aquí. Cómo ha sido nuestra actitud frente o contra el poder. Qué nos ha sobrado. Qué nos ha hecho falta. Cuánta investigación hemos desarrollado. Cuánta investigación no ha sido posible, por diversas circunstancias.

Hacer periodismo es aprender y desaprender todos los días. No importa que seas un reportero principiante o el director de un medio de comunicación: cada 24 horas el periodista se va enriqueciendo o se va empobreciendo.

¿Por qué aprender o desaprender? ¿Qué es lo que significa, periodísticamente, enriquecerse o empobrecerse en el contexto de un cambio de gobierno y de los nuevos inquilinos del Palacio de Carondelet?

Aprender y enriquecerse significa tener la apertura mental y espiritual, la inteligencia emocional para recibir las críticas, los comentarios y las observaciones vengan de quien vengan, incluso —qué pena tener que pensar así— si llegan de sectores o personas menos preparadas que nosotros, pero que son, en definitiva, el destino de nuestro trabajo cotidiano.

Parafraseando al gran escritor y periodista estadounidense Truman Capote, “Dios nos trajo al mundo con el don de escribir en una mano y con el látigo del rigor en otro”. Y es ese rigor en donde tanto se necesita una actitud abiertamente autocrítica.

Necesitamos todos los días ese látigo que nos convierte a cada uno de nosotros en perfectibles, en perecederos, en implacables jueces de nosotros mismos, en orfebres o artesanos que realizan su trabajo de manera cuidadosa, minuciosa y con pulcritud.

Es necesario tomar en cuenta que ser parte de una sala de Redacción, en cualquier tipo de medio en el que a uno le toque trabajar, es como asistir a clases en un aula con pupitres.

Debemos aprender cada día de nuestros aciertos y de nuestros errores pero, sobre todo, de las fallas que cometemos, de los vacíos en los que caemos, de los omisiones que perpetramos, de nuestra falta de equilibrio, del pluralismo que entraña cada nota, de la confirmación de los datos fundamentales y de la verosimilitud de lo que informamos o comunicamos.

¿Por qué muchas veces no nos percatamos de que hemos cometido una falta y esta aparece publicada evadiendo todos los filtros? Porque no hacemos la rutina adecuada al momento de redactar, porque no nos leemos en voz alta para captar el ritmo de la nota y los posibles vicios gramaticales que cometemos con demasiada regularidad (redundancias, cacofonías, falta de léxico apropiado, cifras que no cuadran con las que hemos puesto en otro párrafo, estadísticas sin fuentes, sumas y restas mal cuadradas frases hechas, lugares comunes, muletillas…).

Hay que ser claros: si tú no revisas tus anotaciones antes de redactar el texto, lo más probable es que se queden muchas cosas que debiste poner porque confiaste en que en la grabadora está todo. Y nada más lejos de la verdad.

Con la llegada del nuevo gobierno a Carondelet, se viene para el periodista ecuatoriano una época distinta a la que estamos viviendo

En la grabadora está lo que dijo el entrevistado. Lo que dijo. No están sus gestos, sus silencios, sus entrelíneas. No están los momentos en que se pone nervioso, en que se confunde, en que trastrabilla. Y son estos instantes los que determinan lo que, entrelíneas, el personaje dice más de lo que habla.

Si no revisas el texto final antes de enviarlo a tu editor o director lo más probable es que los errores se deslicen o se omitan y lleguen a las audiencias o al público, momento clave en el que puedes perder tu credibilidad o afianzar tu reputación.

“La confianza es de cristal”, solía decirme el subdirector de un periódico en el que trabajé. Y tenía razón, totalmente. Una fisura en la confianza que tienen tus jefes sobre ti es grave. Y una fisura en la confianza de tu público es una hecatombe.

Todo eso, insisto, puedes evitar con una actitud de autocrítica sana (tampoco se trata de que te flageles cien veces luego de cometer un error) y con apertura mental para escuchar, sereno y con madurez, sugerencias, aportes y reflexiones sobre el trabajo que estás haciendo.

Ahora, debes tomar en cuenta que a nadie le gusta que le critiquen con dureza y que en lugar de indicarle cuál es y cómo se cometió el error se lo denigre, peor si se lo hace en presencia de sus compañeros.

“Los periodistas —dice el gran periodista británico David Randall— son más sensibles de lo que aparentan. Pero aun cuando no lo fueran, es necesario tener en cuenta que se debe alabar en público y llamar la atención en privado”.

Y continúa Randall: “Es sorprendente cuánto puede llegar a apreciar un reportero que si ha hecho un magnífico trabajo lo felicitemos a grandes voces por sus notas en una sala llena de gente”.

“Lo reconozcamos o no —añade el periodista—, a todos nos gustan los elogios y se valoran mucho más si se los hace en presencia de testigos. De la misma forma, si criticamos con mal humor a un empleado en presencia de otras personas lo humillaremos y talvez lo incitaremos a emprender una defensa pública, prolongada y desesperada de su trabajo. Las críticas negativas hay que hacerlas en privado, que es el entorno adecuado para que nos escuchen y aprecien nuestra sensibilidad para con ellos”.

Convengamos que criticar no es atacar, sino reflexionar y analizar. Estemos de acuerdo o no, la mejor convivencia en una sala de Redacción se produce cuando el ambiente de trabajo se basa en el respeto mutuo y en el trato justo y ponderado a cada uno de los integrantes del equipo.

Pero, más allá de lo que hagan los demás, de cada uno de nosotros depende si aprendemos o desaprendemos, si nos enriquecemos o empobrecemos.

Con la llegada del nuevo gobierno a Carondelet, se viene para el periodista ecuatoriano una época distinta a la que estamos viviendo.

Sea quien fuere el próximo Presidente de la República, este y su gabinete tendrá sus ojos en lo que digan o lo que no digan los medios de comunicación y los reporteros. Para ser duros con ellos cuando sea necesario, habrá que documentar con extremo cuidado los trabajos periodísticos en lo que se apuntará a los gobernantes con toda nuestra artillería.

Lo mismo harán los ciudadanos. Gozar de su confianza es fundamental, esencial y básico para seguir existiendo como medios y como periodistas.

Por eso es necesario que, en relación con los cambios que se avecinan, también nosotros pensemos en nuevas actitudes frente a los hechos y frente a la realidad.

Es necesario parar y analizar lo que hemos realizado hasta aquí. Cómo ha sido nuestra actitud frente o contra el poder. Qué nos ha sobrado. Qué nos ha hecho falta. Cuánta investigación hemos desarrollado. Cuánta investigación no ha sido posible, por diversas circunstancias.

¿Hasta qué punto hemos cumplido nuestro deber y hasta qué punto no lo hemos hecho, pese a la necesidad de luz y conocimiento que demandan los lectores sobre el acontecer político, económico y social?

¿De qué manera nuestro medio ha abordado los temas de interés para los ciudadanos y para la sociedad en su conjunto?

La ética no es solamente mentir, distorsionar o afectar a alguien con nuestro trabajo. La ética también tiene que ver con hacer un trabajo periodístico de gran calidad, siempre.

Es necesario recordar siempre la frase del dramaturgo estadounidense Arthur Miller: “Un medio de comunicación es un país mirándose a sí mismo en un espejo de cuerpo entero”.

[PANAL DE IDEAS]

Giovanni Carrión Cevallos
Gabriel Hidalgo Andrade
Rodrigo Tenorio Ambrossi
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Rubén Darío Buitrón
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