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28 de Marzo del 2021
Ideas
Lectura: 10 minutos
28 de Marzo del 2021
Juan Carlos Calderón

Director de Plan V, periodista de investigación, coautor del libro El Gran Hermano. 

Es la realidad, ¡estúpido!
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El malhumor y la rabia social se han ido alimentando, enconando como un furúnculo, no solo por el estancamiento (y el retroceso) del nivel de vida de millones de ecuatorianos, sino por los sucesos que cada día, minuto a minuto, las alimentan.

Un tío me llama desde Santo Domingo de los Tsáchilas. Él es empresario agrícola de toda la vida. Me dice, en tono preocupado: el problema es la enorme pobreza. La gente (es decir, los jornaleros que trabajan en las fincas, el ejército de gente que vende algo en la calle) no saben qué es Arauz y qué representa, no saben qué es Lasso y qué representa, no discuten de democracia o libertades o el papel de Estado en la economía o el Banco Central, solo esperan los mil dólares que les ha ofrecido pagar el correísmo si es que ganan las elecciones. Con esa plata, dice mi tío, que para ellos es un mundo, esperan pagar la entrada para un moto, o un teléfono que permita a sus hijos estar en clases virtuales,  o pagar el arriendo atrasado... en fin, necesidades inmediatas, vitales tal vez, que esclavizan a las personas más pobres de nuestra sociedad, tan desigual y excluyente, a una vida de carencias y escasez, donde el trabajo duro y honrado no sirve para salir de esa vida, donde la esperanza de que sus hijos no sean tanto o más pobres como ellos no tiene asidero.

Me dejan pensando las reflexiones profundas de mi tío, que no es correísta, que no es socialista ni menos de izquierda, que va a votar por Lasso, pero que vive en el mundo de la realidad y no en el mundo de la ilusión y el error de las redes sociales. 

Luego leo la gran columna de Carlos Rivera en este portal. Él, un hombre sensato, economista estudioso y académico cuencano, quien ha pedido públicamente votar por Lasso, coincide con el pensamiento pragmático y realista de mi tío agricultor. Él dice, que "los resultados de la última Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (del INEC) a diciembre de 2020, se vieron reflejados en los resultados de la primera vuelta electoral, si consideramos que los niveles de pobreza y pobreza extrema, que alcanzan ocho millones de ecuatorianos, y los desempleados y subempleados, que suman dos millones —que viven una situación de desesperación que les lleva a apostar por el milagro y la búsqueda del mesías que por arte de magia les resuelvan todos sus problemas— coincide con la votación alcanzada por Yaku Pérez y Andrés Arauz, las cuales suman 5'532.134 votos".

El economista Rivera hace esta conexión evidente, que pocos (o solo él) han podido ver. Poder relacionar un dato con otro, un hecho con otro es la base de la inteligencia.  Los datos investigativos del INEC y el conocimiento empírico de dos personas sensatas que viven en el mundo de la realidad, me dan a mi la clave de lo que pasa ahora y puede pasar este 11 de abril. Y la clave de lo que seguirá pasando si es que gana Lasso y las élites políticas y económicas (y sindicales y militares, y eclesiales...) ecuatorianas no reconocen la magnitud esta situación. Y de lo que seguirá pasando si gana el ilusionismo del correato.

Debiera agregar a estos datos, los índices crónicos de la sociedad que hemos construido; como que más de 5,5 millones de ecuatorianos tienen rezago educativo. Esto es, que 1 de cada 3 personas no terminaron su educación básica, se retiraron de los estudios formales para trabajar en lo que sea y no los retomaron. Se salieron de la escuela y no llegaron al décimo grado. Millones de ecuatorianos que perdieron el tren educativo, la única vía en la historia de la humanidad, y del Ecuador por cierto, que puede romper el círculo perverso de la miseria. El peor enemigo de una sociedad que busca libertad, justicia y progreso es la ignorancia.

El malhumor y la rabia social se han ido alimentando, enconando como un furúnculo, no solo por el estancamiento (y el retroceso) del nivel de vida de millones de ecuatorianos, sino por los sucesos que cada día, minuto a minuto, las alimentan

Y para colmo, para no abundar en esa realidad lacerante debo insistir en el índice de desnutrición crónica, el cual hasta el fin del correísmo (2017) se mantuvo en el 25% de los niños menores de cinco años y que al fin del neocorreísmo, y gracias a la pandemia, la crisis y el mal gobierno (2021) bordea el 30%. Uno de cada cuatro niños menores de cinco años tiene baja talla producto de la desnutrición crónica. Uno de cada cuatro niños ecuatorianos, seguramente hijos de los ecuatorianos que no terminaron la escuela, seguramente hijos de los millones de desempleados, subempleados, pobres y extremadamente pobres que van a tener, para siempre, problemas de desarrollo físico e intelectual. 

¿Si ven que es fácil relacionar los datos y darse cuenta?

Ahora bien, con toda la justa razón, estas personas, con la evidencia de los hechos, con una vida esclavizada por la miseria y las necesidades crónicas, con toda la rabia, la frustración e impotencia que esto significa para un ser humano que tiene ilusiones y sueños, votarán el 11 de abril. Un amigo y político sabio, que no es ecuatoriano, me dijo antes de la primera vuelta: "el malhumor de la masa es la que pone presidentes". Y la masa, la gente, el pueblo, los ciudadanos, están de mal humor. Dicho en ecuatoriano, están cabreados.

Un malhumor y una rabia social que se han ido alimentando, enconando como un furúnculo, no solo por el estancamiento (y el retroceso) del nivel de vida, sino por los sucesos que cada día, minuto a minuto, las alimentan: los vacunados VIP (o GOLD) que se saltan la fila mostrando (una vez más) que no todos somos iguales y que hay ecuatorianos de primera, de segunda y de tercera. La indolencia inexplicable de ministros de Salud y otros funcionarios, y de un presidente que después reconoce que en el tema más grave del mundo (y del Ecuador, por cierto) no ha tenido plan de vacunación. Y yo agregaría, ni plan de salud, ni plan económico, ni plan de sobrevivencia. 

Podría citar cientos de casos y de historias con las cuales los ecuatorianos incuban su rabia. Una rabia de décadas, una rabia que puso a Bucaram de presidente, que puso a Lucio Gutiérrez de presidente, que puso a Álvaro Noboa en tres balotajes, que puso a Rafael Correa. Una rabia, un malhumor que justificó Correa para sus fines autoritarios y corruptos, y que ahora la sigue usando. Y que increíblemente sigue funcionando porque las causas profundas de esa rabia popular no han cambiado, y mientras no cambien seguirán hasta el infinito, marcando nuestra historia. Mientras haya "pobres de mi patria", habrán mil dólares para ilusionarlos.

Es una rabia que se ha alimentado en estos años, en que la trampa y la impunidad (un "ethos" ecuatoriano) es la norma, donde es normal la frase "autoridad que no abusa pierde prestigio", donde hay una burocracia ineficaz e indolente, donde hay elites políticas y económicas a las cuales poco o nada les importan los desempleados, los subempleados, los que se retiraron de la escuela, los niños y niñas desnutridos que nunca terminarán la escuela, los muertos de la Covid... Y no porque no tengan empatía o conciencia social, que muchos la tienen, sino porque nunca han vivido ni vivirán esa realidad lacerante, de 365 días al año de todos los años. 

La magnitud de esa rabia social se expresará el 11 de abril. ¿Quién la representa? ¿A quién escogerá el pueblo ecuatoriano (un pueblo con sed de revancha) como su vengador?

En esta lectura de la realidad (parcial, por supuesto) me pregunto cuánto sentido tienen entonces las frases, los eslogan, los temas y las propuestas, tanto de Arauz, como de Lasso, las cuales se discuten en esta campaña como en una reunión de ciegos.

Edgar Morin dice: "las más grandes cegueras del conocimiento son el error y ilusión". Mantenerse en eso lleva al autoengaño.

Los poetas lo dicen mejor:

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

(...)

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

El niño yuntero. Miguel Hernández

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El comercio informal en Quito: el choque entre la pobreza y el control
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