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30 de Octubre del 2023
Ideas
Lectura: 7 minutos
30 de Octubre del 2023
Patricio Moncayo

PhD. Sociólogo. Catedratico universitario y autor de numerosos estudios políticos.

La suma de responsabilidades de la crisis energética
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Con el progresivo debilitamiento de la planificación estatal los gobiernos siguen atrapados en las emergencias. Las importancias siguen siendo desplazadas por las urgencias. Esta es una lección que el próximo gobierno debería asimilar.

La carencia de planificación es la principal causa de la debacle energética. No solo en esta última crisis sino en las omisiones de sucesivos gobiernos.

Desde el regreso a la democracia la autoridad técnica perdió sustento institucional, quedando los gobiernos a merced de la improvisación. Bajo las dictaduras militares la planificación gozó de respaldo político, pero cuando el poder pasó al régimen constitucional la oficina de planificación se fue quedando sin piso político e institucional.

Los gobernantes volvieron a las viejas prácticas en las que primaban los cálculos políticos coyunturales y electorales. Tornaron a primar los intereses particulares sobre los nacionales. La crisis de la representación mermó la credibilidad en la democracia. El mediano y largo plazo fueron dejados de lado ocupando la técnica un lugar marginal. Los gobiernos de turno fueron cortoplacistas y privilegiaron las luchas por el poder. El inmediatismo desechó la investigación objetiva y periódica de la realidad. Las prioridades, por tanto, no respondían a ésta sino a presiones de unos u otros sectores sociales o fuerzas políticas en cada coyuntura.

Por eso a los gobernantes no les queda más que encomendarse a “Diosito”, al azar o a las oscilaciones de los precios de los bienes primarios en el mercado externo. Fenómenos naturales como el estiaje o el Niño demandan planificación, pues no respetan los períodos cortos de gobierno. La versión oficial es que el actual es el peor estiaje de los últimos 50 años. Esto demanda diseñar políticas públicas que vayan más allá de tales períodos y no estén sujetas a una sola concepción ideológica.

Ello, a su vez, requiere de un aparato de planificación que tenga suficiente autonomía técnica y capacidad de asesoría a los gobiernos, lo cual exige alta preparación y conocimientos especializados que no se los logra de la noche a la mañana, sino en un proceso de maduración institucional. Ello pone a la política en aprietos, dada la poca consistencia de la formación de la llamada clase política lo que le inhabilita para interactuar con el personal técnico.  De ahí que éste encontró mayor apoyo en las dictaduras militares.  Es necesario recuperar el poder técnico en la democracia para no caer en el populismo.  

¿Cómo lograrlo?

En el pasado contamos con instituciones de alto prestigio como la Junta Nacional de Planificación y Coordinación Económica (JUNAPLA) y el Consejo Nacional de Desarrollo (CONADE) que se fortalecieron al margen de las contiendas políticas coyunturales y de los vaivenes ideológicos.  Sus aportes al desarrollo del país fueron inestimables y reconocidos por diferentes credos doctrinarios. El consenso que hubo en torno a la planificación elevó el nivel de la acción política al establecer prioridades trascendentes en los ámbitos económico, social y político.  Se redujo la dependencia de la economía a los factores externos y se impulsó el crecimiento económico interno. Ello contribuyó a la estabilidad democrática del período 1948 a 1960. Bajo las dictaduras militares de 1963 a 1966 y de 1972 a 1978, el desarrollo sustentado en la planificación impidió que las Fuerzas Armadas siguieran el modelo represivo del Cono Sur. El tránsito de la JUNAPLA al CONADE reveló las fallas de la adaptación de la planificación a la democracia, en medio del ajuste económico que desplazó al desarrollo. Con la extinción del CONADE en la Constitución de 1998, los gobiernos dejaron de lado la planificación. En la administración de Rafael Correa se creó la Secretaría Nacional de Planificación Económica (SENPLADES) como una dependencia política de ese gobierno más que como un organismo del Estado. Por ello, no alcanzó el mismo nivel organizativo que la JUNAPLA y el CONADE.  Privilegió las lealtades ideológicas de su personal antes que las cualidades meritocráticas, por lo cual no pudo sobrevivir al término del mandato de su mentor.

Las grandes centrales hidroeléctricas ejecutadas en ese período, con graves fallas de ingeniería derivadas de la corrupción, fueron heredadas de los estudios de la JUNAPLA, ya por 1970 para remediar el déficit de energía que constituía un obstáculo a la industrialización impulsada entonces. 

El Instituto Ecuatoriano de Electrificación fue parte del Plan General de Desarrollo 1964-1973, uno de cuyos resultados fue la construcción y/o diseño de proyectos hidroeléctricos como las centrales de Nayón y Cumbayá, Pisayambo, Cola de San Pablo, Toachi, entre otros.

El abandono de la planificación, sin duda, impidió que los gobiernos siguieran ocupándose del déficit energético que aumentó con el crecimiento de la demanda por los procesos de urbanización y el crecimiento de la población. El estiaje, entonces, nos ha sorprendido indefensos y no preparados. 

De ahí que en este momento la prioridad son los apagones y no la crisis energética. Por eso las acciones que habrían debido tomarse para evitarlos sigan en la lista de espera, como la habilitación de la hidroeléctrica Toachi Pilatón o el incremento de la capacidad de Termogas Machala, así como otros proyectos de generación de energía como los eólicos. El ex ministro de Energía, Carlos Pérez García, en el diario Expreso, señala como responsables de la crisis energética “a la burocracia del sistema, la falta de agilidad en la negociación, normas complicadas y demora en la entrega de títulos habilitantes, sin dejar a un lado la falta de estabilidad política para incentivar la inversión privada”.

Con el progresivo debilitamiento de la planificación estatal los gobiernos siguen atrapados en las emergencias. Las importancias siguen siendo desplazadas por las urgencias. Esta es una lección que el próximo gobierno debería asimilar para que su gestión no se agote en salir de una emergencia, sino en enfrentar con eficiencia, en este caso, la crisis energética y dotar a la administración del Estado el soporte técnico necesario para formular una agenda de prioridades en el corto mandato que tiene.

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