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28 de Abril del 2020
Ideas
Lectura: 6 minutos
28 de Abril del 2020
Gonzalo Ordóñez

Es licenciado en Sociología y Ciencias Políticas por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito; Magíster en Comunicación, con mención en Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación por la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.

La Universidad y el COVID -19
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Antes del COVID 19 se discutía una disminución de, aproximadamente, el 30% a los recursos que se otorgan a las universidades públicas; ahora se habla de un mayor incremento de ese porcentaje. Al igual que con la salud, el costo de no invertir en el sistema sanitario se muestra en cadáveres de personas que podían salvarse con inversión, no todo se le puede culpar al virus.

En el  2018 se presentaron  148 977 casos de neumonía, y el promedio de muertes, por año, a causa de esta infección respiratorio fue de 3 570; según la Gaceta Epidemiológica Semanal No.52 del ministerio de Salud.

Al momento, el país cuenta con l 194 epidemiólogos y 15 hospitales preparados para atender a enfermos contagiados por el COVID-19; que para el 27 de abril alcanza a 22 719 casos.  Lo expuesto, da cuenta de que no estuvimos preparados para nuestras epidemias, mucho peor para una pandemia importada; además de la corrupción en el sistema de salud, la falta de inversión en la formación profesional de los responsables del sistema sanitario es insatisfactorio. 

Para enfrentar una pandemia se requieren profesionales en varios campos: expertos en gestión hospitalaria que manejen lo que la Organización Mundial de la Salud denomina salud digital; es decir, el uso de tecnologías para la prevención, análisis y mejoramiento de los servicios de atención. Profesionales en comunicación tecno política que puedan manejar el complejo ecosistema comunicacional en tiempos de crisis: la información humana, real y sensible puede hacer mucho más que el marcador de muertos que insensibiliza antes que promover el cuidado. 

Profesionales que analicen grandes volúmenes de datos en el campo de la salud son imprescindibles para cartografiar la dinámica del caos que sigue una epidemia e incidir con mayor precisión. 

La infotecnología es una campo polémico, pues como señala el historiador Yuval Noah Harari, podrá substituir a las personas; pero como en otros avances científicos, los balances son inciertos o por lo menos difíciles: nadie se negaría, por ejemplo, a ser atendido por un androide que no tendría riesgo de caer muerto junto a sus pacientes aunque eso podría significa miles de puestos de auxiliares de enfermería. 

En cualquier caso, se necesitarán en el futuro inmediato científicos en campos interdisciplinarios para gestionar la economía que vendrá luego de la pandemia y eso incluye a las nuevas ciencias de la infotecnología, infobiología y el análisis de grandes volúmenes de datos. Para lo cual, el estado debe apoyar a las universidades, sin embargo, ahora son más las restricciones que los estímulos para la creación de nuevos programas y es que no siempre se adaptan a la ideología del gobierno de turno. 

Las tecnologías que pueden mejorar las condiciones de producción en el campo son impresionantes: trazabilidad de procesos de producción, gestión inteligente del riego, uso de drones para monitoreo de cultivos y plagas o letrinas con alta tecnología de fácil implementación que transforman residuos humanos en agua potable, energía y abonos.  Jóvenes profesionales, provenientes del sector rural, podrían conducir a un nuevo desarrollo del país. 

Antes del COVID 19 se discutía una disminución de, aproximadamente, el 30% a los recursos que se otorgan a las universidades públicas; ahora se habla de un mayor incremento de ese porcentaje. Al igual que con la salud, el costo de no invertir en el sistema sanitario se muestra en cadáveres de personas que podían salvarse con inversión, no todo se le puede culpar al virus.

¿Entonces qué ocurrirá con los profesionales luego de la pandemia?

Muchos de los perfiles actuales serán insuficientes o inútiles sin una actualización de sus conocimientos desde una perspectiva interdisciplinaria y flexible. Algo que definitivamente no será coyuntural pues la economía de datos se verá estimulada por su capacidad de analizar, predecir y modificar comportamientos sociales a través del procesamiento de los datos que proveen los celulares inteligentes o cualquier dispositivo con capacidad de almacenar información. 

No es el futuro al final del próximo gobierno, es el presente que debe afrontarse ahora para obtener las herramientas que se necesitarán en los próximos meses y años. ¿Dónde se pueden adquirir? En las universidades y en posgrados, siempre y cuando el gobierno decida apoyar nuevos programas y otorgar becas con todo y el cataclismo económico y social; de lo contrario superamos ahora, con salud, la pandemia para morir después. 

Antes del COVID 19 se discutía una disminución de, aproximadamente, el 30% a los recursos que se otorgan a las universidades públicas; ahora se habla de un mayor incremento de ese porcentaje. Al igual que con la salud, el costo de no invertir en el sistema sanitario se muestra en cadáveres de personas que podían salvarse con inversión, no todo se le puede culpar al virus. 

Lo mismo va a ocurrir con la educación universitaria, en dos o tres años, no tendremos el capital cognitivo y la sensibilidad humana que provee la educación superior para enfrentar el presente, de ese futuro, con expertos que diseñen sistemas, analicen, proyecten, innoven, gestionen. 

Mientras sucede el confinamiento y las restricciones de movilización, el paso de la economía red a la economía de datos continuará con más intensidad; ese tiempo será desperdiciado por personas sin empleo, sin nada que hacer, graduadas de las universidades pero sin la preparación que exigen los nuevos tiempos. 

 

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