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17 de Abril del 2020
Ideas
Lectura: 4 minutos
17 de Abril del 2020
Giovanni Carrión Cevallos

Economista y Magister en Estudios Latinoamericanos.
@giovannicarrion

La verdad, otra víctima de la pandemia
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Las estadísticas oficiales que presenta a diario el Servicio Nacional de Gestión de Riesgos y Emergencias del Ecuador son apenas un pálido reflejo de lo que ocurre realmente no sólo en Guayaquil sino en el país, pues hay un número insuficiente de pruebas (testeos) lo que impide tener claridad respecto a la real dimensión del problema sanitario.

Las cifras oficiales al 16/04/2020 reportaban 8.225 casos confirmados de coronavirus en el Ecuador, de los cuales 5.754 corresponden a Guayas, la provincia más afectada por la pandemia.

En cuanto al número de fallecidos a causa de la peste, el gobierno alcanza a reportar 403 casos (se agregan 632 como probables muertes por covid-19), de estos 187 se ubican en el puerto principal. Sin embargo, últimamente, los medios recogen la declaración de Jorge Wated, líder de la fuerza de tarea encargado por el régimen de la recolección de cadáveres en Guayaquil, en el sentido que ‘… en estos 15 días de abril se han reportado aproximadamente 6.703 fallecidos en toda la provincia del Guayas cuando el promedio usual era de 2.000 personas. La cifra contempla casos de COVID, presunto COVID y muerte natural’.

Entonces, por simple diferencia, en la primera quincena de abril 2020, en Guayas murieron 5.703 personas por sobre el promedio quincenal, lo que implicaría asociar, de una u otra manera, a esos fallecimientos con el coronavirus, esto sin considerar que al estar vigente la cuarentena los eventos por muerte violenta y accidentes de tránsito han disminuido significativamente. Se trata, entonces, de una cifra (desconocida hasta ahora, pero advertida ya por el matemático Juan José Illingworth) que estremece y conmueve. Por lo tanto, las estadísticas oficiales que presenta a diario el Servicio Nacional de Gestión de Riesgos y Emergencias del Ecuador son apenas un pálido reflejo de lo que ocurre realmente no sólo en Guayaquil sino en el país, pues hay un número insuficiente de pruebas (testeos) lo que impide tener claridad respecto a la real dimensión del problema sanitario. Por lo mismo, como se podrá intuir, se lucha casi a ciegas frente a un enemigo, para mayor dificultad, invisible.

Al comenzar a flexibilizar las medidas de confinamiento, sin contar con datos duros, se corre el albur de agudizar y prolongar aún más la crisis de salud. De ahí que cualquier decisión, en ese sentido, debe ser meditada en extremo.

Y de ahí la pregunta, ¿por qué insistir en generar informes diarios sobre cifras que no se presentan confiables y que, conforme sucede con Guayaquil, están fuertemente subestimadas? Esto preocupa, más aún cuando superamos los 30 días de confinamiento y se abre la posibilidad, mediante la anunciada semaforización por provincias, de ir paulatinamente liberando las restricciones existentes.

Al comenzar a flexibilizar las medidas de confinamiento, sin contar con datos duros, se corre el albur de agudizar y prolongar aún más la crisis de salud. De ahí que cualquier decisión, en ese sentido, debe ser meditada en extremo.  A esta hora resulta claro que el coronavirus, como fuerza implacable, no admite la más mínima equivocación. Aquí no caben los ensayos de prueba y error ya que los fallos se cuantifican en vidas humanas y en un mayor deterioro de la economía nacional.

Es claro que el presidente Lenín Moreno, frente a los cuestionamientos de la opinión pública, se vio en la necesidad de realizar una especie de autocrítica, instruyendo a sus propios funcionarios en aquello de transparentar las cifras (¿?). No obstante, los números oficiales han perdido credibilidad debido a la difusión de reportes tan disímiles, a pesar de provenir -como en este caso- de una misma fuente: la gubernamental.

Es necesario y urgente se transparente la información con base al reporte del Registro Civil. No sirve de mucho que diga el Primer Mandatario que el Ecuador fue primero en la región en solicitar que sus ciudadanos se queden en casa y en hacer obligatorio el uso de la mascarilla en lugares públicos. Lo que cuentan son los resultados y, por ahora, el país, desgraciadamente, muestra un número apocalíptico de muertes covid-19 por millón de habitantes.

Lo que queda en claro, en este momento, es que la verdad ha sido otra de las grandes víctimas de esta pandemia.

 

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