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19 de Noviembre del 2019
Ideas
Lectura: 10 minutos
19 de Noviembre del 2019
Gonzalo Ordóñez

Es licenciado en Sociología y Ciencias Políticas por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito; Magíster en Comunicación, con mención en Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación por la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.

La videocasetera y el socialismo
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Y toda ideología niega la posibilidad de matices entre los extremos. En la vida real, el mercado resulta determinante para el desarrollo de la ciencia, la tecnología, el intercambio de personas, la diversidad y, por supuesto, también de la acumulación

¿Es correcto que un líder o activista socialista tenga un IPhone de última generación, un Smart TV de 40 pulgadas, un SUV de alta gama? ¿Deberían vivir en lugares populares, evitar el vino, comer en el mercado? Parece un asunto de coherencia con la equidad y la justicia que la teoría marxista propone. 

Allá por la década del 90, compré un VHS, básicamente el abuelo del DVD player y el tatarabuelo de Netflix, era un reproductor de video que funcionaba con unos casetes de 20 cm., 15 de ancho y 6 de alto, en los que circulaba una cinta de video conectado a una televisión de 19 pulgadas a color; digo a propósito “a color”, pues todavía la tele en blanco y negro se miraba en los hogares de clase media.  

Lo compramos a plazos y para un estudiante de sociología que pagaba sus estudios, con un hijo (luego vendría el segundo), era un esfuerzo importante. Contentos por la compra, invitamos a mi cuñado, un socialista con importantes contactos en la cúpula política (en ese entonces el Frente Amplio de Izquierda), para presentarle aquella maravillosa tecnología que nos permitía ver películas en casa.

Cuando miró el aparato dijo: eso me parece una compra innecesaria, típicamente pequeño burguesa -acotó-. Mis argumentos de que se podía utilizar para mirar documentales políticos, películas “críticas”, no surtieron mayor efecto, pues estaba condenado, recitaba muy bien el marxismo, pero básicamente era un pequeño burgués de estrechas miras revolucionarias. 

El problema de mi cuñado, pienso ahora, tenía que ver con el punto de vista fundamental de la teoría marxista: la contradicción entre las relaciones sociales de producción y las fuerzas productivas. Lo de relaciones se refiere al uso de la fuerza de trabajo en medios de producción que no le pertenecen al obrero y aunque produce  la riqueza del empresario no la disfruta. 

LA IDEOLOGÍA, ES UN SISTEMA DE CREENCIAS QUE SE ORGANIZA A PARTIR DEL NOSOTROS Y ELLOS. SI ELLOS SON EL ENEMIGO, NOS UNIMOS PARA REPRIMIRLO, CASTIGARLO O MATARLO; Y, POR SUPUESTO, LA BURGUESÍA NO ESTÁ COMPUESTA POR PERSONAS, SINO POR EL ENEMIGO

Los conocimientos, los medios técnicos, la tecnología y la actividad humana son las fuerzas productivas que en el capitalismo cambian constantemente para producir más y mejor. Y aquí está la clave del asunto, esto es posible gracias al mercado, un espacio donde individuos y corporaciones ofertan y adquieren libremente. 

Pero unos somos más libres que otros, como cuando compré el VHS, aunque apenas me alcanzaba para alquilar las películas. 

Total que el mercado genera consumo,  el consumo genera idiotez; es decir, primero la tele a color, luego el VHS, seguido del alquiler de las películas, llegan los parlantes, a continuación, la máquina de hacer “palomitas de maíz” (con el consumismo deja de llamarse canguil) y así hasta llegar a Netflix en casa. 

En suma, estaba aceptando el capitalismo en mi corazón, en mi mente sociológica y olvidando al enemigo: la burguesía.  

La ideología, es un sistema de creencias que se organiza a partir del nosotros y ellos. Si ellos son el enemigo, nos unimos para reprimirlo, castigarlo o matarlo; y,por supuesto, la burguesía no está compuesta por personas, sino por el enemigo. El VHS era el inicio de convertirme en el “enemigo”, luego probablemente quisiera tener una finca en el Valle, una casa a mi nombre y podría llegar al colmo de querer un colegio PRIVADO para mis hijos. 

Gracias por llegar hasta aquí en la lectura, su paciencia será recompensada con la respuesta planteada al inicio: No. Definitivamente no. A menos que su utilización sea con fines subversivos, la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción obligan a evitar el consumismo que reproduce el sistema. 

Pero la respuesta también es falsa. 

Puesto que la teoría marxista se construye a partir de un enemigo al que se debe destruir, el individualismo que exige el mercado, la libertad de comprar un VHS, se convierte en el neoliberalismo, en el extremo del egoísmo individual que permite a una sola persona ser dueña de una parte de un país y a unos pocos del mundo. 

Decía que la respuesta es falsa porque la teoría marxista como la teoría neoliberal, no existen en la realidad; cuando las convertimos en relatos dominan la conciencia transformándose en ideologías. Y toda ideología niega la posibilidad de matices entre los extremos. En la vida real, el mercado resulta determinante para el desarrollo de la ciencia, la tecnología, el intercambio de personas, la diversidad y,por supuesto, también de la acumulación. La China comunista lo entendió bien, un mercado capitalista con un sistema totalitario funciona bien, si la gente puede consumir no echa de menos la libertad de expresión. 

Así que la izquierda radical funciona con los mismos mecanismos que la derecha radical, como el cambio es “radical” inevitablemente se produce de forma autoritaria (Bobbio) y por lo tanto totalitaria. Cuando la izquierda llega al poder lo controla todo, finalmente tiene que domeñar y exterminar al enemigo que cuenta con mucho poder, no solo económico sino cultural, la libertad individual es un obstáculo.

Cuando la derecha llega al poder, el obstáculo es el Estado, a la inversa, la libertad individual se garantiza al punto de que se puede controlar al resto de individuos y al estado mismo.  En cualquier de los dos casos la democracia apesta, los primero quieren destruirla y los segundos quieren adquirirla. 

Pero la democracia liberal, es justamente el medio, donde se puede comprar un VHS y tener un buen sistema de salud, educación, justicia y policía. 

Es la época de los anticristos: los que niegan el cambio climático, los que odian a los migrantes, los que hablan en nombre de Dios, los que hablan contra las mujeres, los que prometen castigo y orden a cambio de sumisión, fundamentalmente los que reniegan de la democracia de la cual alimentan su ambición

Mi cuñado, un tipo inteligente, cuestionaba una actitud complaciente con un producto del capitalismo contra el que luchaba honesta y de forma vehemente. Y es que para acabar con el enemigo también hay que acabar con su discurso y todos sus símbolos y cachivaches tecnológicos. La revolución tiene el rol de controlar el estado para que controle a los que no están de acuerdo, incluso si los que no están de acuerdo son del mismo bando.

Es cierto el capitalismo nos conduce al apocalipsis, pero también el comunismo chino, o el no sé qué sistema autoritario de Putin. Las tecnologías nos vuelven idiotas, también nos comunican con seres amados en la distancia, destruyen vidas y salvan otras. La comida que producen las transnacionales nos enferma y la medicina moderna encuentra soluciones para la Diabetes. La contaminación produce el calentamiento global, pero la tecnología para la energía nuclear puede salvar al planeta de la contaminación. 

Los extremos alimentan las ideologías, se vuelven imbatibles si se sostienen en relatos surgidos de teorías que afirman ser verdades últimas y no abstracciones para comprender la realidad y transformarla. La crisis de la democracia liberal no conducirá a un futuro socialista porque no se sostiene en el equilibrio entre la libertad individual y el bienestar social. 

Es la época de los anticristos: los que niegan el cambio climático, los que odian a los migrantes, los que hablan en nombre de Dios, los que hablan contra las mujeres, los que prometen castigo y orden a cambio de sumisión, fundamentalmente los que reniegan de la democracia de la cual alimentan su ambición.  Los extremos atraen a la gente como el estiércol a las moscas, igual si vienen de un discurso de izquierda que de uno de derecha. 

En el fondo, mi ex cuñado siempre tuvo la razón, el consumismo es también un extremo y el poder permite consumirlo todo, incluso el planeta mismo. Pero se equivocó con el VHS, todos tenemos derecho a la videocasetera o ahora a la tecnología de turno, a estudiar cursos virtuales, a la mejor de la tecnología médica, a libros de papel y digitales, a comida sana, todos, ¿no es por eso que la gente está indignada saliendo a las calles? Penosamente los extremos ideológicos coinciden en algo: destruir a las personas por las que dicen luchar.  

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