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12 de Octubre del 2020
Ideas
Lectura: 5 minutos
12 de Octubre del 2020
Alfredo Espinosa Rodríguez

Magíster en Estudios Latinoamericanos, mención Política y Cultura. Licenciado en Comunicación Social. Analista en temas de comunicación y política.

Ladrones de la democracia
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¿Cómo pueden un proscrito de la justicia y sus amanuenses defender lo que atacaron y vilipendiaron durante una década de odio? Que la memoria no se pierda. El correísmo coartó libertades, censuró opiniones, amedrentó a periodistas y medios, persiguió a opositores y constituyó un sistema de corrupción que llenó de dinero mal habido a quienes sin serlo, se sentían más proletarios que los propios obreros.

La verdad sea dicha sin tapujos ni resquemores: el correísmo no se democratizó —de hecho nunca fue democrático— mucho menos se adecentó. Quienes se autodefinen de correístas deben saber que todo lo que pregonan en las calles, sus frases, parte de su simbología, canciones y muletillas discursivas no son más que el producto de un atraco a la historia de las organizaciones sociales y políticas que, con aciertos y errores, tienen una tradición de izquierda en el país.

Pero la trama de robos de Correa y su banda no queda ahí. Ahora, al calificarse de demócratas en pleno proceso electoral, quieren promocionarse como defensores de derechos y libertades al pretender, con absoluto descaro, dar lecciones de democracia a quienes sí la han ejercido y respetado por convicción y tradición ¿Cómo pueden un proscrito de la justicia y sus amanuenses defender lo que atacaron y vilipendiaron durante una década de odio? Que la memoria no se pierda. El correísmo coartó libertades, censuró opiniones, amedrentó a periodistas y medios, persiguió a opositores y constituyó un sistema de corrupción que llenó de dinero mal habido a quienes sin serlo, se sentían más proletarios que los propios obreros.

Sin embargo, la presión de Correa y su gente se ha visto reducida. Ya no cuentan con el aparato de espionaje e intimidación de la SENAIN y la Secom. Tampoco tienen a su haber las cortes de justicia, los medios públicos de comunicación y los recursos estatales con los que movilizaban grandes masas a cambio de comida o dinero. Sus reductos son un vasto enjambre de cuentas falsas en redes sociales destinadas a linchar a sus contradictores; las calles, que en el caso de la capital no llegan a entibiarse con las decenas de individuos provenientes – principalmente – de la provincia de Manabí; y, la mayoría que integra la institucionalidad electoral pues dio paso, sin debate ni reflexión alguna, a la inscripción de la candidatura del binomio de la alianza UNES. 

El correísmo coartó libertades, censuró opiniones, amedrentó a periodistas y medios, persiguió a opositores y constituyó un sistema de corrupción que llenó de dinero mal habido a quienes sin serlo, se sentían más proletarios que los propios obreros

Un binomio de origen turbio en cuanto a su legitimidad y legalidad, inscrito con una cédula que no correspondía a su precandidato presidencial y un ex presentador de un programa de opinión al que se le permitió reemplazar al ipad con la foto de Correa, pese a que este último nunca fue precandidato vicepresidencial, ya que no aceptó su nominación ante los delegados de la autoridad electoral en un acto público, expreso, indelegable y personalísimo como manda la ley. Es decir, UNES nunca tuvo candidato a vicepresidente. ¿Se puede reemplazar lo que no existe? En cualquier lugar del mundo donde la democracia prime por sobre las conveniencias y acuerdos nocturnos, no. Pero en Ecuador, país de realidades paralelas que afrentan a la lógica y la razón histórica y jurídica, sí.

Este debe ser además el único caso de una alianza constituida por una organización política consigo misma. En efecto, en términos legales, UNES no es más que Centro Democrático, partido del ex prefecto del Guayas, Jimmy Jairala, (de cuestionada gestión al frente de esa entidad), pues Fuerza Compromiso Social, movimiento del detenido y sentenciado Iván Espinel que adoptó a los correístas, ya no existe. Por ende, la alianza UNES tampoco debería de existir.

No debe de sorprendernos que con esta cuestionable permisividad, Correa juegue al papel de ventrílocuo con sus candidatos en las elecciones de 2021 y retome —como ha sido su costumbre política— la vieja estrategia de la victimización, el odio selectivo, la amenaza, el chantaje y desde luego la impunidad para sus acólitos. ¿Qué pueden esperar los ecuatorianos de quienes han sido enemigos confesos de la democracia, la república y las libertades? ¿Cómo esperar que en las demás etapas del proceso electoral esta organización y sus integrantes respeten las leyes si de entrada las vulneran?

Una cosa es clara. El autoritarismo se envalentona, quiere hacer de las suyas nuevamente y con el aval (poco sutil) de un cuestionado árbitro electoral. ¿Será que los ciudadanos, la opinión pública, los sujetos políticos que competirán en las elecciones del 2021 y quienes creen en la democracia se lo permiten?

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