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19 de Mayo del 2021
Ideas
Lectura: 4 minutos
19 de Mayo del 2021
Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

Lasso, Nebot y Correa acomodan la realidad
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El pacto por la impunidad y el reparto que quisieron sacramentar lassistas, correístas y socialcristianos crea el escenario perfecto para aplicar la metáfora de Procusto. Las justificaciones y explicaciones que ofrecen los involucrados dan para todo. Las hay inverosímiles, delirantes, tramposas, marrulleras…

El lecho de Procusto es un mito griego que se utiliza para describir la tendencia a acomodar o deformar la realidad de modo que se ajuste a las teorías o versiones que se formulan respecto de un hecho o situación concreta. En las ciencias exactas se refiere a la alteración de datos con el fin de comprobar una hipótesis previa. En siquiatría, el síndrome de Procusto define la intolerancia a la diferencia, el deseo individual de que todo se ajuste a una forma particular de pensamiento.

El pacto por la impunidad y el reparto que quisieron sacramentar lassistas, correístas y socialcristianos crea el escenario perfecto para aplicar la metáfora de Procusto. Las justificaciones y explicaciones que ofrecen los involucrados dan para todo. Las hay inverosímiles, delirantes, tramposas, marrulleras… Lo más gracioso es que ninguno logra acomodar la realidad de manera definitiva, porque a cada versión que hacen pública les responden con alguna información imprevista. Al parecer, los compadres se tenían más desconfianza que jugadores de póker, porque han grabado y registrado todos los detalles posibles.

Para los socialcristianos, todo se reducía a un acuerdo por la gobernabilidad y la democracia. Desde esta explicación, la metida de mano a la justicia termina siendo una minucia sin mayor trascendencia, un detalle secundario frente a las grandes urgencias del país. Ellos, tan inmaculados, solo asistieron en condición de convidados de piedra frente a una iniciativa del gobierno. Casi que no tenían mayor idea sobre los antecedentes de los asistentes. Si aceptaron pasar de agache la comisión de la verdad es porque desconocen la comisión de delitos por parte de los correístas. Ergo, coinciden en que los angelitos prófugos, encarcelados y sentenciados son perseguidos políticos.

El pacto por la impunidad y el reparto que quisieron sacramentar lassistas, correístas y socialcristianos crea el escenario perfecto para aplicar la metáfora de Procusto. Las justificaciones y explicaciones que ofrecen los involucrados dan para todo. Las hay inverosímiles, delirantes, tramposas, marrulleras…

El fracaso del pacto, según los socialcristianos, se debe al incumplimiento de la palabra presidencial. A la luz de las revelaciones que hasta ahora conocemos, Guillermo Lasso se habría echado atrás en el último minuto. Pero el presidente electo nada dice de su participación y anuencia en la preparación del guiso. Simplemente desistió porque estaba un poco pasado de sal. Y le responde al país con un tik-tok.

Para los correístas, el pacto con la derecha neoliberal era la única forma de frenar a la derecha. Tal como lo leen. Y, de paso, obtener las debidas reparaciones frente a la supuesta persecución política de la que son víctimas. Ahora resulta que al lawfare se lo combate en alianza con los mayores manipuladores de la justicia de los que tiene memoria el país. ¿Así pensaban preservar las posturas de izquierda? Nada dicen de lo que estaban dando a cambio, no solo a Nebot sino a Lasso.

Si nos ceñimos a las últimas declaraciones de Correa, es viable deducir que sus coincidencias con la derecha neoliberal van más allá de una jugarreta provisional para sacarse de encima la sombra de la justicia. Es obvio que hace méritos para congraciarse con las élites del país, para recordarles que durante diez años fue su amanuense. Ergo, no pueden abandonarlo a su suerte, aunque siga vociferando contra la oligarquía.

Como en una mala comedia de las equivocaciones, con tantas réplicas y contrarréplicas se pretende enredar de tal manera los acontecimientos que al final nadie sabrá lo que ocurrió. La realidad, como en el mito de Procusto, será cercenada o estirada para que calce exactamente con el lecho.

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