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16 de Agosto del 2018
Ideas
Lectura: 4 minutos
16 de Agosto del 2018
Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

Lasso sin Montúfar
Lasso retira su apuesta por el centro pluralista, por una alternativa nacional y por una política de multitudes, y por segunda ocasión deshace su acuerdo con Montúfar. Al parecer, volcará sus expectativas en una política de cuadros. Pero Quito necesita con urgencia de un político serio, no solo de un técnico del mercadeo que, además, proviene realmente de la administración de SUMA, el partido del alcalde Mauricio Rodas.

CREO perdió la alcaldía de Quito sin disputarla. Después de alcanzar un acuerdo electoral con la Concertación de César Montúfar, la organización política de Guillermo Lasso se aleja de la consolidación partidaria por desandar en esta alianza.  

En una carta suscrita por Montúfar y dirigida a Lasso, se menciona el arreglo conseguido por varios de los dirigentes de ambas organizaciones políticas, lo que deja sentada la existencia de un acuerdo entre los representantes de las dos tiendas con sus bases militantes. Pero ¿por qué habría de tirarse a la basura un trato conjunto entre los dirigentes y adherentes de estos dos movimientos? ¿Qué es lo que pudo empujar a Lasso a contrariar su propia palabra?

Cada organización política con habilitación para la participación nacional tiene la aspiración de cubrir todo el territorio patrio. Lo dicho significa que sus esfuerzos deberán apuntarse a consolidar una organización de gran cobertura ideológica y geográfica, e integrada por los protagonistas de los acuerdos programáticos. Estos últimos deberían ser aquellos actores que nacen de la configuración pluralista. En otros términos, edificar un partido de masas es dar el dominio de sus decisiones a sus afiliados más que a sus mecenas. Lo dice la carta de Montúfar “acordamos fortalecer el centro político para ofrecer al país una alternativa”. Queda claro que convinieron conjuntamente, ambas organizaciones, en nombre sus de sus afiliados, para aliarse y lograr una alternativa nacional y plural que enfrente a la hegemonía aliancista.

Pero sorprendentemente Guillermo Lasso cambió de opinión. Ayer, a pocos días de asegurar que “el candidato a la alcaldía de Quito por el movimiento será un miembro de nuestra organización”, afirmó que un ex secretario de la administración municipal de Mauricio Rodas sería “el futuro alcalde” de la capital, obviando la mala gestión administrativa de éste último, su más reciente aliado político, y que Juan Carlos Holguín, a quien se refería, proviene de la administración de SUMA, el partido del actual alcalde. Tan limpia fue la jugada que se nombró a un candidato sin los enredos de unas elecciones primarias.  

Así, Lasso retira su apuesta por el centro pluralista, por una alternativa nacional y por una política de multitudes, y por segunda ocasión deshace su acuerdo con Montúfar. Al parecer, volcará sus expectativas en una política de cuadros. Pero Quito necesita con urgencia de un político serio, no solo de un técnico del mercadeo.

Después de diez años de hegemonía populista, la democracia ecuatoriana heredó del correismo una política fundada en los extremos. Esta forma de conservar el poder obligó a los actores públicos a abandonar durante todo ese tiempo el centro del espectro político. En ese punto baldío caben ideologías tanto de la centroizquierda como de la centroderecha. Estas coordenadas trazan un cuadrante que permite un amplio margen para la emergencia de un programa de gobierno incluyente y plural, de alcance nacional, con sensibilidad por lo local. Si el plan era instalar un modelo de democracia amplia, Lasso no debió renunciar al centro ideológico y a un programa nacional de gobierno por privilegiar una política de técnicos que ignoran lo político. El cerco que ha creado en Quito podría alejarlo de la disputa nacional, de consolidar un partido de multitudes, que ocupe un espacio en la socialdemocracia y en la democracia cristiana, así como en el electorado de la tendencia. 

El péndulo de la política hoy exige un compromiso con el pluralismo democrático. Guillermo Lasso no lo tuvo. Perder la alcaldía de Quito sin disputarla podría liquidar hasta sus propias aspiraciones presidenciales.

@ghidalgoandrade

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