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23 de Enero del 2018
Ideas
Lectura: 5 minutos
23 de Enero del 2018
Jean Cano

Periodista de investigación.

Lenín, el populista
Lenin Moreno no muestra un camino claro hacia el futuro y tiene una ideología difusa, es cuántico, es socialista, empresario, optimista, transformador, respeta lo pasado pero quiere cambios que no los concreta. Buscaba ‘el cambio verdadero’ en la campaña, pero se le ha hecho muy difícil dar pasos para concretarlos.

“La garantía fundamental es que yo le digo al pueblo la verdad”. “No habrá paquetazo luego de la consulta”. “Cambios paulatinos y no drásticos”. “La Contraloría no tiene la última palabra”. “Soy un optimista insufrible”. “Con la derecha estamos en sendas distintas”. Estas son algunas frases expresadas por el presidente Lenín Moreno en un encuentro con tres periodistas de televisión, el pasado domingo.

Fue un encuentro de un poco más de una hora en el que se abordaron temas de la coyuntura, en especial de la consulta popular. Pero en el que también se reveló un Moreno que busca hechizar a la población apelando, como en tiempos recientes, a la sensibilidad, a la verdad única, al optimismo con venda en los ojos.

El asegurar en televisión nacional que él tiene la verdad, es volverse al “confíen en mí” con firma de Rafael Correa. Ambos lemas dichos antes de una consulta popular. Ambos con el objetivo de seducir al electorado. 

¿Populismo? Pues el accionar del presidente Lenín Moreno ya se acopla perfectamente a lo que define a un populista moderno.

No muestra un camino claro hacia el futuro y tiene una ideología difusa, es cuántico, es socialista, empresario, optimista, transformador, respeta lo pasado pero quiere cambios que no los concreta. Buscaba ‘el cambio verdadero’ en la campaña, pero se le ha hecho muy difícil dar pasos para concretarlos.

Además, tiene la idea de una refundación con ‘el cambio verdadero’, que ahora se dilata, aunque insistirá, desde ahora, de forma paulatina. Asegura que volverá a unir al país que ha quedado dividido por el estilo de su examigo Rafael Correa. Y, al mismo tiempo, sus ministros siguen el libreto del correísmo. Caso concreto: el nuevo ‘compatriota’ Julian Assange. Cambiaron el Protocolo para Otorgar la Naturalización de Personas en el Exterior un par de semanas antes para hacerlo ecuatoriano.

El Presidente tiene un discurso confrontador. Sí, no es el insultador que antes ocupaba Carondelet. Y también entiendo que muchos lo aplaudan y quieran hacerle monumento por eso… pero… continúa tachando a la derecha, a sus propios excompañeros, a quienes buscan el aperturismo comercial, esto mientras quiere diálogo con todos. Los medios, su mayoría, están copados de personas que explican por qué votar por el sí… Entonces todavía los medios no le estorban.

Moreno recoge decenas y decenas de propuestas, pero a la final hace lo que su equipo, muchos reciclados del período presidencial anterior, le dictan. Y no se diga en la pelea que tiene con Correa, donde su mejor arma es el sarcasmo para repeler los insultos en esa pelea de compadres.

Sigue con el juego de la antipolítica, siendo político. Moreno continúa con un esquema claro que privilegia el asistencialismo social, enmarcado en ese concepto de justicia social que se ve bien desde los análisis de los revolucionarios de la Gonzáles Suárez y que están en el gobierno. En ocho meses los resultados del diálogo han sido los disgustos de varios sectores. Y a otros, como el de los periodistas, todavía ni los menciona en el diálogo cuando sigue vigente una ley que atenta contra el derecho a la libertad de expresión y el Sistema Interamericano de DD.HH..

Moreno habla de independencia de las funciones, sin embargo él asegura que la Contraloría no tiene la última palabra. Entonces vale la pena preguntarse: quién tiene la última palabra para Moreno en temas tan espinosos como la deuda del IESS o la deuda pública, nuestra nueva deuda eterna. ¿Él? Además, hay acuerdos que forja su bloque de la Asamblea Nacional y que no los transparenta. Culpa al pasado de los problemas actuales, cuando él mismo y sus colaboradores son el pasado y han dejado varias herencias.

El presidente Lenín Moreno corre un gran riesgo al prometer lo que seguramente no pueda cumplir; el cambio verdadero. Así como los que apoyan el sí. Ese grupo, muy amplio en tendencias, puede ser al que señalen luego con el dedo si hay triquiñuelas de por medio. Inducir a votar por la tesis de Moreno, a pretexto de que Rafael Correa no regrese jamás a la Presidencia, les ha otorgado altísimas responsabilidades.

[PANAL DE IDEAS]

Mariana Neira
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