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26 de Enero del 2017
Ideas
Lectura: 10 minutos
26 de Enero del 2017
Cristina Burneo Salazar

Docente de la Universidad Andina Simón Bolívar. Trabaja en Letras, género y traducción.

De lo inconveniente
Las universidades asediadas por el Estado como la Universidad Andina, los convenios “selectivos” con Flacso y ahora nueve universidades más, la Ley de extinción de universidades, los dineros públicos para la educación superior, que se controlan para limitar su libre conducción, no figuran. ¿Entonces, en dónde se formará el país que los candidatos dicen que quieren conducir? ¿Van a gobernar en un país sin universidades, un país de obedientes?

Siete temas y tiempo limitado para desempleo, libertad de expresión, corrupción. La urgencia nos ha devorado. Los temas urgentes desplazaron a los temas fundamentales en el debate presidencial de anoche.

En el guion que Andrea Bernal manejó con tanta solvencia no apareció la educación. Ni los organizadores del debate la vieron como prioridad ni los candidatos la introdujeron en sus intervenciones. A Ecuador no le interesa educarse ni la educación apareció en las propuestas de candidatos que nos quieren convencer de que es posible salir del correísmo.

En Ecuador hay niños que no van a la escuela, porque el camino que separa sus casas de las Unidades Educativas del Milenio es largo y peligroso. Las escuelas de las comunidades tenían problemas, eso es seguro, pero ahora, estos niños van a quedar separados del sistema de educación por la pobreza. No van a asistir, igual que los maestros que no pueden llegar si falla la lancha, si no llega la camioneta que a veces pasa solo una vez.

La niñez que sí puede educarse hoy, porque tiene caminos de acceso, está sujeta a una educación con trabas. La “educación para la ciudadanía”, la “educación en valores”, han ido construyendo lentamente un discurso de obediencia y sumisión antes que uno de autonomía. El bloqueo de la educación laica por medio del Plan Familia, adscrito directamente a la Presidencia de la República, delineó para los colegios una educación sexual basada en el amor y “valores”. Si la niñez logra ir a la escuela, sobre todo en las ciudades, va a recibir una educación cívica y conservadora destinada a limitar su libertad. Si la educación es un eje fundamental para el progreso de sociedades más justas, un niño, una niña en Ecuador tendrán que superar todos estos obstáculos a muy corta edad para poder realmente educarse.

Muchas de esas niñas que no reciben una educación sexual que las proteja van a tener embarazos forzados. Al estar prohibidos el aborto seguro y gratuito, esas niñas tendrán hijos siendo aún niñas. Es muy probable que no terminen la escuela ni el colegio, no irán a la universidad y terminarán empobrecidas por el Estado, que habrá anulado su proyecto de vida al privarlas de educación laica y de la posibilidad de tomar sus propias decisiones. Los niños que crecen con esas niñas no aprenderán de diferencia sexual porque el Estado ecuatoriano considera perniciosa la “ideología de género”. Esos niños no romperán las cadenas de violencia dentro de las que han crecido porque nadie les dirá que pueden ser hombres distintos.

De entre todos ellos, habrá una parte que mal o bien terminará la secundaria. El examen de ingreso, el cierre de universidades, los costos de los cursos preuniversitarios, dejarán afuera de la universidad pública a miles. Serán mano de obra barata o renunciarán al deseo de estudiar. “No somos vagos ni mediocres”, dicen los estudiantes del Movimiento Sin Cupo, resistiendo la exclusión sistemática a la que los ha sometido el Estado.

En todo ese sistema plagado de carencias y lógicas siniestras de la burocracia educativa, hay miles de maestros y estudiantes que han resistido: formándose, organizándose, educándose en los espacios virtuales, en la calle. Los estudiantes que han protestado para poder tener mejor educación han sido reprimidos. El Central Técnico, el Mejía, el Montúfar: conocemos los casos. El ministro de Educación, Augusto Espinosa, mandó a soldar la puerta de un colegio y puso vigilantes dentro de las aulas. Respecto de las adolescentes embarazadas, Espinosa se atrevió a decir que “si han fracasado” muy poco hay por hacer. Este mismo ministro estuvo en funciones cuando se saqueó el fondo de maestros. También estuvo en funciones la noche en que asesinaron a Valentina Cossíos, de 11 años, en su propia escuela en la Av. Colón en Quito. Espinosa dijo que eso no le correspondía a su ministerio.

El paso a la universidad pública ha sido denunciado por los estudiantes del país como imposible a pesar de que marcan hasta cinco opciones de carreras que no quieren estudiar para poder ser admitidos. Los estudiantes que van a la pública ven los programas Prometeo y las becas Senescyt como la formación de una élite en detrimento de sus propias posibilidades acceder a la educación superior. Las becas Senescyt beneficiaron a miles de estudiantes de posgrado que volverán a aportar a este país si consiguen trabajo, eso es innegable. Se fueron cerrando las postulaciones para Humanidades, ni hablar para Artes, pero existen. Del otro lado, para los estudiantes que quieren empezar sus estudios y que quisieran un día postular a becas similares esto será imposible.

Tampoco se sabe bien qué pasó con la convocatoria que en 2013 hizo la funcionaria Miriam Aguirre en España cuando fue a reclutar profesores españoles para la UNAE. “Los españoles son los primeros encargados de llevar adelante el proyecto no sólo por la 'relación histórica' entre los dos países, sino también porque reconocen que 'el nivel de los docentes españoles es de muy buena calidad'”, decía Aguirre. Se habló de la Madre Patria y la lengua, en una respuesta que no podía ser más colonial ni más sumisa, pero bueno, la sumisión es el signo del correísmo. Se ignoró la experiencia de los educadores ecuatorianos, los educadores interculturales, los comunitarios.

Por supuesto, ni la educación intercultural ni la educación inclusiva son un tema importante. La caída de la educación intercultutal bilingüe y la total ignorancia de la visión social de la discapacidad dejan estos temas igual de maltratados que hasta hoy. A ningún candidato le interesa la población con discapacidad, no la conocen, no se han preguntado cómo pensar en ella.

Las universidades asediadas por el Estado como la Universidad Andina, los convenios “selectivos” con Flacso y ahora nueve universidades más, la Ley de extinción de universidades, los dineros públicos para la educación superior, que se controlan para limitar  su libre conducción, no figuran.  ¿Entonces, en dónde se formará el país que los candidatos dicen que quieren conducir? ¿Van a gobernar en un país sin universidades, un país de obedientes?

La niña que logró llegar todos los días a la escuela, que pudo terminar la secundaria, que logró ingresar a la universidad pública, que quiere acceder hoy a una maestría, habrá tenido más bloqueos que estímulos por parte del Estado. Ella es la votante, la posible candidata, la que va a criticar discursos anteriores, la que viene a renovar su campo, la que transforma este país. Esa niña se habrá emancipado cuando se haya formado. La educación de la población conduce a su autonomía y a su capacidad de detectar discursos gastados, formulaicos, vengan de donde vengan.

Los niños que logran educarse y que crecen para ser adultos autónomos y reflexivos pueden detectar, por ejemplo, la xenofobia con que se expresa Patricio Zuquilanda cuando habla de la migración. Criminalizar la migración, ignorante y fascista como es, fue la propuesta de este candidato. Una persona que se ha formado libremente va a detectar, por ejemplo, que el discurso en torno al uso, tráfico y educación sobre drogas de Cynthia Viteri fue conservador y atrasado. Los jóvenes que logren educarse de manera libre jamás repetirán las fórmulas violentas del candidato más joven, Iván Espinel: cortar las manos a quienes roben. Si a un hombre tan joven no se le ocurre mejor cosa, es urgente pensar en la educación. En medio de esto, tenemos a Lasso y Moncayo con importantes trayectorias y experiencia política: ninguno de los dos las usó para provocar un giro del debate hacia la educación, lo cual resulta más grave que lo elemental de Espinel o la frivolidad de Dalo, que no tienen posibilidades reales de pasar de este punto.

Es inconveniente tener una población educada, emancipada, exigente con la clase política, una niñez que no tema hacer preguntas, una juventud que sepa rebelarse. Una de las conquistas del correísmo ha sido el bloqueo de la educación laica y el debilitamiento del espíritu crítico en las instituciones de educación. No sabemos cuántos años tomará desmontar los procesos y documentos del Estado que consolidaron esto, pero jamás podremos empezar a hacerlo si los candidatos no pueden distinguirlo como un problema fundamental. Necesitamos formar una juventud inconveniente para no volver a escuchar en 20 años un debate como el de anoche.

[PANAL DE IDEAS]

Patricio Moncayo
Fernando López Milán
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Carlos Rivera
Mariana Neira
Carlos Arcos Cabrera
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