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10 de Noviembre del 2019
Ideas
Lectura: 6 minutos
10 de Noviembre del 2019
Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

Lula libre
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Tras la liberación, los fiscales anticorrupción brasileños repudiaron el fallo porque aseguran que amenaza al combate en contra de la impunidad. ¿Qué empujo a los jueces a cambiar repentinamente de opinión?

Luiz Inácio Lula da Silva recupera su libertad un 8 de noviembre. La fecha coincide con el mismo día que hoy, hace 30 años, inscribió su primera candidatura presidencial. En la ocasión fue derrotado por democristiano Fernando Collor de Mello tras conseguir en el balotaje el 47% de los votos, a 6 puntos del ganador. Después de participar dos veces más, en 1994 y 1998, en 2003 consigue ganar las elecciones presidenciales y conservar el poder hasta 2010.

Carolina Lebbos fue la jueza que ordenó la liberación del expresidente brasileño. Lebbos es una funcionaria judicial suplente del Tribunal Federal de Curituba, criticada por negar la visita del premio nobel Adolfo Pérez Esquivel a Lula da Silva o su traslado a otra prisión. Se trataba de una enemiga declarada de la izquierda populista brasileña. Tras la liberación, los fiscales anticorrupción brasileños repudiaron el fallo porque aseguran que amenaza al combate en contra de la impunidad. ¿Qué empujo a los jueces a cambiar repentinamente de opinión?

Esta es una victoria que puede atribuirse a las muchedumbres que presionaron en las calles por la liberación de su líder. Pero ¿estas mismas multitudes sabían los tecnicismos procesales que sostenían las investigaciones penales en el caso Lava Jato? ¿Quién se beneficia de aplicación sesgada del derecho?

La izquierda soviética que se creyó muerta resucita en este caos. Aquella que se derrumbó con el Muro de Berlín, que casi consigue el poder en Brasil con Lula da Silva y que se arremolinó un año después en el Foro de Sao Paulo. Por eso, la liberación del ex mandatario no debe ser vista como un suceso aislado, sin evolución cronológica o sin un contexto geopolítico. Esto podría insinuar que la disputa política se enfocará en conseguir la atención de los públicos desencantados y de las organizaciones sociales identificadas con el centro del espectro político.

Frente al fracaso de los proyectos alternativos a los Socialismos del s. XXI, Mauricio Macri, Jair Bolsonaro, Lenin Moreno, Iván Duque y Sebastián Piñera apostaron por amurallarse en sus países en un momento de globalización de las protestas que está capitalizando la izquierda bolivariana regional.

Frente al fracaso de los proyectos alternativos a los Socialismos del s. XXI, Mauricio Macri, Jair Bolsonaro, Lenin Moreno, Iván Duque y Sebastián Piñera apostaron por amurallarse en sus países en un momento de globalización de las protestas que está capitalizando la izquierda bolivariana regional. El Grupo de Lima y la alternativa democrática conservadora resultó miedosa, desabrida y sin olfato político. Como en la música, el ritmo, la velocidad y las pausas del devenir de las sociedades los entendió mejor la vieja izquierda.

Al salir del encierro, Lula da Silva polarizó discursivamente las identidades políticas, se victimizó para crear un espacio de acefalía que ocupó inmediatamente, colectivizó su tragedia y acusó al sistema judicial de “criminalizar a la izquierda”, agregando que “no encarcelaron a un hombre, quisieron matar las ideas”.

Esta es la más clara evidencia de la regeneración de un populismo que se apalanca en las muchedumbres, profundizando el caudillismo como en sus formas clásicas. Por eso Luiz Lula, Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Rafael Correa dicen ya no se pertenecerse a sí mismos, que son una propiedad del pueblo y la rencarnación de sus demandas. Ellos son el mesías redimido. Y la gente se creerá este cuento, votará por ellos y ganarán las elecciones, si nadie hace nada.

De esta forma los sistemas de partidos y los sistemas de elecciones no dependerán de los arreglos institucionales. Ahora dependerán íntegramente de los líderes. De sus gustos, preferencias, prejuicios y resentimientos. El sistema de partidos dependerá de los caudillos, no de la fortaleza o debilidad de sus estructuras disciplinarias o profesionales.

Lula da Silva está libre pero no ha sido declarado inocente. El delito del que se lo acusa, y que no está firme, es corrupción pasiva y lavado de dinero con una sentencia de casi 9 años. Entonces nuestro héroe podría volver a prisión en cualquier momento, porque está irremediablemente atado a la justicia. Pero los ojos de la democracia ya no se posarán sobre los procedimientos, las decisiones, la participación social, las candidaturas, los planes, las elecciones, los partidos, la inclusión, el debate. Ahora apuntará a la justicia que con o sin procedimientos legales deberá sentenciar lo que más le guste a la gente, no lo más recto según el derecho.

Presenciamos la extrema politización de la justicia, pues ya no importa si hay delitos en contra de la administración, si se pueden establecer responsabilidades o si los culpables pagan o no sus deudas con la justicia. Se trata de muchedumbres en las calles, de jueces amenazados por la opinión pública o por los órganos militares del Estado, y de sentencias expedidas bajo los gustos de la política y no del derecho.

Se trata una nueva justicia de bolsillo, sometida más que nunca al poder político, que sentencia según las oscilantes decisiones que adoptan quienes detentan la autoridad pública. Es la muerte del derecho y el resurgir de la impunidad, en forma de popularidad, carisma y personalismo.

El problema no es que Lula recupere la libertad. Que la recupere si la merece. El problema es que él, su partido y Odebrecht reconquisten el poder.

@ghidalgoandrade

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