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25 de Febrero del 2019
Ideas
Lectura: 6 minutos
25 de Febrero del 2019
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Maduro o el poder de los infames
No fue tan tonto e iluso como parecía al comienzo, cuando hablaba con el espíritu de Chávez encarnado en un pajarito. Seguramente Chávez conocía bien la fortaleza de su carácter y de su ilimitada ambición. Por eso, Maduro armó su equipo con personajes no solo sumisamente ambiciosos y con cuentas por cobrar a la sociedad sino también y sobre todo crónicamente hambrientos de las migajas de poder que caen de la mesa del amo.

La mitología y la historia son muy claras: el poder lo obtiene y lo mantiene el más fuerte. Maduro está sentado en el sillón presidencial y de ahí nadie le sacará a las buenas. En efecto, ni la sumatoria de todas las razones es suficiente para que el antiguo camionero se decida a abandonar el poder a las buenas. En efecto, para él la realidad se halla conformada por sencillos acontecimientos como el pedido de Chávez de que, luego de su muerte ya inevitable, su amigo camionero sea designado como su sucesor. ¿Qué otra razón necesitan los dictadores del orden que fuesen? Ninguna que no sea la perruna sumisión de todos aquellos que ya disfrutan de los pedazos de la torta del poder que alguna vez han recibido. 

Qué salto tan abismal pasar del asiento de un camión cualquiera al solio presidencial de un país tan importante y con tanta historia como Venezuela. De un momento a otro y gracias a esa muerte prematura, codearse con los grandes personajes de la política mundial y, sobre todo, tratarse de tú a tú no solo con todos los presidentes de las Américas sino con Bolívar y con todos los héroes de las Américas. 

Por ende, imposible que se deje arrebatar ese gran regalo otorgado por Chávez. Puesto que nunca más se repetirá una ocasión como esta, de ninguna manera la puede desperdiciar por nada, absolutamente por nada del mundo. Venezuela entera se convirtió en su gran camión y lo conducirá por todo el tiempo que desee y a dónde sea, no importa si al abismo y a la destrucción. ¡Qué oportunidad tan calva de zanjar las diferencias y, sobre todo, la oportunidad de hacer justicia de una vez por todas al pobre y simplón camionero de antes! Ahora se ha convencido de que las Américas y Europa están a sus pies pidiéndole de rodillas un poco de libertad para su pueblo.

No fue tan tonto e iluso como parecía al comienzo, cuando hablaba con el espíritu de Chávez encarnado en un pajarito. Seguramente Chávez conocía bien la fortaleza de su carácter y de su ilimitada ambición. Por eso, Maduro armó su equipo con personajes no solo sumisamente ambiciosos y con cuentas por cobrar a la sociedad sino también y sobre todo crónicamente hambrientos de las migajas de poder que caen de la mesa del amo. La muerte del Comandante no solo que fue para todos ellos una inesperada bendición del destino sino la gran oportunidad de lograr la realización de todos sus sueños y deseos por tanto tiempo reprimidos y frustrados. 

En adelante y para su hambre de poder sería no solo el presidente de Venezuela sino, y esto es lo más importante, el sucesor de Chávez, la presencia heroica del Comandante. De ese comandante rebelde e insaciable frente al poder.

¿Y es esto lo que quieren arrebatarme unos miserables y bastardos ciudadanos que se proclaman demócratas y defensores de la democracia? Qué ilusos. 

Y la vicepresidenta, contagiada de idéntico delirio de poder, no duda un segundo en afirmar que: la violencia con la que hemos reprimido ahora no es ni el pálido reflejo de lo que somos capaces. Esto es terrorífico porque es absolutamente real. 

¡Quién va a creer que él renunciará a lo que quizás nunca ni siquiera imaginó en sus largos viajes con su camión por los caminos de Venezuela! Igual que otro camionero que también llegó a la presidencia de Brasil y ahora está encarcelado con una larga condena encima. 

Maduro presidente, escrito con letras de oro, vestido con trajes importados y tan elevado sobre los otros que le resulta imposible no mirar a los países de América hispana como si fuesen sus lacayos. Esa América quizás representada ahora en Brasil y en Colombia cuyos gobiernos democráticos contrastan de manera radical con su posición de tirano y cruel dictador. Esa posición tiránica expresada en su inquebrantable oposición a que al país llegue la ayuda humanitaria procedente de los países democráticos a los que ha declarado sus acérrimos enemigos. 

Sí, Maduro y los suyos son el producto y los representantes de la antidemocracia. Son enemigos de la libertad de los otros. Maduro y su séquito se alimentan de su propia vanagloria lo que los hace mirar con ojos de terror la libertad y la autonomía de los pueblos americanos. Solo aprecia a Evo Morales y a Correa, prototipos de la antidemocracia. 

Maduro habita en la crueldad. El solo hecho de haber impedido a sangre y fuego que ingrese a Venezuela la ayuda humanitaria sería razón más que suficiente para que los organismos internacionales como la ONU y la OEA se involucren de manera total y eficaz para salvar a Venezuela de este tirano.

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