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28 de Septiembre del 2016
Ideas
Lectura: 10 minutos
28 de Septiembre del 2016
Cristina Burneo Salazar

Docente de la Universidad Andina Simón Bolívar. Trabaja en Letras, género y traducción.

Manual de buenas costumbres
Cada 28 de septiembre se suman esfuerzos internacionales para defender la despenalización del aborto. Seis mil mujeres mueren cada año por abortar clandestinamente. En países donde el aborto es legal, las mujeres que asisten a los centros de salud reciben atención integral, lo que disminuye la necesidad de abortar por el uso de métodos de anticoncepción e información. En Ecuador, cada vez más organizaciones se suman a la lucha por la despenalización del aborto. Por primera vez un gremio, el Colegio de Abogados de Pichincha, ha extendido un documento a la Asamblea Nacional demandando la despenalización del aborto por violación. Hoy, 28 de septiembre, el Movimiento de Mujeres se dirige a la Asamblea para entregar un oficio con la misma demanda. Ni el Colegio de Abogados de Pichincha ni el movimiento de mujeres ha recibido respuesta de la Asamblea respecto de un tema que causa miles de muertes al año.

El año pasado, la colectiva Salud Mujeres publicó el Manual de aborto con medicamentos, disponible en este link. El manual, que tiene ilustraciones, es colorido, muy bien documentado, científico y seguro, dice muchas cosas más de las que dice. Este manual dice que hablar de aborto no sólo es necesario, sino urgente y legítimo, y dice que las decisiones de las mujeres sobre su cuerpo no sólo son un derecho, sino un derecho que jamás tendría que ser vergonzante. El manual dice que podemos hablar abiertamente del aborto y que tenemos que hacerlo.

En la cadena de tabúes y violencias en la que vivimos, es muy probable que una mujer termine con un embarazo que no quiere. Si esa mujer decide abortar, va a hacerlo con leyes que la amparen o sin ellas, con un sistema de salud que la proteja o fuera de él, no por alegre rebeldía, sino porque no tiene opción. En Ecuador, no hay leyes ni sistema de salud disponibles para las mujeres que quieren abortar. Hay recursos tan desesperados como el uso de ganchos de ropa, pedirle a alguien que nos meta una paliza en el vientre o ir a las paredes rocosas del Pichincha y despeñarse una y otra vez. Sí. Esto sucede. No es locura ni pecado ni crueldad, es el grado de desesperación al que llegan menores de edad, jóvenes y mujeres ante esta situación límite. Si esto es real y sucede, es porque las mujeres han sido conducidas a esos extremos al no poder acercarse a un centro de salud. Y si el aborto es una realidad que se repite todos los días en todas las clases, sectores y hogares, criminalizarlo sólo pone en riesgo mayor a las mujeres, no las ayuda ni evita los embarazos.

Publicar un manual científico y riguroso para aprender cómo abortar con medicamentos es un gesto enormemente valiente en un país como Ecuador. Es una apuesta por la educación, la autonomía y la vida. Sí, la vida. Hace un año, cuando salió el manual, yo pensé que esta publicación menuda y fuerte venía a cuestionar todo el género del “manual”: manuales de buenas costumbres, manuales de civilidad...Las autoras, ese enorme cuerpo emancipado del activismo feminista que está en muchos países, vienen a reinventar el “género manual” para ofrecerle a una mujer un recurso digno para no morir, nada menos.

Cuando leí el manual pensé en eso y escribí esto para ellas que, estoy segura, no han leído manuales de buenas costumbres. Esas autoras vienen antecedidas por un movimiento de mujeres de décadas, que en Ecuador es fuerte, que ha resistido y ha tenido que ver retrocesos catastróficos en estos diez años de correísmo. El movimiento de mujeres ha visto reivindicada la sumisión, ha visto la defensa fugaz y caída de la lucha por el aborto en la Asamblea, y ha visto, todos hemos visto, que el gobierno decidió que las mujeres que abortan vayan a la cárcel. En Ecuador, las mujeres que abortan, aunque no quieran abortar, pueden ir a la cárcel por años. Eso es lo que hemos tenido que presenciar, tras décadas de conquistas y luchas del movimiento ecuatoriano de mujeres. Estas jóvenes editoras del manual para abortar han recogido el camino abierto por las mujeres y no han cejado: con el manual luchan contra el riesgo en que el Estado ecuatoriano pone a las mujeres al prohibir el aborto. Un colectivo firme pero minoritario hace lo que debería hacer el Estado, con una determinación que no tiene ninguno de sus funcionarios. Hoy, además del manual, estas defensoras de la vida ofrecen una línea de aborto seguro para información: “0998301317, todos los días del año, de 5 a 10 pm”.

El manual es todo un género, siempre sirve para educarnos en algo, es un conjunto de pasos a seguir, una caja de herramientas. En este caso, el Manual de aborto con medicamentos nos indica qué hacer frente a un embarazo no deseado, cómo tomar decisiones dentro de esta circunstancia y cómo abortar cuando queremos hacerlo. Cándido como suena, este manual viene a contrariar las decenas de manuales que se escribieron para las mujeres en estos siglos.

Pienso en otros manuales anteriores. Pienso, por ejemplo, en un manual usado por las burguesas en el siglo XIX. Se llamaba Secretos para ser amada, de la Baronesa Blanca Staffe. Cuando una mujer estaba enferma o embarazada, la Baronesa recomendaba poner en práctica lo que ella llamaba “el arte de padecer”, y decía: “Puede suceder que una mujer sea impotente para vencer las enfermedades. Aún así puede retener a su pretendiente o a su marido. Las quejas a nada conducen. Cierre los labios y contenga los gemidos, sonría, que así dará dulzura a su pálido rostro. Por enorme indisposición que sienta, debe evitar gestos y contorsiones que le desfiguran el rostro sin beneficio alguno. El arte de padecer consiste en no relajarse nunca.” El control del cuerpo de las mujeres no es algo abstracto. Estos manuales de civilidad se encargaban de velar por que las mujeres no se emanciparan ni siquiera en su gestualidad, porque el movimiento controlado controlaba también su capacidad de acción.

Esta misión del manual avanza hasta hoy, por difícil que sea de creer. Está el famoso -o mejor dicho, infame- manual de Carreño, que se sigue usando en algunos colegios de Ecuador. Reza: “la mujer que tomara el aire desembarazado del hombre, aparecería inmodesta y descomedida” O: “Pero entienda la mujer, especialmente la mujer joven, que la dulzura de la voz es en ella un atractivo de mucha más importancia que en el hombre: que el acto de gritar la desluce completamente.” El movimiento de mujeres hoy alza la voz: hay que hablar de aborto, hay que legalizarlo. A Carreño esto no le habría gustado, suena “desembarazado”, irónicamente. Cuánto de Carreño y de la Baronesa hay en cada uno de nosotros y cuánto pensamos que una mujer debe ser eso. Cuánto desaprender para comprender el aborto como un tema de salud pública y un derecho a la vida.

Las iniciativas civiles, feministas y de las mujeres hoy quieren eso. No se trata de banalizar el aborto, se trata de comprenderlo. El Manual de Salud Mujeres responde a este enorme y antiguo archivo de otros manuales construido para controlar los cuerpos y las voces de las mujeres. La reinvención del género del manual viene para defender la vida, para emancipar el cuerpo y para tomar decisiones informadas y serenas ante una situación límite como un embarazo no deseado. Ya no “el arte de padecer”, hoy leemos cómo defender y conquistar nuestro cuerpo.

Ante estos antecesores como Carreño y la Baronesa, cuyo peso es mucho mayor del que sospechamos, el Manual de aborto con medicamentos es en sí un acto de resistencia. Hoy, la resistencia consiste en conocer nuestro cuerpo, defender nuestras decisiones y difundir el conocimiento que nos permite llamar al cuerpo “un espacio soberano”. El manual incluye protocolos y recetas, pero también nos enseña que conocer, practicar la solidaridad, el acompañamiento, son formas de ciudadanía que se activan en la conciencia política del afecto. Hay una ética que el manual propone, pues jamás hace del aborto algo trivial, que no es y no debería ser un método de anticoncepción.

Este conocimiento sobre el aborto y el embarazo no es sólo para las mujeres ni su responsabilidad exclusiva. Todo este esfuerzo está responsablemente fundamentado, ha sido científicamente probado y está escrito para que todas y todos podamos acceder a él. Es un trabajo que, además, nos permite comprender mejor el retroceso terriblemente grave que el último COIP representa en este tema.“No hay manera de que ningún profesional de la salud identifique un aborto natural o espontáneo de uno provocado con Misoprostol”, dice el manual. ¿Con qué criterios se dedice entonces en los centros de salud que una mujer ha cometido un crimen, si no se puede verificar la causa de aborto? Así, dentro de este absurdo, ya se ha judicializado a 74 de mujeres en Ecuador. Hoy, debemos saber esto, cuando los hospitales y centros de salud se han convertido en un lugar de riesgo para una mujer que aborta, sea de manera espontánea o provocada. Aunque no debería ser así, hoy, editar un manual de aborto con medicamentos es un acto de enorme valentía. No se tendría que se valiente para defender la vida.

El jueves 29 de septiembre el centro de protección de derechos Surkuna presenta la investigación “Nuestros derechos, nuestras voces. Diagnóstico de servicios de salud sexual y reproductiva en adolescentes”, sumándose a las respuestas que construye la sociedad civil ante estos retrocesos. Paraninfo de la Universidad Andina, 18:00.

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