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24 de Noviembre del 2015
Ideas
Lectura: 5 minutos
24 de Noviembre del 2015
Cristina Burneo Salazar

Docente de la Universidad Andina Simón Bolívar. Trabaja en Letras, género y traducción.

Las mariposas y los días
Las conocemos a todas, por lo menos a una. Y por eso mismo conocemos a quien se ha levantado y a quien resiste. Todos conocemos por lo menos a una mariposa. Por eso resistimos también, levantando un frente efímero que dura. Un frente efímero que deja un nosotras para el presente y para el futuro que nos haga más humanos.

Las efímeras son como mariposas blancas. Surgen al atardecer. Su única misión es salir al mundo y aparearse, para eso es su primer y único vuelo. Viven un día. Pero mientras viven, cómo luchan por volar. Se unen a su enjambre eufóricas, rapidísimas. Antes de morir, las hembras ponen sus huevos y se van. A las hermanas Mirabal les decían “las tres mariposas”. Fueron asesinadas muy jóvenes por la dictadura de Trujillo, ese 25 de noviembre, pero cómo lucharon antes. Y cuánto dejaron. Sólo quien se halla lejos del poder puede reconocer la fuerza de las efímeras.

Las mujeres amazónicas que caminaron hasta Quito para hacerse escuchar. Las dirigentas indígenas que han sostenido procesos por décadas. Las que cargan hijos, comida y toman el bus semana tras semana para venir a la ciudad a protestar por sus derechos. Las que han aprendido a tomar la palabra en su propia lengua o en una lengua que no es suya, pero que han hecho suya. Las que tienen esposos, hijos, hermanos presos en Latacunga y que hacen largos viajes para llegar a los días de visita. Las que se mantienen organizadas y perseverantes a pesar de que sus hijos, parejas, padres no tienen sentencia, o justamente porque no tienen sentencia. Las mujeres cuyos familiares fueron torturados y desaparecidos hace décadas y los siguen buscando. Las que han sido cercadas por la administración de justicia y han seguido de pie. Las que han defendido la naturaleza a pesar de ser perseguidas. Las tres mariposas. Las Dolores. Las Tránsito. Las Margoth.

Las mujeres que reciclan y que por cientos de botellas sacan dos dólares. Las mujeres que hacen sus ocho horas de trabajo y luego hacen otras ocho, no remuneradas, en casa. Las que no pueden salir a trabajar porque tienen hijos con discapacidad. Las mujeres a cargo de la tierra y la familia que hacen jornadas de veinte horas. Las que no ganan lo mismo que sus colegas hombres porque no se les considera proveedoras. Las que no reciben pensión por alimentos. Las que no tienen jubilación porque criaron a sus hijos en casa. Las mujeres a las que no les permitieron estudiar para que no salieran solas a la escuela o a la universidad. Las enfermeras que sustituyen a médicos sin el mismo reconocimiento porque ellas son el cuidado y ellos, la ciencia. Las Auroras. Las Nelas. Las anónimas.

Las que han confrontado a sus superiores por haber sido acosadas. Las trabajadoras sexuales organizadas, cuyo peor enemigo es la pacatería del poder. Las que han sido violadas y han tenido la fuerza para recuperarse. Las que no han tenido la fuerza. Las niñas que han sido violadas y se lo han contado a alguien. Las que no se atrevieron. Las madres, primas, hermanas, las familias de mujeres violadas y asesinadas. Las que han tenido el valor y la necesidad de abortar clandestinamente. Las madres cuyas hijas han sido asesinadas y han seguido viviendo. Los que se han transformado en mujeres y han venido de nuestro lado,  a ser ellas. Las mujeres que aman a otras mujeres. Las mujeres que aman mucho. Las que resistieron todo lo que pudieron. Las Gaby Díaz. Las Vanessas.

Las mujeres que por primera vez dicen no a la paliza. Las que dejan de justificar los golpes, los gritos. Las que saben que los celos no son el amor. Las que dejan de callarse. Las que no tienen miedo de vestirse como quieren. O tienen miedo, pero caminan. Las disonantes. Las que han decidido no ser madres. Las que han inventado otras formas de ser madres. Las que deciden ser el problema antes que la armonía. Las que han aprendido a no ser sumisas. Las que han desaprendido la violencia. Las que se ríen. Las que abrieron las piernas para ir en bicicleta, las que dejaron de ir a caballo con ambas piernas del mismo lado. Las que ya no miran hacia abajo y tampoco bajan la voz. Y los hombres. Los hombres que están del lado de estas mujeres. Los que cedieron sus privilegios. Los que se reconocen en estas mujeres.

Las conocemos a todas, por lo menos a una. Y por eso mismo conocemos a quien se ha levantado y a quien resiste. Todos conocemos por lo menos a una mariposa. Por eso resistimos también, levantando un frente efímero que dura. Un frente efímero que deja un nosotras para el presente y para el futuro que nos haga más humanos.

 

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