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13 de Octubre del 2021
Ideas
Lectura: 7 minutos
13 de Octubre del 2021
Gonzalo Ordóñez

Es licenciado en Sociología y Ciencias Políticas por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito; Magíster en Comunicación, con mención en Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación por la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.

Me voy en paz
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El deber de Yunda, como reza la ley, era administrar la ciudad para el desarrollo económico y social, algo que requiere de tiempo y concentración, pero al parecer fueron destinados a justificar a su hijo, discutir con sus abogados y hablar con los jueces.

Me voy en paz, suerte a los que quedan”, tuiteó Yunda, la noche del 29 de septiembre, en reacción al fallo de la Corte Constitucional que, en suma, lo retiró definitivamente de la alcaldía de Quito. 

La frase de Yunda, en términos de psicología social, es una expresión de la desconexión moral, que se expresa en la incapacidad de reconocer que sus acciones provocan daño a otros seres humanos. Independientemente de la veracidad de sus reclamos, quien pagó este interregno en la Alcaldía fue la gente que no pudo encontrar empleo, o avanzar con su emprendimiento. 

Como señala el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en su informe, Salir del túnel pandémico con crecimiento y equidad: “Cuánto mayor la corrupción y más débil el cumplimiento de la ley, más difícil y menos igualitaria es la actividad económica y entre más baja la calidad regulatoria, menores son los beneficios sociales de la regulación y mayores sus consecuencias negativas para la actividad económica”.

Cinco meses de inestabilidad afectaron a varios sectores que podían dinamizar rápidamente la economía. Alguien podría argumentar que no es una competencia municipal la activación  de la economía y menos la creación de empleo, sin embargo, sí que es un factor determinante en el crecimiento económico, por ejemplo, “la creación de oficinas en los centros de gobierno para acelerar la identificación y derogación de regulaciones obsoletas y para autorizar la creación de nuevas que incentiven la competencia, tanto en el sector privado como en las contrataciones del sector público” (BID), que evidentemente propician el emprendimiento y el empleo. 

De todos modos, la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial (que a propósito la Asamblea de la época quiso derogar) en el numeral 10 dispone: “Propiciar los mecanismos que permitan la participación de la sociedad en los beneficios económicos, derivados de las acciones y decisiones públicas en el territorio y el desarrollo urbano en general”.

Más adelante define a la Ciudad “como núcleo de población organizada para la vida colectiva a través de instituciones locales de gobierno de carácter municipal o metropolitano. Comprende tanto el espacio urbano como el entorno rural que es propio de su territorio y que dispone de los bienes y servicios necesarios para el desarrollo político, económico, social y cultural de sus ciudadanos”.

El deber de Yunda, como reza la ley, era administrar la ciudad para el desarrollo económico y social, algo que requiere de tiempo y concentración, pero al parecer fueron destinados a justificar a su hijo, discutir con sus abogados y hablar con los jueces. 

Uno de los efectos más visibles para la ciudad, de la insensibilidad de Yunda y algunos de los concejales del correísmo que lo apoyaron, se reflejó en el sector turístico: 

“Las ventas del sector turístico de la capital están casi $500 millones por debajo de los niveles pre-pandemia. La ocupación hotelera se mantiene en menos de 20% y desde hace dos semanas no hay cabeza en la empresa municipal que dirija el sector" (La Hora / 2 agosto) 

Por si fuera poco, el desempleo afecta más a la mujer, para agosto 2021 fue de un 7%; mientras que para los hombres, la tasa de desempleo es del 4% (Criterios/ 24 de agosto). Lo cual se agrava porque la población de mujeres también es mayor. 

El deber de Yunda, como reza la ley, era administrar la ciudad para el desarrollo económico y social, algo que requiere de tiempo y concentración, pero al parecer fueron destinados a justificar a su hijo, discutir con sus abogados y hablar con los jueces.

En los rangos etarios de 15 a 29 años, el porcentaje de mujeres desempleadas es de 14.26 superior al de los hombres cuyo valor es de 13.85; mientras, que entre 30 – 49 años, es de 14.15 para las mujeres frente a 12.78 para los hombres (Quito como vamos / diciembre 2020). Adicionalmente, las mujeres ganan menos, algunas son madres solteras y también pueden tener a cargo un adulto mayor. 

Para este grupo cada mes sin posibilidad de trabajo o ingresos se siente con desesperación. 

Según datos del  Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), una de las causas principales de mortalidad en el 2020 fue la influenza y neumonía. Para los adultos mayores la cifra de defunciones por esta causa, alcanza 4791 personas (6,3 %), mientras que en los niños es de 175 (4,8%), que se podrían evitar corrigiendo factores ambientales como la contaminación del aire de la vivienda o una adecuada higiene, particularmente en situación de hacinamiento. 

¿Cuántas de estas mujeres perdieron la oportunidad de un empleo por la inestabilidad que causó el apagón moral de Yunda? ¿Cuántas mujeres perdieron, durante estos cinco meses,  un hijo o un padre por no tener dinero para una buena alimentación, un ambiente favorable para la salud o para medicinas? No se puede culpar al COVID-19 de todo. 

Por supuesto, junto a Yunda existe todo un entramado de responsabilidades que dan cuenta de la deshumanización de nuestra ciudad, entre ellos los jueces que protegieron a Yunda, y si fue por dinero, sería una prueba de que estaban conscientes del mal que provocan. 

Yunda se fue con su grillete en el tobillo, la vergüenza de un hijo encausado por la justicia, dejando a Quito en la ignominia y con vergüenza frente a las nuevas generaciones: ¿qué futuro les aguarda si los adultos que deben protegerlos transforman la ciudad en un peligroso pantano de corrupción e insensibilidad?

Señor Yunda, solo tendrá paz interior cuando sienta vergüenza por las consecuencias de sus actos. 

Por ahora, el gran temor para la ciudad de Quito es la afirmación de Guarderas de que “en 20 meses, Quito no será Suiza” (Primicias, 3 junio 2020). Pues claro que no, con esa actitud jamás, pero sí que podemos iniciar el camino con una planificación pensada para una ciudad inteligente, con una ciudadanía digital, en función de la descarbonización de la energía, la mejora del transporte, la disminución radical de los trámites, y tantas acciones que pueden ejecutarse cuando la gente es honesta y sobre todo humana.  

[PANAL DE IDEAS]

Patricio Moncayo
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