Back to top
23 de Septiembre del 2014
Ideas
Lectura: 6 minutos
23 de Septiembre del 2014
Andrés Ortiz Lemos

Escritor y académico.

Mery Shelley y los límites del autoritarismo plebiscitario
La Revolución Ciudadana ha sufrido una fractura de su modelo consensual, con respecto al proceso plebiscitario que había funcionado de manera efectiva desde el 2007.

Habermas plantea que un sistema político  ha incurrido en la  lógica plebiscitaria cuando el debate y la argumentación crítica de los actores sociales es reemplazado por la aclamación del líder. En este contexto, varios académicos han definido a la Revolución Ciudadana, en Ecuador, como un tipo de democracia plebiscitaria (Catherine Conahan; Carlos de La torre; y César Montufar), la cual puede definirse, a breves rasgos, como un modelo de dominación basado en la priorización de la representatividad electoral y en el  uso del plebiscito para saltar sobre las  instituciones democráticas desde la supuesta interacción directa con el pueblo.

En verdad, este tipo de lógica efectivamente fue parte del fenómeno correista desde su aparición. Así pues, la Función Legislativa fue contrarrestada en el 2007 y esta operación se justificó desde la exacerbación de  ejercicios plebiscitarios. Adicionalmente dos nuevas funciones de Estado fueron estructuradas en la Constitución del 2008, ambas recibieron críticas por causa del  (poco disimulado) control que han sufrido desde el Ejecutivo. Pero, por supuesto, esta nueva estructuración del Estado fue legitimada desde las urnas, y por lo tanto fue justificada frente a la ciudadanía. 

Las estrategias plebiscitarias fueron igualmente efectivas a la hora de aprobar normativas conflictivas. Uno de los ejemplos más notables fue la instauración de un Consejo de Comunicación. La creación de esta polémica institución se valió del recurso plebiscitario para anular los debates civiles, los cuales cuestionaban la pertinencia de un sistema disciplinario para la prensa. En efecto, antes que se aprobara la Ley de Comunicación, en el 2013, el mencionado Consejo ya fue establecido como mandatorio en una Consulta Popular. Por supuesto el referéndum y consulta popular del 2011 fueron mucho más lejos al permitir (entre otras cosas) una reforma profunda de la Función Judicial, influenciada por el Ejecutivo, pasando por alto los procedimientos legales establecidos pocos meses antes.

Las estrategias de democracia directa, participativa, comunitaria, (y otro tipo de malabares semióticos), en las normativas e instituciones de la Revolución Ciudadana, fueron creadas precisamente para establecer una estructura disciplinaria, basada en la "voluntad popular", a fin de  legitimar la constante colonización del Ejecutivo sobre todas las instituciones democráticas ecuatorianas, e inclusive ciertos en campos de acción de la sociedad civil. En efecto, el gobierno estableció una compleja estructura institucional para procesar las políticas de un proyecto político altamente elitista, (restringido a las decisiones del líder y su estrecho círculo de colaboradores), mientras se presentaba ante el público como el reflejo de la voluntad ciudadana. Así pues, las estrategias plebiscitarias proveyeron la legitimidad que un proceso de autoritarismo consensuado necesita para subsistir.

Lamentablemente (o afortunadamente), las instituciones difícilmente se comportan,  en la realidad, como en los diseños teóricos. Autores de la teoría de la Complejidad como Edgar Morin, o López Yanaes, han planteado la noción de la "autopoiesis", idea según la cual los organismos tienden a auto regularse, y en el caso de las instituciones, a generar inteligencia propia. Sí, la inteligencia de los individuos es diferente a la inteligencia institucional aún cuando esta se basa en la interacción de sujetos. Las instituciones generan comportamientos propios, y generalmente rebasan las predicciones de sus diseñadores.

El sistema "participativo" del correismo fue desbordado por la complejidad de circunstancias y actores con los que interactuaba. Este fenómeno puede comprenderse claramente desde dos ejemplos: en primer lugar la iniciativa de varios grupos juveniles de llamar a una consulta popular acerca de la conveniencia o no de la explotación petrolera en el parque nacional Yasuní, misma que fue negada desde el Consejo Nacional Electoral (bajo circunstancias polémicas bien conocidas);  y en segundo lugar, la resistencia del discurso oficial a someter a la voluntad ciudadana una serie de enmiendas (o reformas) constitucionales, entre las que se incluye la posibilidad de reelección del máximo líder de la Revolución Ciudadana, junto a varias otras propuestas polémicas.  

No es intención de este texto entrar en el debate sobre la pertinencia o no de los dos ejemplos antes presentados. Sin embargo, se busca visibilizar una circunstancia bastante peculiar, y esta tiene que ver con el resquebrajamiento del modelo consensual del correismo. Pienso que la Revolución Ciudadana ha sufrido una fractura con respecto al proceso plebiscitario que había funcionado de manera efectiva desde el 2007. Por lo tanto es necesario encontrar nuevas categorías de análisis para definirlo. Si bien es cierto que la teoría de la "autopoiesis" aporta varios elementos para entender este fenómeno, yo prefiero  pensarlo desde los aportes de la novelista del XIX, Mery Shelley, quien describió de manera acertada cómo algunas creaciones nacidas del afán de controlar al otro, pueden terminar volviéndose contra sus diseñadores.

GALERÍA
Mery Shelley y los límites del autoritarismo plebiscitario
 
1


[CO MEN TA RIOS]

[LEA TAM BIÉN]

Un exgeneral de la Policía fue testigo clave en la defensa de Carolina Llanos
Redacción Plan V
La Corte IDH declaró responsable al Estado ecuatoriano por la desaparición de Gustavo Garzón
Mayra Caiza
Santiago Guarderas, su entorno y su hoja de ruta para Quito
Redacción Plan V
Iván Vaca, la historia de otra víctima del "Estado carcelario"
Diana Romero

[MÁS LEÍ DAS]

Las razones por las que Bélgica es más paraíso fiscal que Panamá
Mariana Neira
Legisladores, pipones, diezmos y el retorno del amo
Mariana Neira
Cuando el Estado le falla a un niño torturado
Susana Morán
El febrescorreísmo y la izquierda folclórica sueñan con un golpe de Estado
Iván Flores Poveda