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24 de Junio del 2015
Ideas
Lectura: 8 minutos
24 de Junio del 2015
León Sierra Páez

Activista LGBT, director y actor teatral.

Mi cuerpo es una fiesta
Lo triste es que, aunque la “novelería” del Orgullo de la Foch o la anti novelería hierática y ortodoxa , no aportan nada a la construcción colectiva. La fiesta sí, a una semana de la venida del Santo Padre Católico: amariconar las calles es nuestra mejor respuesta.

Reza un instructivo de terminología políticamente correcta redactado en 2011 por ONUSIDA  -y que todavía está vigente-, que la palabra “lucha” no debe de usarse al referirse a todo lo que aglutina a militancias de poblaciones expuestas, vulnerables o vulnerabilizadas por el VIH.

“Términos de guerra” deben ser desplazados por otros como “respuesta”, “gestión de”, “medidas”, y un largo etcétera que diluye lingüísticamente el dolor y sufrimiento que, expresado en palabras, usamos para nombrar lo que hacemos frente a la pandemia.

En Ecuador luchamos, algunos. Y esto requiere de una reflexión profunda, un poco de cabeza fría y también algo de humor que nos permita enfocar el pensamiento crítico y sobretodo hacer política, si hemos decidido que ese camino nos es útil, nos es necesario o, está en la esfera de nuestro deseo. A esto, luego de la caída del muro lo llamamos activismo. Antes era militancia. Militancia en un partido político, que no siempre tenía que participar en elecciones para legitimar su presencia, mejor aún si se alejaba de la representación formal de la real politik porque su lugar de enunciación era precisamente el de crítica a un sistema de intercambio de valores donde el marginal siempre perdía, subordinado por quien tenía el poder real de decidir sobre vida, muerte y destino a través de las urnas.

Hoy estamos rodeados de activistas sin filiación política más que en construcciones micropolíticas que legitiman posturas personales mesiánicas.

En el espacio LGBT, hay de todo, está la realidad de las organizaciones de base comunitaria que no han podido construirse más allá del modelo de la ONG internacional tecnificada que, reproduce dinámicas perversas de utilitarismo de las poblaciones y hay también colectivos  de lucha, creación y propuesta que invisibilizamos alegremente con nuestros altercados  sectarios de “patria potestad”.

Hablo de organizaciones nacientes de jóvenes positivos, pueblos y ciudades diversas fuera de las metrópolis de provincia, colectivos multicolores que equilibran un panorama por demás atomizado, pero que quieren contribuir a una unidad de la diversidad.

Porque, otra verdad amarga de este movimiento social organizado o institucionalizado, es su falta de inteligencia y sensibilidad para convocar, para generar un discurso que aglutine a todos y cada uno de los ciudadanos que somos parte de las comunidades sexogenérico diversas. Hay cargas enormes de mezquindad y apropiación innecesaria e indebida, de un espacio que nace libre en el espíritu de cada una de las lesbianas, o de los gays, o de las mujeres transfemeninas, o varones transmasculinos y de cualquier intersexual que viva día a día esta realidad machista y fóbica del capitalismo en el Ecuador de Correa y el Opus Dei.

La lucha por los derechos, no es un estricto manual de socialismo científico, donde tengamos que construir nuestra estética inspirados en la belleza de Rosa Parks con el aliento científico de Foucault y el discurso ortodoxo de Rosa Luxemburgo. Esa es una opción, pero el caso es que en las culturas LGBTI, en las expresiones y prácticas de vida de las personas de las diversidades (y no minorías, como el discurso fascista de Correa quiere nombrarnos), hay vida, alegría y color.

La expresión propia del Orgullo, semántica y semióticamente es la necesidad de habitar el cuerpo festivo, el cuerpo que goza e incomoda con su placer a la heteronorma. La manifestación del Orgullo lo es porque históricamente su performática, es la visibilización de los andares, “la pluma” y el tacón que provocó, y  sigue provocando muerte.

No tienen por qué, todas esas personas que componen nuestras poblaciones,inscribirse en un modelo activista unificado, esto sería casi pedir lo mismo que se critica (y con lo que estoy de acuerdo): el homologarse a un modelo normalizador de “una mariconada” aceptable para la sociedad que tolera pero que no incluye.

No todos los maricas y las camioneras quieren ser activistas: quieren ser; y la marcha del Orgullo es un buen momento para atreverse a celebrar pública y lúdicamente ese deseo interno que no tiene rompeolas posible y que si permanece interno duele y construye individuos tristes. Porque si algo hemos enseñado a los movimientos de resistencia mundial, los maricas, y las lesbianas, es que la fiesta es un espacio de lucha, un espacio de incomodidad.

Hemos aprendido muchas cosas en estos treinta y cinco años de epidemia de VIH. Hemos entendido que el virus cayó en medio de una comunidad de diversidades que pugnaba como una promesa revolucionaria, en un mundo en el que obreros y campesinos lo hacían por las armas: tomaban el poder y restituían derechos.. Los maricas del mundo hemos resistido pese a una enfermedad que politizó y dividió a un movimiento humano de humillados y segregados históricamente. Por eso ahora hay una inteligencia comunitaria que rebasa las fronteras y que lucha porque  las personas afectadas, los positivos, y todos los activistas estén en espacios de decisión.

Es la hora de la respuesta comunitaria, es hora de la solidaridad. Tras tres décadas de investigaciones la epidemia  ya no es un enigma, pero sigue siendo una terrible amenaza de muerte principalmente para hombres gay. Es cierto que sin derechos civiles, sin atacar el estigma y el bullying, sin ley de identidad de género, que reconozca la total inclusión de personas trans en el imaginario de una sociedad binaria, no vamos a conseguir parar las epidemias, la del VIH, la de la homofobia, la de la inequidad, el miedo, la violencia, la segregación, la marginación; pero no son todas las urgencias, ni el principio, ni el fin de esta lucha.

Yo soy una marica, soy una travesti que trabaja y milita en la lucha contra el VIH y reivindico mi cuerpo festivo como espacio espléndido. No me quiero casar porque el matrimonio es un fracaso como espacio de encuentro humano y modelo social, sin embargo creo que el derecho civil no me puede negar mi derecho a casarme o a criar hijos.

Finalmente, y con algo de humor, podría declararme novelero, porque la homofobia nació, se bautizó, tomó la primera comunión y se confirmó en numerosas sabatinas donde también se dio la estocada al ENIPLA, por parte de los mismos actores, con las mismas palabras: Agenda Gay y Noveleros. A mí, personalmente, me divierte la idea de arrebatarle peyorativos al poder homofóbico y colocármelos como adornos chillones de plumas y lentejuelas que denuncien la torpeza del “verborreísmo”.

Lo triste es que, aunque  la “novelería” del Orgullo de la Foch o la anti novelería hierática y ortodoxa , no aportan nada a la construcción colectiva. La fiesta sí, a una semana de la venida del Santo Padre Católico: amariconar las calles es nuestra mejor respuesta.

[PANAL DE IDEAS]

Xavier Villacís Vásquez
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Mauricio Alarcón Salvador
Giovanni Carrión Cevallos
Gabriel Hidalgo Andrade
Gonzalo Ordóñez
Carlos Rivera
Francisco Chamorro
Ramiro García Falconí
Patricio Moncayo

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