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4 de Febrero del 2020
Ideas
Lectura: 4 minutos
4 de Febrero del 2020
Alfredo Espinosa Rodríguez

Magíster en Estudios Latinoamericanos, mención Política y Cultura. Licenciado en Comunicación Social. Analista en temas de comunicación y política.

Minga por la impunidad
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Los actores y actrices del amarre político que se hacen eco del llamado sumiso a la “minga” saben que en un escenario de conflictividad o convulsión electoral, la mediadora inclinará la balanza en favor de quienes la salvaron de la censura, aunque no de la crítica nacional.

La minga, concepto de la cosmovisión andina cuyo enfoque paradigmático implica una relación de paridad, complementariedad y reciprocidad en comunidad; ha sido vaciado en toda su esencia por un discurso netamente utilitario y un performance multicolor que lo redujo a su condición de palabreja folklórica instrumentalizada por quienes de forma grosera intentan revestir de decencia los acuerdos contra-natura y los amarres políticos entre la partidocracia de Mocolí y la “década perdida”, para dejar en impunidad la estela del tráfico de influencias, los indicios de fraude, la pérdida de derechos ciudadanos y la invisibilidad de los resultados electorales.

En efecto, este “presta mano” de la minga que opera bajo el principio de comunidad no jerarquizada por las leyes del mundo occidental, fue usado como distractor de responsabilidades en el espacio legislativo, donde los votos se cotizan no solo en dólares, sino y sobre todo con la apertura vertiginosa de “oportunidades” para que –posiblemente– el escarnio por las ausencias, las abstenciones y la presencia de asambleístas suplentes en la Comisión de Fiscalización y Control Político, se compense con la aprobación de más organizaciones de papel para cuasi caudillos locales o espacios de distinta índole en las zonas descentralizadas de la “Casa de la Democracia”. ¡Solo el trabajo del periodismo de investigación y el tiempo nos permitirán corroborar estas hipótesis!

No obstante de ello, quienes se ufanan de su expertiz parlamentaria entendieron que el “presta mano” en la “Casa de la Democracia”, así como en la Comisión de Fiscalización del Legislativo, era una burda adecuación para que continúe la habitabilidad y la convivencia pacífica entre las organizaciones que gobiernan la institucionalidad democrática como su bien inmueble, con la presencia de una mediadora que ve, oye y calla ante cualquier alerta de irregularidad. ¿Acaso esto no es un secuestro fraguado por los dueños del país? ¡Sí! Los del “modelo exitoso” y la “recuperación de la patria”.

Los actores y actrices del amarre político que se hacen eco del llamado sumiso a la “minga” saben que en un escenario de conflictividad o convulsión electoral, la mediadora inclinará la balanza en favor de quienes la salvaron de la censura, aunque no de la crítica nacional.

¿Entonces qué sucedió? ¿En qué momento el “presta mano” de la minga se convirtió en un clásico amarre político donde las evidencias saltan a la vista de la opinión pública, pero los votos miran a la espalda de toda racionalidad democrática? El momento en que la clase política decide cerrar filas para precautelar sus espacios de poder electoral en detrimento de la respetabilidad y credibilidad de las elecciones generales de 2021. En efecto, los actores y actrices del amarre político que se hacen eco del llamado sumiso a la “minga” saben que en un escenario de conflictividad o convulsión electoral, la mediadora inclinará la balanza en favor de quienes la salvaron de la censura, aunque no de la crítica nacional.

La integridad es el capital social más valioso que puede tener un político y un funcionario público de alto rango. No se lo conserva con la retórica cansina de Twitter y Facebook y la impersonalidad de la digitalidad; sino con un diálogo abierto y franco que tenga como premisa fundamental salvaguardar la transición a la democracia para que esta llegue a buen puerto y cale en el sentido común así como en la racionalidad de la clase política nacional. Solo esto evitará que sigan circulando dudas como: ¿A quién hay que preguntarle quién será el próximo presidente del Ecuador, a los administradores de la institucionalidad democrática o a los sufragantes?

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