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20 de Diciembre del 2021
Ideas
Lectura: 5 minutos
20 de Diciembre del 2021
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Narcogenerales
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De Velasco Ibarra se decía que jamás robó un solo centavo. Y lo confirmó cuando murió casi en la extrema pobreza. Pero dejó que sus allegados se llevasen el país entero en andas. Y él lo permitió. Por ende, él fue un corrupto más en la inmensa colección de políticos que, en todos los niveles, han hecho su agosto en concejalías, alcaldías, gobernaciones, presidencias, generalatos y más.

Posiblemente, uno de los elementos que hacen nuestra actual nacionalidad sea la corrupción. Una vieja práctica que se ha incrustado, diríase, en la esencia misma de nuestra vida política. Recorre sus venas y su quehacer cotidiano. El alma de sus discursos es lo corrupto porque le pertenece. Es decir, se presenta ante los nosotros, una gran corrupción disfrazada de honorabilidad, honradez y justicia. 

¿Por qué entre los militares no iba a ser sembrada, crecer y reproducirse la misma corrupción que ha florecido entre los civiles? Sencillamente, hay manos sucias en donde hay manos. El hábito no hace al monje ni las charreteras la honorabilidad militar. Todos los dictadores militares que se tomaron el poder arrebatándolo a los civiles fueron corruptos porque se apropiaron de algo que no les pertenecía. Y nadie los juzgó poque quienes debían hacerlo también fueron corruptos.

Sin embargo, es preciso reconocer que, en los imaginarios sociales, tanto los religiosos como los militares han gozado, per se, de los efectos de una vieja creencia en su honorabilidad que los hizo confiables, incluso pese a innegables evidencias. Lo acontecido en Cuenca con el excura Cordero constituye un ejemplo patético. 

Sin embargo, sería justamente este imaginario colectivo lo que los hace más proclives al mal de la corrupción, Como en todo, seguramente, el mal de la corrupción no afecte ni a la totalidad de ellos ni siquiera, posiblemente, a una significativa mayoría de los militares. Eso, por otra parte, nunca se sabe. Pero se lo debe presuponer para no ser injustos con quienes viven en el campo de la honorabilidad.

No solamente el dinero es poderoso caballero. También los uniformes de policías, militares, religiosos. También ese especial uniforme que implican los nombramientos políticos civiles y militares. Es decir, el hábito del poder: presidente de la República, ministro de Estado, alcalde, gobernador y más.

De Velasco Ibarra se decía que jamás robó un solo centavo. Y lo confirmó cuando murió casi en la extrema pobreza. Pero dejó que sus allegados se llevasen el país entero en andas. Y él lo permitió. Por ende, él fue un corrupto más en la inmensa colección de políticos que, en todos los niveles, han hecho su agosto en concejalías, alcaldías, gobernaciones, presidencias, generalatos y más. 

De Velasco Ibarra se decía que jamás robó un solo centavo. Y lo confirmó cuando murió casi en la extrema pobreza. Pero dejó que sus allegados se llevasen el país entero en andas. Y él lo permitió. Por ende, él fue un corrupto más en la inmensa colección de políticos 

El dorado de las charreteras brilla a veces tanto que podría enceguecer no solo a quienes las miran sino a sus mismos portadores. Las denuncias no han surgido ni del campo civil ni de ese especial universo militar. No. La voz de alarma ha sido dada por la embajada de los Estados Unidos. Ha tenido que ser esa voz la que nuevamente nos ponga en alerta sobre lo tan cuidadosamente negado. 

La situación es sumamente vergonzosa. A algunos policías de alto rango la Embajada de los Estados Unidos les ha retirado la visa que les permitía ingresar, una y otra vez, a su país. Y lo ha hecho porque los ha calificado de ciudadanos corruptos. 

¿Una nueva vergüenza nacional o una raya más al tigre? Seguramente lo segundo. En efecto, luego del acto bochornoso no solo para esos oficiales sino para la Policía Nacional, nada especial ha acontecido. Dentro y fuera de la fuerza pública se ha guardado un gran silencio con el que se pretende que el país olvide ese mal momento y siga viviendo como si nada especial hubiese acontecido. 

El ministerio de Gobierno ha hecho mutis por el foro y como los niños, se tapa los ojos con la mano para borrar la ignominia. ¿Acaso no debería haberse producido una baja colectiva de los implicados? 

Presidente Laso, usted es el comandante en jefe, no se amilane: haga la purga necesaria. 

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