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18 de Octubre del 2021
Ideas
Lectura: 5 minutos
18 de Octubre del 2021
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

¿Nebot vs. Nebot?
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Nebot no pelea por minucias. Siempre ha estado en las alturas del poder local, provincial e incluso nacional. Es un ave de alto vuelo. ¿Pero, qué demandaba de Lasso y que le fuera negado por el presidente? Secreto.

Nuestra vivencia de lo político tiende a ser pobre, deleznable e incluso contradictoria en sí misma. Los que hasta ayer no más fueran amigos, socios y compañeros, hoy lucen distantes y hasta se persiguen. Antes miraban a un mismo lado político. Hoy cada uno de ello mira a su propio horizonte. Para Lasso, las cosas están muy claras: es el presidente de la república y, por ende, no puede hacer otra cosa que poner alma, vida y corazón, inteligencia y visión en sacar al país de ese abismo al que lo condujo el correísmo. 

Nuestra formación política tiende a ser pobre y apenas circunstancial, con frecuencia, se reduce apenas a lo electoral. Se llaman políticos los que ingresan a lid de conseguir, a toda costa, una nominación, la que sea. Logrado el objetico, se pierda o se gane, se agota lo político. Si se ha ganado, hay disfrutarlo a como dé lugar.

¿Qué aconteció entre Lasso y Nebot? Seguramente, nada de migajas del pastel del poder. Debió suceder algo sumamente importante. Algo que posiblemente tenía que ver con el ejercicio del poder en sí mismo. Es decir, algo que, si se cede, se pierde, no solo autoridad sino probablemente una parte importante del hecho mismo de ser presidente, jefe de Estado. 

Nebot no pelea por minucias. Siempre ha estado en las alturas del poder local, provincial e incluso nacional. Es un ave de alto vuelo. ¿Pero, qué demandaba de Lasso y que le fuera negado por el presidente? Secreto. 

Sin embargo, no se trata de un enojo cualquiera. Nebot ha construido con tenacidad un espacio muy importante en su ciudad y también en el país. No es un don nadie. Todo lo contrario, ha sido posiblemente la pilastra fundamental del socialcristianismo. Ha sido la voz cantante de su ideología y de su presencia fáctica en Guayaquil y en el país entero. ¿De qué manera habrá querido que Lasso le deje seguir proyectando su figura en el quehacer político nacional? ¿Acaso no quiso contentarse con ser únicamente la sombra del presidente? 

También es posible que aquellos a los que el presidente llamó para que colaboren directamente en el manejo del Estado no sean de gusto de Nebot, y viceversa. Nebot es impositivo. No se anda con medias tintas y prefiere la imposición al diálogo. A los enemigos políticos se lo enfrenta como si se tratase de un duelo en el que debe haber un solo ganador: el vencedor debe morir.

¿Qué aconteció entre Lasso y Nebot? Seguramente, nada de migajas del pastel del poder. Debió suceder algo sumamente importante. Algo que posiblemente tenía que ver con el ejercicio del poder en sí mismo.

Para ciertos políticos, el dialogo es casi una demostración de debilidad. No han reparado en que si todo pasa por la palabra las cosas se hacen de mejor manera. Porque la palabra suaviza las dificultades de la existencia y une incluso a los adversarios. Dialogar significa lograr que todo pase por la palabra. 

En principio, sí es posible dialogar con todos. Pero si alguien da la espalda, como lo ha hecho Nebot, entonces las posibilidades del diálogo se reducen a cero. Es preciso hablar cara a cara para que la palabra del uno llegue intacta al otro. Cara a cara para que cada uno de los dialogantes se reconozca siendo en el otro. No se dialoga para construir sometimientos sino compromisos. 

Por otra parte, y quizás la más importante, al presidente Lasso le corresponden todas las responsabilidades de su gobierno. Si bien debe delegar a muchos el manejo de Estado, sobre él caen los pesos de los éxitos y, sobre todo, de los fracasos.

Nebot es visionario y activo. Es directo y no se anda con por las ramas cuando planifica, ejecuta y evalúa. Al pan, pan. Y al vino, vino. Sin embargo, el país es mucho más complejo que una ciudad o una provincia.

El enojo de Nebot y su distanciamiento de Lasso no queda como un asunto entre privados. No. Automáticamente se convierte en una suerte de polo de atracción político para que otros, supuestamente rebeldes, asuman su misma postura prepotente y quizás también algo despreciativa. Lo que, de una u otra manera, podría afectar a Lasso. 

El ejemplo está en un dirigente indígena que, con tono amenazante y provocativo se cree con el poder de imponer sus ideas y sus mismas amenazas. Los complejos pueden convertirse en audacia. 

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