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20 de Noviembre del 2017
Ideas
Lectura: 5 minutos
20 de Noviembre del 2017
Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

No sean la izquierda
A estos nuevos morenistas no les interesa la consulta popular. Se ven perdidos. Piensan exclusivamente en su futuro electoral, en cómo ser otra vez candidatos y en cómo recuperar el poder. Para eso tienen que quedarse con el partido, reconquistar su influencia en la Asamblea Nacional y hasta intentar tirar abajo la propuesta del mismo Moreno de eliminar la reelección indefinida. No es por Correa, es por ellos.

Los huérfanos de la década correista se rehúsan con extinguirse. Anhelan con seguir viviendo de la política y disfrutar de sus mieles. Es lo normal, porque fuera del poder no serían nadie. Por eso ahora están cerca de Lenín Moreno, adulándolo ahora a él, y al mismo tiempo, planificando su propia participación en las próximas elecciones.

A estos nuevos morenistas no les interesa la consulta popular. Se ven perdidos. Piensan exclusivamente en su futuro electoral, en cómo ser otra vez candidatos y en cómo recuperar el poder. Para eso tienen que quedarse con el partido, reconquistar su influencia en la Asamblea Nacional y hasta intentar tirar abajo la propuesta del mismo Moreno de eliminar la reelección indefinida. No es por Correa, es por ellos. 

Después de creerse la “verdadera izquierda”, el correismo se pudre en sus entrañas. Después de que quedara en evidencia su ojeriza con toda forma de organización social, de libre pensamiento o prosperidad individual, el cuento del progresismo de la revolución ciudadana tocó fondo.

Es normal esperar que fanáticos como estos no actúen en la política. Una democracia sana necesita de actores con verdaderas convicciones democráticas y diversas vocaciones ideológicas. Un verdadero gobierno popular debe integrarse de acuerdo a la pluralidad de la sociedad. Por eso, en esos espacios representativos, lo idóneo es reducir al máximo o hasta eliminar la participación de las facciones extremistas de las sociedad. Lo mejor que le puede pasar al Ecuador es que este híbrido corporativista de tendencia autoritaria se extinga cuanto antes.

Este modelo político nos condujo a una profunda polarización. Después de una década de atacar a toda forma de discrepancia y de expropiar el electorado de la izquierda, su desaparición dejará en acefalia ese espacio ideológico y coyuntural, que podría ocuparse por una nueva organización extremista. La solución es que se vayan y no vuelvan, pero especialmente que renuncien a decir de sí mismos que son izquierdistas.     

Que no nos extrañe que las facciones marginadas y otros huérfanos sin poder intenten tomarse por la fuerza las sedes del partido oficialista. Tampoco deberá extrañarnos que los convertidos al morenismo solo intenten ocultar sus deudas con los órganos de control y, pretendiendo arrimarse al poder, crean que con eso es suficiente para sentirse salvos de sus cuentas pendientes frente a la justicia.

Son los mismos intocables de Alianza País que vivieron bajo la sombra de Rafael Correa quienes traicionarán y devorarán su movimiento personalista. ¿Por qué? Porque quieren ser candidatos, porque tienen que esconderse de la justicia detrás del poder y porque no conocen otra forma de ganarse la vida. Así de simple.

Todos ya abandonaron a Jorge Glas. Ricardo Patiño ni siquiera se ha presentado en los plantones que ofreció organizar a favor de la libertad del vicepresidente sin funciones. Y los últimos que quedan ya están haciéndose campaña, seguramente para terciar en las próximas elecciones presidenciales y legislativas de 2021. Por eso aparecen agenciosos, presentando recursos inútiles en contra de la consulta propuesta por Moreno. 

¿Y Rafael? ¿No esperaban a su mesías? No. El tiempo de Correa ha terminado. Ahora, los que ambicionan con apropiarse del Estado son los que buscan las cámaras de televisión, los micrófonos y el espectáculo. Al ex presidente lo utilizan como excusa para rememorar los gloriosos tiempos de un festivo pasado financiado con el agresivo endeudamiento público y con altos los precios del petróleo. Esa farra no volverá y ellos lo saben, pero utilizan esa nostalgia para conseguir atención.

Ahí están Ricardo Patiño y Gabriela Rivadeneira, que aparecen juntos por todas partes, tal y como lo haría un binomio cualquiera en época de campaña.

Alianza País estaba podrida antes de la partida de Rafael Correa. Lo que hoy sucede es producto del reflote de toda esa descomposición. ¿Por qué, entonces, sus plantones ya no tienen gente? ¿Por qué ya no movilizan a nadie? ¿Por qué ya no llenan plazas? Porque toda su organización fue una ficción financiada con los dineros de todos, vendida con una careta de igualdad social, impuesta desde el Estado, de forma vertical y con métodos despóticos. Eso no es izquierda. Eso es fascismo.

@ghidalgoandrade

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