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22 de Abril del 2021
Ideas
Lectura: 6 minutos
22 de Abril del 2021
Julian Estrella López

Ingeniero Ambiental por la Universidad de Cuenca. Maestro en Ciencias de la Sostenibilidad por la Universidad Nacional Autónoma de México.

No Sin Mujeres
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Desde mi perspectiva, este podría ser un criterio o indicador de gestión interesante para el presidente Lasso: que para cada decisión que tome y que tenga que ver con un tema donde hay posiciones diametralmente opuestas, si no puede lograr el ideal de ganar-ganar, intente un satisfactorio ceder-ceder.

1. El “ceder-ceder” como criterio para gobernar

Ejemplo 1. El gobierno focaliza el subsidio a los combustibles.
Grupo A: ¡Que se mantenga el subsidio!
Grupo B: ¡Que se quite por completo!

Ejemplo 2. El presidente crea la Secretaría de la Mujer.
Grupo C: ¿Y por qué no una Secretaría del Hombre?
Grupo D: ¿Y por qué Secretaría y no Ministerio?

Y un ejemplo personal real. Durante el año en el que formé parte de la directiva de la FEUE Cuenca, sucedió el fin de la Iniciativa Yasuní ITT (agosto 2013), y nuestro Comité Ejecutivo decidió respaldar la recolección de firmas para el llamado a Consulta Popular. Al final del año, los grupos opositores a nuestra gestión decían que le dedicamos demasiado tiempo al tema Yasuní; los colectivos ecologistas, en cambio, decían que no hicimos suficiente.

Las decisiones políticas casi nunca conforman a todo el mundo, menos aún cuando tienen que ver con temas donde existen posiciones contrarias radicalizadas.

Por la misma época de la FEUE, yo estudiaba la materia de Comunicación Ambiental. Se nos enseñaba que, en una negociación sobre un conflicto socio ecológico, lo más común no es que ambas partes confrontadas ganen (ganar-ganar), sino que ambas cedan (ceder-ceder). De hecho, una negociación con ambas partes inconformes se consideraba una negociación bien lograda, porque ambas habían tenido que ceder, entendiendo que ceder no es lo mismo que perder: un grupo puede ceder en intereses, posiciones y cuestiones programáticas, pero no en necesidades y derechos; eso sería perder.

Traducido a la política, una decisión intermedia entre dos posiciones radicalmente opuestas, podría ser considerada una decisión acertada, porque ambas partes cedieron. Ojo, que no se entienda que un buen indicador de gestión es la crítica mayoritaria. Eso implicaría, por ejemplo, que la gestión de la crisis del Covid-19 por parte del gobierno de Lenin Moreno fue acertada. Hablamos de críticas debido a posiciones encontradas, no unánimes.

Desde mi perspectiva, este podría ser un criterio o indicador de gestión interesante para el presidente Lasso: que para cada decisión que tome y que tenga que ver con un tema donde hay posiciones diametralmente opuestas, si no puede lograr el ideal de ganar-ganar, intente un satisfactorio ceder-ceder. Ahí en donde dos grupos le critiquen desde posiciones radicalmente opuestas, ahí es.

2. No Sin Mujeres

Tomemos como ejemplo uno de los primeros actos de Lasso como presidente: la reunión de transición entre su equipo y el de Moreno, en la que solo participaron hombres. Desde una perspectiva de democracia y participación política de las mujeres, no hubo ceder-ceder, porque solo un grupo quedó inconforme: el movimiento feminista.

Juan Carlos Holguín, miembro del equipo de transición, adelantó que habrá mujeres liderando el gabinete, ¡qué bueno, ojalá suceda!

Y no les falta razón:

La campaña de Lasso giró en torno a símbolos: los zapatos rojos, las flechas del encuentro, las pangas en el río Guayas; el día de la reunión entre los equipos de transición, simbólicamente, retrocedimos a 1820.

La campaña de Lasso giró en torno al encuentro, y el encuentro implica mediación y equilibrio; el día de la reunión, no hubo equilibrio en la participación en la toma de decisiones entre mujeres y hombres.

Y también, la campaña de Lasso giró en torno a un constante ceder-ceder. Las feministas (varias) cedieron (cedimos) al votar por un candidato que se ha posicionado personalmente contra el derecho a decidir, y varias personas que se oponen a este derecho cedieron al votar por un candidato que se atrevió a decir que abriría el debate público sobre la despenalización del aborto, y que respetaría el Estado laico y la independencia de poderes (la despenalización, hoy, está en manos de la Corte Constitucional más que del Ejecutivo o el Legislativo).

En la reunión de los equipos de transición, no hubo un ceder-ceder, sino que volvimos al perder-perder. Porque la democracia pierde cuando la mitad de la población no está representada en la política y en la toma de decisiones al más alto nivel.

Lasso no ha sido posesionado todavía, pero todas las acciones y símbolos cuentan. La oportunidad inmediata para reivindicarse es la conformación del gabinete ministerial. Juan Carlos Holguín, miembro del equipo de transición, adelantó que habrá mujeres liderando el gabinete, ¡qué bueno, ojalá suceda! Además, en este caso puntual, el ceder por parte del movimiento feminista no sería cuantitativo, sino, a lo mucho cualitativo y programático, porque el Estado ecuatoriano, firmante de la Plataforma de Acción de Beijing, principal documento de política mundial sobre igualdad de género, ya está comprometido con el equilibrio entre mujeres y hombres en la toma de decisiones al más alto nivel, y lo único que tiene que hacer es cumplir con lo que firmó hace 26 años:

“Comprometerse a establecer el objetivo del equilibrio entre mujeres y hombres en los órganos y comités gubernamentales, así como en las entidades de la administración pública y en la judicatura, incluidas, entre otras cosas, la fijación de objetivos concretos y medidas de aplicación a fin de aumentar sustancialmente el número de mujeres con miras a lograr una representación paritaria de las mujeres y los hombres, de ser necesario mediante la adopción de medidas positivas en favor de la mujer, en todos los puestos gubernamentales y de la administración pública”.

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