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2 de Marzo del 2023
Ideas
Lectura: 8 minutos
2 de Marzo del 2023
Juan Carlos Calderón

Director de Plan V, periodista de investigación, coautor del libro El Gran Hermano. 

Nos gustaría verlos sangrar un poco
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Defiendan y luchen por lo que creen, háganse respetar y hagan respetar a su gobierno, sean firmes y leales. Nos gustaría verlos con las manos lastimadas, con alguno que otro golpe en la mesa, con las uñas partidas. Háganos saber que existen, que están vivos, nos gustaría verlos sangrar un poco ¿O estaré pidiendo demasiado?

Es una batalla cruenta la que libra el gobierno de Lasso contra la desestabilización. Pero en esta ya larga escaramuza, que no ha cesado desde junio del 2022, el presidente no tiene quien lo defienda. Y no hablo de quienes se han lanzado con argumentos, desde distintos sectores, a cuestionar lo actuado por la comisión especial filocorreísta de la Asamblea, que supuestamente investigó el caso Encuentro, Gran Padrino o Gran Cuñado y que ha planteado ya el juicio político. Hablo de su gabinete. 

En junio, quien defendió al gobierno, con vehemencia, fue el entonces ministro del Interior, general (sp) Patricio Carrillo. Luego se dio el caso Cáceres, con el femicidio de María Belén Bernal en un recinto policial, ejecutado por un oficial instructor, y el presidente Lasso se tumbó al ministro Carrillo y al alto mando policial. Con ello perdió un vocero de fuste y luego reculó sobre el alto mando. Cuando incorporó a Diego Ordóñez al gabinete, seguramente la imagen del gobierno ganó con un vocero articulado y claro, y perdió también por la poca empatía del funcionario. Y luego apareció Henry Cucalón para enfrentar el nuevo intento desestabilizador de una asamblea opositora. Y Cucalón se ha batido prácticamente solo en esta última escaramuza, a la que llegó tarde porque antes estuvo en el cargo, Francisco Jiménez, un buen tipo pero que poco hizo en su calidad de componedor cuando su presidente recibía las peores acusaciones y siempre con menos carisma que un poste de luz. Cucalón ha estado acompañado de alguna manera por su colega Esteban Bernal, ministro de Inclusión Social, y pare de contar. Tanto Bernal como el actual ministro de Gobierno tienen una ventaja frente a sus colegas de gabinete: son animales políticos. Aunque son jóvenes, tienen amplia experiencia en las batallas parlamentarias, y entienden que la política es la esencia del gobierno, de todo gobierno.

En esta crisis se esperaba más de otros ministros, en el sentido de tomar el toro por los cuernos y enfrentar ante la opinión pública, de manera decidida y democrática, a quienes sostienen cosas tan duras como que este es un gobierno de narcos y el gobierno más corrupto de la historia.

Se espera más, por ejemplo, de Patricio Donoso, también ducho en lides parlamentarias y en el manejo de los micrófonos. Diego Ordóñez, que con un poquito de simpatía haría un gran papel pero dejó de aparecer. Del frente económico no podemos hablar (¿existe secretario de comunicación?), como tampoco de los demás, porque estos ministras y ministros de hielo padecen del mismo problema: se consideran técnicos y no políticos. Y me atrevería a decir que el presidente Lasso también alimenta esa falsa representación de sí mismo, incluso cuando a punto de enfrentar un segundo intento de desestabilización, frente a gravísimas acusaciones e impactos indecibles, minimiza el problema al decir, como quien no dice nada, que son temas de la política que ya pasarán. ¡Noticia para los navegantes!: el gobierno es un ente político y los que creen que se pueden autoexcluir o pasar de agache ante crisis políticas, les toca dejar la falsa careta de técnicos y asumir lo que son: ciudadanos de diversas especialidades que, al aceptar un ministerio tienen un rol político, el del ejercicio del poder; porque junto con los privilegios del cargo —como los guardaespaldas, los que les cargan el maletín, los que les compran los pasajes aéreos gratis, las invitaciones, las cenas, los carros blindados y todo eso— el paquete viene con los riesgos políticos, y no pueden escabullirse de la peor y más prolongada crisis de su gobierno y decir: es que soy un técnico.

El cargo de ministro es un cargo político y deben asumirse las consecuencias de haberlo aceptado. Negar la política es lo que ha convertido el paso del presidente Lasso por el poder en una vía crucis. Pero él ha sido el que carga la cruz, recibe los latigazos y sufre la corona de espinas. Pero que él lo disfrute no quiere decir que sea lo adecuado para su gobierno ni para el Estado ni para la sociedad.

Defiendan y luchen por lo que creen, háganse respetar y hagan respetar a su gobierno, sean firmes y leales. Nos gustaría verlos con las manos lastimadas, con alguno que otro golpe en la mesa, con las uñas partidas. Háganos saber que existen, que están vivos, nos gustaría verlos sangrar un poco ¿O estaré pidiendo demasiado?

La mayoría de miembros del gabinete, salvo en poquísimas ocasiones y con poquísimas excepciones, se ha mantenido al margen de toda esta crisis e incluso han bajado el ritmo de sus apariciones públicas y cuando aparecen condicionan a que les pregunten solo de temas inherentes al cargo, que consideran "técnicos" y no "políticos". Luego de la derrota en el referendo se notó claramente esa especie de huelga de brazos caídos del gabinete. Pero es en la derrota donde se distingue a los valientes. No tener sangre en la cara, aguantar las ofensas en silencio, dejar pasar las injusticias es de pusilánimes, de gente con sangre de horchata, de aguados. ¿No les tiembla la barbilla cuando oyen decir que son parte de un gobierno de narcos? ¿Por qué no se comprometen a defender a un gobierno que les da la oportunidad de estar al servicio del país? ¿De verdad creen en el gobierno y en el presidente? Porque también cabe la posibilidad de que no crean en el presidente y en su gobierno, y entonces vale preguntarse qué hacen ahí. Pero si están en el cargo y en un gobierno, ¡juéguensela! El silencio y la indolencia no son opciones. Defiendan y luchen por lo que creen, háganse respetar y hagan respetar a su gobierno, sean firmes y leales. Nos gustaría verlos con las manos lastimadas, con alguno que otro golpe en la mesa, con el cuchillo entre los dientes, con las uñas partidas, con algo de drama incluso. Hágannos saber que existen, que están vivos. Nos gustaría verlos indignarse, ofenderse, salirse de los chiros, perder incluso la compostura. Nos gustaría verlos sangrar un poco.

El tema final de este coaching gratuito es que la mejor defensa es decir haciendo. Si a una decidida y oportuna intervención de los ministros —ante estas acusaciones y circunstancias— se suma una gestión impecable, efectiva y bien comunicada, pues puede que el gobierno supere el feo bache en que se encuentra. Con esto, no sé si estoy pecando de optimista. Puede que así como no hay valentía para decir las cosas, no haya capacidad para gestionar sus ministerios. Y por tanto, no tienen nada que defender. Ojalá me equivoque.

[PANAL DE IDEAS]

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