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24 de Junio del 2015
Ideas
Lectura: 9 minutos
24 de Junio del 2015
Cristina Burneo Salazar

Docente de la Universidad Andina Simón Bolívar. Trabaja en Letras, género y traducción.

“Nuestra apuesta es por la vida”
En un Estado laico, hoy menos laico que nunca, un sacerdote y una mujer acusan a un grupo de personas para que las encarcelen porque están dando información transparente acorde con su postura, que es sin duda ética y transparente. ¿Cárcel por informar?

Recientemente, la colectiva Salud Mujeres presentó el manual Aborto seguro con medicamentos, información segura para decidir (Quito, 2015). Se trata de una apuesta por promover una diferencia en la vida de las mujeres y en la sociedad a través del conocimiento y de la autonomía que proporciona el conocer. En este tema, la diferencia está literalmente entre la vida y la muerte de una mujer. El objetivo es dar información transparente porque es un derecho, aunque en este país el conocer, el construir argumentos y el interpelar al Estado en este y otros ámbitos se vea cada vez más como una afrenta, pues se deslegitima el disenso sistemáticamente.

La colectiva comparte “con otras mujeres información pública, científica, oportuna, laica sobre aborto seguro con medicamentos en base a las ultimas investigaciones de la OMS, FLASOG, CLACAI, y otros organismos de salud internacional”, según describen su misión. Esto es el resultado de años de trabajo sostenido de una juventud feminista que mantiene, también, la línea telefónica de aborto seguro, en donde informan y  realizan acompañamiento a las mujeres y personas que llaman. Cuántas mujeres habrán necesitado una voz que les diga que tienen opciones frente un embarazo no deseado: continuar con él, interrumpirlo o, por lo menos, tener un respiro para pensar que el embarazo forzado no es destino, que es una circunstancia muy difícil frente a la cual, sin embargo, se puede tomar decisiones.

El día 29 de mayo, aparece este tuit en la cuenta de la señora Amparo Medina (ver imagen): “Cárcel para todas estas ONG que difunden y promocionan aborto en nuestro país”. Medina responde a la vez a otro tuit, este de la cuenta “14 millones”, la cual nos remite a este blog firmado por el Padre Ernesto Arosemena, que dice, entre otras perlas: “ahora por lo menos tenemos evidencia suficiente para que al menos algunas abortistas ecuatorianas vayan por fin a la cárcel -aunque sólo sea por un mes- por el delito de 'Apología del Delito' (sic), previsto en el Artículo 365 del Código Orgánico Integral Penal del Ecuador, dado que en Ecuador el aborto ES un delito. OJO, FISCALÍA, A USTEDES LES ESTOY HABLANDO.”

Es decir, en un Estado laico, hoy menos laico que nunca, un sacerdote y una mujer acusan a un grupo de personas para que las encarcelen porque están dando información transparente acorde con su postura, que es sin duda ética y transparente. ¿Cárcel por informar? Aparentemente, Arosemena no ha salido del túnel del tiempo en que la Inquisición clamaba por quemas de mujeres, piras de libros y tortura para quienes pensaban por su cuenta, y Medina también lleva un par de siglos de retraso en su manera de concebir la pluralidad y la libertad de acción. Es como leer Twitter en el año 1800. Anacronías del destino que nos juega la tecnología. Imagino perfectamente una hoja impresa y firmada por personas como Arosemena o Medina en esa época, papel amarillento, tinta fresca volando por la ciudad. Hoy, vemos lo mismo, pero en 140 caracteres. Todo evoluciona y avanza, menos la manera de pensar. Muy grave pedir prisión por informar, muy grave.

En nuestra sociedad, lo sabemos, las niñas, las jóvenes y las mujeres abortan todos los días, de maneras más o menos clandestinas y riesgosas. Hay mujeres que pueden salir del país e interrumpir sus embarazos en entornos legales y seguros. Hay mujeres que buscan quebradas rocosas para morir o provocarse abortos -lo que suceda primero- por medio de saltos contra las piedras, o que se hacen patear para abortar tras los golpes. Esto sucede.

¿Qué es lo que pasa en una sociedad para que una mujer tenga que hacerse dar una golpiza a fin de interrumpir su embarazo? La cadena que lleva a esto nos involucra a todos. Y no podemos juzgar. Todas estas mujeres están en una situación límite. Muchas han sufrido una violación, han sido repudiadas por sus familias, han contemplado el suicidio. Las que viajan y las que ruedan por quebradas rocosas en su desesperación, aunque haya abismos entre sus respectivas circunstancias, todas han sido víctimas de la inoperancia del Estado.

El Estado es responsable de no acoger estos casos en las instituciones médicas, que temen ayudar a mujeres en situación de aborto, espontáneo o provocado; de proteger a los perpetradores cuando se trata de violencia sexual; de no discutir la despenalización del aborto; de no aceptar que el aborto es una causa de muerte; de pretender que no sucede. En este momento, la salud sexual de las mujeres de este país está en riesgo permanente: se trata de una emergencia. Se ha cancelado el debate, se ha procedido de manera turbia en el tema de educación sexual y no se presentan decisiones transparentes ni mucho menos políticas públicas coherentes con esta realidad.

Conviene responder la acusación nerviosa del Padre Arosemena con argumentos que rebasen su carácter elemental -sorprende su virulencia cuando el mismo Bergoglio ha tenido que reconocer los 46 millones de abortos anuales y ha planteado un perdón mundial para quienes lo necesiten, como dice esta nota-. Hay que decir que:

-El aborto no es y no debería ser visto como un método anticonceptivo recurrente. Es una situación extrema en la vida de una mujer.

-Ninguna mujer quiere abortar ni busca activamente el aborto como solución a un embarazo no deseado. El aborto es una decisión que puede tener un alto costo emocional, social, moral, religioso. Y sin embargo, debe ser un derecho.

-No tenemos las condiciones materiales para no pensar en el aborto. Si viviéramos en una sociedad sin violencia sexual, patriarcal, económica, en donde los métodos anticonceptivos estuvieran al alcance de toda la población y nos educáramos en lugar de recibir adoctrinamientos, podríamos pensar que el aborto dejaría de ser una necesidad. Mientras no existan las condiciones materiales, el aborto es una realidad, por tanto, es una responsabilidad del Estado responder frente a ello con garantías para la población.

-La conciencia individual de las personas creyentes, religiosas, laicas y ateas es eso: individual. La fe individual no puede intervenir en políticas del Estado. La fe individual no es una manera de dominar al otro, es una manera de comprender el mundo. De lo contrario, no se trata de una fe individual, sino de la imposición autoritaria sobre el otro.

-Cancelar el debate sobre el aborto y perseguir a las mujeres que lo practiquen, encarcelarlas, sólo las ahuyenta de cualquier ayuda que puedan obtener en los centros de salud, como lo afirma Virginia Gómez en esta nota de prensa.

La noche de presentación del manual de aborto seguro, una de las integrantes de la colectiva dice con enorme honestidad: “Porque si algo quiere la Colectiva Salud Mujeres, es desaparecer, nuestro fin máximo es que el aborto se despenalice, y eso significa que no exista línea de información.” Esta afirmación de una joven activista es de una integridad imposible de entender en el mundo de la política, y ahí está su potencia, lo que nos convoca.

“Es claro que nuestra apuesta es por la vida”, continúa. Aquí hay una apuesta ética, limpia y valiente. Al mismo tiempo, es terrible que al plantear estos temas tengamos que sentirnos “valientes” frente al terror y al amedrentamiento. Y si hay jóvenes íntegras y admirables que apuestan por la vida, apostamos con ellas, no les deseamos la cárcel y tampoco banalizamos el urgente y sensible tema del aborto. Si no condenamos y estamos dispuestos a escuchar, a considerar por unos momentos estos argumentos, ya habremos desactivado en algo la violencia que nos está golpeando todos los días, en todos los lugares que habitamos. 

[PANAL DE IDEAS]

Francisco Chamorro
Mauricio Alarcón Salvador
Ramiro García Falconí
Patricio Moncayo
Aparicio Caicedo
Carlos Rivera
Xavier Villacís Vásquez
Giovanni Carrión Cevallos
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