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9 de Noviembre del 2020
Ideas
Lectura: 4 minutos
9 de Noviembre del 2020
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Nuestra democracia
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No deberían ser calificados como candidatos a ninguna dignidad pública aquellos que ya han dado evidentes muestras de irrespeto a la democracia y sus principios.

Se trata del gobierno de los pueblos, es decir, el de los ciudadanos que, libre y voluntariamente, eligen a sus autoridades. Es la democracia de la que en estos días se habla sin cesar a propósito de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos y de las elecciones que nos esperan en pocos meses.

Los griegos crearon la democracia cuando teorizaron sobre el poder civil y sus orígenes. La conclusión fue absolutamente sencilla pero infinitamente contestaría a una inmensa tradición que aseguraba que el poder proviene de los dioses. Más aún, que el poder pertenece un grupo de privilegiados, ligados íntimamente a los dioses por su capacidad económica.

Poder político y religión: una vieja relación que ha llenado de tiranos y de mártires todos los continentes.

De hecho, las religiones de Occidente todavía legitiman su poder en tanto éste se originaría en el poder divino. Históricamente, así se han justificado, no solo férreas estructuras sociales, sino también no pocas tiranías religiosas y políticas que han aparecido a lo largo de la historia de Occidente. Las guerras santas atraviesan la historia.

Pero el poder proviene del pueblo, es decir, de los ciudadanos de todas las condiciones sociales y económicas, geográficas y culturas. No se trata de un don benévolamente otorgado por alguien sino de un bien y un derecho con el que nace cada hijo de mujer en cualquier espacio de nuestra Tierra.

No es ni sencillo ni obvio aceptar que todos nacemos libres. A lo largo de la historia y hasta nuestros días, han existido y aún existen movimientos sociales y políticos que se han propuesto arrebatarnos nuestra libertad. La historia está llena de dictadores y tiranos de todo orden. Y es infinito el número de quienes fueron martirizados por negarse al sometimiento.

el poder proviene del pueblo, es decir, de los ciudadanos de todas las condiciones sociales y económicas, geográficas y culturas. No se trata de un don benévolamente otorgado por alguien sino de un bien y un derecho con el que nace cada hijo de mujer en cualquier espacio de nuestra Tierra.

Fue cuando apareció la democracia. El poder es un bien constitutivo de los pueblos y de cada uno de los ciudadanos. No más tiranos de ningún orden, ni civiles ni militares ni religiosos. La libertad no es un don sino un derecho.

Sin embargo, la palabra democracia ha sido utilizada por un sinnúmero de dictadores civiles, militares y religiosos que se propusieron dominar a los pueblos. Su único afán ha sido y es el apoderamiento de las libertades para crear pueblos esclavizados a un amo.

De hecho, en ciertos lugares de nuestra Tierra, un partido o un sistema político se ha convertido en el dueño y administrador de las libertades. Entonces, los ciudadanos poseen el grado de libertad que el poder los otorga. Ahí el poder decide lo que se debe pensar, creer e incluso hacer. Sometimientos íntimamente ligados a las antiguas esclavitudes.

Tiranos apropiados del bien y del mal, de lo cierto y lo falso, del presente y del futuro de los ciudadanos. Amparados en los oropeles de grandilocuentes teorías sociales, sus dueños las utilizaron para esclavizar a sus pueblos. En nuestro tiempo, es grande la lista de estos falsos redentores. Desde los Somoza, los Castro, los Pinochet a los Ortega. los Chávez o los Maduro. Todos ellos cínicamente se consideran demócratas aun cuando no dejen de utilizar las cárceles y el paredón para asegurar su poder.

Corresponde al Estado velar porque se respeten irrestrictamente los principios democráticos. Sobre todo, en tiempo de elecciones en el que fácilmente se vende gato por liebre a los ingenuos. No deberían ser calificados como candidatos a ninguna dignidad pública aquellos que ya han dado evidentes muestras de irrespeto a la democracia y sus principios.

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