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9 de Diciembre del 2015
Ideas
Lectura: 3 minutos
9 de Diciembre del 2015
Andrés Ortiz Lemos

Escritor y académico.

Nuestro derecho a decir NO
No vale la pena ser "buenos ciudadanos" si el concepto de ciudadanía está basado sobre normas opresivas injustas y ridículas. No acatar las leyes injustas y opresoras se constituye en un acto liberador y de legítima defensa a la dignidad humana.

Las leyes eran muy claras en la Alabama de los cincuentas. Los afrodescendientes debían ser segregados. Existían locales donde los negros no podían entrar a comer,  baños separados, centros de estudio que no admitían personas "no blancas",  y una maraña de normas estúpidas entre las cuales se encontraba la obligatoriedad de que las personas "de color" cedan su asiento en los buses públicos a  los caucásicos. En la mayoría de estados del sur de Estados Unidos, ser un buen ciudadano, equivalía a someterse a un sistema legal discriminatorio. Por supuesto, la mayoría acataba ese sistema de cosas, querían ser ciudadanos ejemplares.

Rosa Parks regresaba a su casa, en Montgomery,  después de una extenuante jornada. Estaba cansada, y lo único que quería era llegar rápido para ver a su familia. Mientras pensaba en estas cosas, un hombre se acercó a su asiento y le exigió que se levantara para que él pudiera sentarse. Parks, estaba cansada. Las leyes le exigían que sea una buena ciudadana y permita que  aquel personaje abusivo ocupe su asiento. Pero aquello chocaba con el sentido común y la justicia natural. ¿Por qué tenía que subordinar su dignidad como humana, a un conjunto de normas disparatadas escritas en un papel? Rosa Parks dijo NO. Por supuesto fue arrestada de inmediato. Aquella acción de rebeldía frente a leyes injustas marcó el inicio de uno de los movimientos emancipadores más importantes del Siglo XX.

Martin Luther King y otros líderes del movimiento de derechos civiles en los Estados Unidos desataron el incendio de la desobediencia civil, inspirados en la humilde flama de rebeldía de Rosa Parks. Ellos entendieron que no valía la pena ser "buenos ciudadanos" si el concepto de ciudadanía estaba basado en normas opresivas injustas y ridículas. No acatar las leyes se constituyó en un acto liberador y de legítima defensa a la dignidad humana. El tiempo, y su inevitable sentencia  les dio la razón a los desobedientes, y encasilló en las cloacas de la infamia a los que redactaron sistemas legales obtusos.

Los cambios en el texto de la Constitución ecuatoriana (definidos como enmiendas desde el laberinto semiótico de la revolución ciudadana) constituyen la última jugarreta generada para profundizar la estructura autoritaria creada en Montecristi hace varios años. En este momento las normas permiten la elección indefinida de líderes caudillistas, (que por cierto tienen un evidente control sobre la función electoral); la represión  militarizada de la sociedad; y el control punitivo de la información emitida desde cualquier medio de comunicación.

Se ha generado un escenario donde los individuos críticos, estamos sometidos a una estructura legal que nos ubica en una posición ambigua. Como si fuéramos ciudadanos de  segunda clase.  Por supuesto ante esta disyuntiva podemos escoger entre  resignarnos a masticar el ajenjo de la subordinación o aprender del ejemplo digno de Rosa Parks y decir NO.

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