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3 de Enero del 2019
Ideas
Lectura: 6 minutos
3 de Enero del 2019
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Nuevo año: ¿hoy como ayer?
Año nuevo, vida nueva, se dice en medio de la alegría de haber llegado al inicio de otro año. Pero la vida nueva no cae del cielo como el maná en el desierto. ¿Qué cambios radicales y auténticos se ha propuesto el presidente Moreno en su política social y económica? ¿Qué cambios ha provocado en su equipo de trabajo? ¿Qué nuevas políticas sociales ha anunciado para el segundo tramo de su gobierno?

Hoy como ayer, mañana como hoy. / Y siempre igual. No se trata, desde luego, de recurrir al pesimismo de Bécquer para mirar el futuro del país que se presenta de una manera especial en cada Uno de enero. Únicamente para decir que el Uno rojo en el calendario de este enero no sirve para nada al país sin un real y firme propósito de cambio en el gobierno. 

Porque, desde los poderes del Estado, no bastan ni los discursos de marras ni las buenas intenciones para que la marcha del país se acelere y, en muchos aspectos, cambie de rumbo. Los antiguos predicadores del bien no cesaban de afirmar que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Y tenían toda la razón. 

Año nuevo vida nueva. Fácil, demasiado fácil. Cuando al día siguiente de la resaca de las promesas teatrales, la realidad del país se presenta con su pesadez irremediablemente dura e inquebrantable. Esa pesadez que se arrastra con la historia y que, además, hace la historia del Estado. De nuestro país que no ha abandonado sus ínfulas de ser pionero en todo. Y que, sin embargo, no puede disimular su retraso endémico en lo político, lo económico y lo social. Las enfermedades endémicas suelen vestirse de lozanía justamente para engañar y sostenerse como tales en el tiempo. Un hermoso mueble de colección que tras el barniz disimula su cuerpo severamente apolillado.

Hace unos días, CNN entrevista a Correa que, cínico como siempre, afirma que dejó al país en el paraíso del que Moreno lo ha expulsado. Hoy como ayer: el cinismo es parte fundamental de la política que hace rato se olvidó de la ética de la verdad. Pero no se trata de esa posición cínica que forma parte consustancial de la personalidad y de la ética de Correa, sino de ese modus operandi de la política del país que aprendió con mucho éxito a tapar las fístulas de una crónica lepra con discursos, promesas y oropeles. 

El mismo día en el que asumía la presidencia, se le pidió al presidente Moreno que se descorreíce y que descorreíce la política y el país entero. No lo hizo. No quiso hacerlo. No tuvo la valentía y el coraje para hacerlo. Y no hacerlo le ha costado caro, más caro de lo que nadie imaginaba. La defenestración de la segunda vicepresidenta no puede ser leída como un simple acontecimiento político, tal como lo ha hecho Moreno que se resiste a ver que hay demasiado pus en el cuerpo político de su gobierno. El pus de un correísmo maliciosa y sabiamente incrustado en el poder. 

Año nuevo, vida nueva, se dice en medio de la alegría de haber llegado al inicio de otro año. Pero la vida nueva no cae del cielo como el maná en el desierto. ¿Qué cambios radicales y auténticos se ha propuesto el presidente Moreno en su política social y económica? ¿Qué cambios ha provocado en su equipo de trabajo? ¿Qué nuevas políticas sociales ha anunciado para el segundo tramo de su gobierno?

Voz que incesante con el mismo tono / canta el mismo cantar. El Uno de enero es una herida roja en el calendario histórico clavado en el cuerpo del país que se mueve como producto de una inercia atávicamente enfermiza. Como la justicia que cacarea sin cesar que ya ha puesto el huevo de la redención judicial en el país. ¿En dónde están los grandes estafadores y ladrones que en el correísmo se alzaron impúdicamente con el santo y la limosna? ¿Y el mismo Correa que, protegido por un mar de impunidades políticas y jurídicas, sigue proclamándose sabio y santo? 

Lo perverso del correísmo está en todas partes. Todos lo saben y todos lo ven. Pero tal vez, menos Moreno. ¿Ha pensado el presidente en el sistema educativo tan perversamente reorganizado por los sabios correístas? Posiblemente no cuando entre sus colaboradores estuvieron y están sus autores, cómplices y encubridores. Un sistema en el que ya no cuenta el deseo de un muchacho o de una chica para seguir una carrera universitaria sino un puntaje arbitrariamente designado. Esa ley de educación es claramente mefistofélica. Presidente, haga algo bueno: deróguela de una vez por todas.

El Alma que ambiciona un paraíso / buscándole sin fe. No renunciamos al bienestar. Pero a Moreno ni le van ni le vienen la angustia, la desesperación y el desasosiego de las nuevas generaciones que ven frustradas sus aspiraciones y esperanzas. El camino al desastre está asfaltado con buenas intenciones. 

Año nuevo vida nueva. Un reto para todos. Pero en especial para el gobierno que no puede seguir nadando en su propio estanque sin entender y atender lo que acontece fuera de él.

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