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30 de Septiembre del 2019
Ideas
Lectura: 6 minutos
30 de Septiembre del 2019
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Obvio: el oro vale más que el agua
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Qué duro y espantoso reconocer que el lugar en el que existe la vida, quizás el único en el universo, ese lugar podría convertirse en inadecuado o imposible para la sobrevivencia. Es decir, en algún momento de nuestro tiempo, no del tiempo cósmico, el medioambiente se podría volver no solo absolutamente inadecuado, sino opuesto a la sobrevivencia.

No todo comenzó en Estocolmo. Sin embargo, de entonces acá, el tema del medioambiente representa uno de los más importantes de la contemporaneidad. Salvar al planeta se ha convertido en uno de los objetivos fundamentales de la política y del discurso mundial. Y la aclaración es tanto más importante cuanto más afligida y enferma está nuestra Tierra. Los ecologistas no hablan nada bien de su salud. Todo lo contrario, quieren llevarla de urgencia a terapia intensiva.

Es duro reconocerlo, pero no hay alternativa: nuestro planeta se halla gravemente enfermo. No va a morir mañana. Pero si las condiciones no cambian, el diagnóstico seguirá siendo nada halagüeño: sí, corre el riesgo de morir mañana, sabiendo que, cuando hablamos del cosmos, ese mañana podría significar unos pocos siglos. Pero hasta que llegue ese día fatal, es preciso reconocer que el ahora implica una auténtica agonía. 

Qué duro y espantoso reconocer que el lugar en el que existe la vida, quizás el único en el universo, ese lugar podría convertirse en inadecuado o imposible para la sobrevivencia. Es decir, en algún momento de nuestro tiempo, no del tiempo cósmico, el medioambiente se podría volver no solo absolutamente inadecuado, sino opuesto a la sobrevivencia.

En esta última Asamblea General de la ONU se ha vuelto sobre el tema: ¿rasgadura de vestiduras y llanto de plañideras? Qué grave que no sea nada más. Sin duda nuestro presidente retornará sonriente, a lo mejor dé un informe a la nación sobre la Asamblea. También hablará sobre la necesidad de salvar a la Tierra. Y luego se enfrascará en los problemas cotidianos del país y del poder y, a renglón seguido, su “gran preocupación” por la Tierra pasará a formar parte del infinito cementerio de las buenas intenciones. 

El Amazonas, los grandes y pequeños ríos de nuestra América se hallan contaminados. Lagos y lagunas, ríos y vertientes se disecan aceleradamente. Lagunas que propositivamente se han dejado invadir por la totora (Colta) porque la totora da trabajo y produce dinero. Allí nadie quiere entender que si secan y contaminan lagos y lagunas. Si se secan y contaminan los ríos y los campos y lo pueblos, se disecan el país, el continente, la Tierra.

QUÉ DURO Y ESPANTOSO RECONOCER QUE EL LUGAR EN EL QUE EXISTE LA VIDA, QUIZÁS EL ÚNICO EN EL UNIVERSO, ESE LUGAR PODRÍA CONVERTIRSE EN INADECUADO O IMPOSIBLE PARA LA SOBREVIVENCIA. ES DECIR, EN ALGÚN MOMENTO DE NUESTRO TIEMPO, NO DEL TIEMPO CÓSMICO, EL MEDIOAMBIENTE SE PODRÍA VOLVER NO SOLO ABSOLUTAMENTE INADECUADO, SINO OPUESTO A LA SOBREVIVENCIA.

¿No van, acaso, a los ríos las aguas servidas de muchos pueblos de sierra, costa y oriente? ¿Acaso se ha dado suficiente importancia desde los poderes a la lucha de ciertos alcaldes que se oponen a que se exploten minerales, incluido el oro, en espacios cercanos a las fuentes de agua? 

Por supuesto que no. Económica y políticamente más pesa un kilo de oro que una fuente que no ha cesado de verter agua siglo tras siglo. Así es la aritmética del absurdo y de la inconciencia social y política. Por eso se refuta y hasta se desprecia a alcaldes o prefectos (Cuenca o Girón) que, con su amor al agua, se convierten en rémoras del desarrollo de los pueblos que mañana sufrirán de sed. ¡Pero qué importa la sed de mañana cuando hora los bolsillos están lleno de oro! 

En la Asamblea General de la ONU todos ponen el grito en el cielo por la calamitosa situación de la Tierra. Pero a esa Asamblea no fueron invitados ni azuayos ni cañarejos ni imbabureños ni manabitas a denunciar que sus fuentes de aguas y sus ríos se contaminan a vista y paciencia del poder. Más aun, que alcaldes y otras autoridades de esos pueblos tienen amenazas de muerte. De este poder que, cuando entre en razón, ya no tendrá agua para lavar sus manos y su conciencia. Total, hay sustancias sintéticas que cumplen el mismo fin, y hasta mejor, porque incluso dejan manos y conciencias perfumadas. 

Quizás en un corto tiempo, el agua pasará de moda y dejará de ser necesaria. Cámaras de un nuevo gas se encargarán de nuestro aseo y el de las cosas. En los inmensos espacios que dejarán los mares, se levantarán espectaculares rascacielos con piscinas llenas de una sustancia parecida al agua. Desde luego, ya nadie morirá ahogado. También así el Estado se ahorrará millones de dólares. No hay mal que por bien no venga. 

¿Insano pesimismo? Quizás no. Tan solo un llamado de atención a todas las autoridades del país a que ni coloquen ni permitan que otros pongan en la misma balanza el valor económico y privado del oro y el valor universal del agua. El planeta se seca. Y nadie puede permanecer con los brazos cruzados, en especial quienes ahora ejercen el poder. Ha llegado el momento de desenmascarar a todos aquellos que se burlan de la importancia económica de una fuente de agua frente a la riqueza que ofrecen las minas de oro. 

Si no se preserva el agua, todos los discursos sobre el cuidado del medio ambiente no serán sino una burda charada. El ecologismo no constituye una charada. Y el cuidado de la naturaleza debería constituir una de las preocupaciones fundamentales del poder: presidencias, alcaldías, jefaturas provinciales, juntas parroquiales, colegios y universidades. Y también de la familia.

[PANAL DE IDEAS]

Alfredo Espinosa Rodríguez
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