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3 de Octubre del 2016
Ideas
Lectura: 9 minutos
3 de Octubre del 2016
Gonzalo Ortiz Crespo

Escritor, historiador, periodista y editor. Ex vicealcalde de Quito. 

Paco Moncayo, esperanza de un Ecuador democrático
La diversidad que se escenificó en la plaza Belmonte refleja que el Ecuador no puede ser uniformizado. Que hay mucho más que pugna por surgir, para cambiar el país. Que la sociedad civil sobrevive, y no pudo ser pulverizada por la maquinaria correísta. Y la fuerza de esta coalición está en su decisión de que, sabiendo que hay diferencias, estas pueden quedar aparcadas para crear un país en que reine la confianza y la paz, la tolerancia y el respeto, la verdad y la solidaridad… y no la bronca, el insulto, la improvisación, la mentira y el caos económico.

La proclamación este primero de octubre del general Paco Moncayo como candidato de una amplia coalición de partidos y movimientos políticos nacionales y locales, confederaciones obreras, de mujeres, indígenas, negros, y organizaciones de la sociedad civil, constituye un hecho que, si no estuviera tan manido el término, habría que calificar de histórico, pues es la primera vez que existe un consenso tan amplio en torno a una candidatura.

Podrá decirse que la de Rafael Correa, en 2006, tuvo el apoyo de Pachakutik y del Movimiento Popular Democrático, y que diez años antes, la de Freddy Elhers, en 1996, tuvo la de Pachakutik y la Izquierda Democrática, y ambas son afirmaciones verdaderas. Pero jamás, en ninguna elección nacional estuvieron unidas las tres fuerzas: Izquierda Democrática, Pachakutik y Unidad Popular, nuevo nombre que acoge a la antigua militancia del MPD. Además, nunca como en esta ocasión, los principales movimientos sociales habían decidido tener un protagonismo político detrás de una candidatura única.

En efecto, las centrales sindicales y campesinas de todas las vertientes optaron por pronunciarse por Moncayo, como lo hicieron el sábado el Frente Unitario de los Trabajadores (FUT), el Frente Popular, la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) y la Unión Nacional de Educadores (UNE). Fueron sus dirigentes, Pablo Serrano, presidente de la Confederación Ecuatoriana de Organizaciones Sindicales Libres (Ceosl) y presidente de turno del FUT; Roxana Palacios, presidenta de la UNE; Jorge Herrera, presidente de la Conaie, quienes proclamaron su respaldo a Moncayo, en un acto emotivo en que banderas de todos los colores flamearon juntas.

A ellos se unieron en los discursos Solanda Goyes, coordinadora de Nosotras por la Democracia y los tres precandidatos a la presidencia que cedieron posiciones para llegar a la unidad, dentro del Acuerdo Nacional por el Cambio: Wilma Andrade, presidenta nacional de Izquierda Democrática, Lenin Hurtado, precandidato por Unidad Popular y Lourdes Tibán, precandidata por Pachakutik. También otros movimientos se hicieron presentes en la plaza Belmonte, como Renovación Socialista, Montecristi Vive, Movimiento Revolucionario de los Trabajadores, Democracia Sí, el Frente Radical Alfarista, colectivos como Mujeres por el Cambio, federaciones como la FEUE y organizaciones provinciales y cantonales como los movimientos Vive y MASS (Pichincha), Pueblo Positivo (Guayas), Convocatoria (Loja), Vivir Bien (Cotacachi), Integración Democrática (Carchi), Partido Humanista y otros.

Fue el ex precandidato presidencial Enrique Ayala, como coordinador del Acuerdo Nacional, quien instaló la convención, y luego de los pronunciamientos de los distintos oradores, preguntó si es que se aceptaba el compromiso de continuar la alianza, de hacer listas conjuntas en las provincias, de inscribir un solo candidato presidencial con los números de todos los partidos de la alianza y, finalmente, si es que se proclamaba a Paco Moncayo como candidato por consenso. Fue muy emotivo el momento en que Ayala le entregó a Moncayo la bandera del Ecuador, diciéndole que así como había llevado esa bandera al triunfo en el Alto Cenepa, la llevara al triunfo el 19 de febrero próximo.

Moncayo es un hombre que concita así las esperanzas del centro hacia la izquierda y, en realidad, casi nadie podía haberlo logrado como él. Porque la principal característica de Moncayo es ser hombre profundamente democrático, convencido de la democracia como ideal y también democrático en los hechos, en la forma de gobernar. Hombre de diálogo, como lo mostró en sus dos períodos en la alcaldía de Quito, donde ante los inevitables conflictos que surgen en la administración local, siempre empleó la palabra como mecanismo de solución.

Justamente en el discurso de aceptación subrayó el hecho de que “Paco es democracia”, de que su candidatura es el resultado de la democracia y que busca rescatar la democracia y la tolerancia perdida en el Ecuador. Se refirió a la democracia en el hogar, en el barrio, en el territorio y en el país. Paco Moncayo es, además, el hombre mejor preparado para dirigir el Ecuador este momento. Tiene una amplia formación, no solo en la carrera militar sino en la académica, profesor como es de Geopolítica en la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Central, munido del doctorado que ostenta, a lo que se suma su constante estudio.

Cualquiera que haya estado cerca de él puede dar fe de que está al día en lo concerniente a las ciencias sociales y políticas, pues no deja de leer los libros más recientes sobre gobierno, administración pública, economía, sociología, poder, manejo de conflictos. Y no solo que los lee, sino que ha escrito sobre esos temas, libros de peso, no ensayos a la ligera. Moncayo es, además, un hombre honesto, como se ha probado una y otra vez en su manejo de la cosa pública.

La infame campaña de sus enemigos de la derecha más recalcitrante, unidos de manera repugnante con elementos de Alianza País, para acusar a Moncayo y a quienes estuvimos con él en la decisión de concesionar el nuevo aeropuerto de Quito, se cayó al fin y al cabo, a pesar de arteras maniobras, por falta absoluta de sustento. Incluso la renegociación del contrato, realizada por la siguiente administración, sirvió de manera estupenda para que brillara la probidad y acierto del primer contrato, pues lo único que Augusto Barrera y los correístas lograron fue aumentar los costos de manera desproporcionada, tanto que hoy tienen que dar explicaciones a la Contraloría General del Estado. Cuán grande e inexplicable será la diferencia en contra, que hasta esta Contraloría selectiva y cómplice ha tomado finalmente cartas en el asunto.

Como bien se dijo el sábado, en este candidato y en el Acuerdo Nacional por el Cambio está la semilla del nuevo Ecuador. De ese Ecuador de democracia, de libertad, de trabajo que tanto anhela su población y que no ha visto cristalizarse en un régimen, que nació apoyado por muchos de estos actores a los que traicionó a la vuelta de la esquina. El Acuerdo demuestra la capacidad de unidad que reside en el centro y la izquierda para recuperar la democracia y las libertades. Esta alianza tiene la posibilidad de abrir las puertas para el verdadero protagonismo de las mujeres, de los hombres, de los jóvenes para la definición del contenido de las líneas económicas, de las leyes y las instituciones; de una manera distinta al caudillismo, la imposición, la obligación del silencio y de alzar obedientemente las manos que se ha vivido en los últimos diez años.

La diversidad que se escenificó en la plaza Belmonte refleja que el Ecuador no puede ser uniformizado. Que hay mucho más que pugna por surgir, para cambiar el país. Que la sociedad civil sobrevive, y no pudo ser pulverizada por la maquinaria correísta. Y la fuerza de esta coalición está en su decisión de que, sabiendo que hay diferencias, estas pueden quedar aparcadas para crear un país en que reine la confianza y la paz, la tolerancia y el respeto, la verdad y la solidaridad… y no la bronca, el insulto, la improvisación, la mentira y el caos económico.

Por fin amplios segmentos de la población tienen por quién votar. Las encuestadoras dicen que 60% de los votantes no tienen aún decidido por quién hacerlo. Este amplio abanico de fuerzas les presenta una propuesta sólida, un candidato probo y probado, equilibrado, sereno, conocedor, tolerante, democrático, progresista, con capacidad de conducir. Como he dicho varias veces, Moncayo es de las pocas personas con que me he topado en la vida que tiene una verdadera mirada estratégica, capaz de ver todo el panorama, concentrarse en lo más importante sin descuidar los otros elementos que juegan en la coyuntura. Por eso, Moncayo es un candidato en el que se puede confiar y el Acuerdo Nacional por el Cambio un experimento de proyección indiscutible en la historia nacional.

[PANAL DE IDEAS]

Alexis Oviedo
Fernando López Milán
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Alfredo Espinosa Rodríguez
Wilfrido H. Corral
Santiago M. Zarria
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