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21 de Enero del 2014
Ideas
Lectura: 6 minutos
21 de Enero del 2014
Fermín Vaca
Periodista político. Es editor de PLANV. Ha trabajado en los principales periódicos de Ecuador en la cobertura de política y actualidad. 
De palacios y plataformas
Pues bien, constituido que estuve en el edificio judicial -provisional, me aseguraron- del norte de Quito, donde no tuve ni donde estacionar el auto, procedí a indagar por qué razón aparecía en mi "prontuario" en la Internet dos veces un juicio que lleva años archivado y recontraprescrito.

Me tocó ir, a los años, a los juzgados y tribunales de esta Patria lustrosa. Como sabía por cultura general de la demolición de ese horroroso edificio llamado "Palacio de Justicia" que de Palacio no tenía nada y, me cuentan, de justo menos, busqué en internet la dirección de los edificios que, entiendo, son provisionales para albergar a los juzgados de primera instancia. 

Que conste que digo que,  conociendo los afanes constructivos de esta Patria lustrosa, de este Milagro ecuatoriano, asumo que las actuales ubicaciones de los juzgados de la República en Quito son provisionales; pues apuesto que deben estar construyendo algún complejo de edificios públicos -"plataforma" que dicen en el castellano oficial, que le asigna nuevos significados a las palabras aunque no sean correctos, con tal de ser creativos- de aquellos que estimulan la autoestima de los ecuatorianos, con los adecuados espacios y servicios tales como  oficinas, salas de audiencia, salas de espera, cafeterías, áreas verdes, fuentes  y parques, capilla para arrepentirse de los delitos cometidos, archivos, parqueaderos, y -quién sabe- hasta celdas para quienes esperan sus audiencias, como hay en muchos países de la región.

Qué conste, porque como andan de moda las cartas furibundas y llenas de errores de gramática y ortografía -pero, eso sí, con la base legal pertinente muy bien citada- no me obligue alguien a rectificar. 

Pues bien, constituido que estuve en el edificio judicial -provisional, me aseguraron- del norte de Quito, donde no tuve ni donde estacionar el auto, procedí a indagar por qué razón aparecía en mi "prontuario" en la Internet dos veces un juicio que lleva años archivado y recontraprescrito. 

Y, como en los viejos tiempos del "Palacio de Justicia", me tocó andar de piso en piso -el ascensor no funciona- en un edificio más bien modesto, más bien viejo, más bien sucio, donde nadie -a lo sumo un guardia comedido- da razón de dónde pregunta uno a ver si lo orientan.

Hasta dar con la secretaría de la judicatura a dónde había ido a parar la causa; donde uno no necesita imaginar mucho para pensar qué así deben haber sido los tribunales de la Real Audiencia de Quito: una montaña de expedientes sobre los escritorios, cosidos con piolas, a los cuales les ponen unas carátulas escritas a mano. Una oficina llena de cajas de color blanco, que -parece- contienen más papeles.  Ni más ni menos que en tiempos coloniales. Así -cosidos a mano- se ha de haber llevado Eugenio Espejo sus alegatos al Virrey de la Nueva Granada.

Ensayando una sonrisa, y el tono más dulzón y empalagoso del que dispongo, procedí a preguntar -a las profesionales del Derecho a cargo de dicha oficina de nostalgia colonial- la razón, motivo o circunstancia por la cual, aparezco en Internet demandando el doble de veces de lo que me corresponde. Procedieron a indicarme las funcionarias que no es que me han vuelto a demandar, no, sino que en lugar de poner más juzgados, esta Patria lustrosa ha suprimido dichas oficinas. Y claro, en estricto cumplimiento de la ley, los expedientes de mi desaparecido juzgado tienen que ir a la custodia de alguien, en este caso, otro juez a quien le han llegado por resorteo, motivo por el cual han vuelto a ingresar la causa con otro número y fecha del 2014, dando la errónea impresión de que la demanda es nueva.

¿Por qué razón la Patria lustrosa y milagrosa ha suprimido los juzgados y amontonado los papeles en el lamentable edificio provisional de la justicia? No sabían las señoras funcionarias las razones. Pero, en todo caso, tampoco tenían la culpa -afirman- de que mi "prontuario" en la red se haya duplicado -con el evidente perjuicio que ello me puede ocasionar- pues "así funciona el sistema".

Tienen razón: así funciona. Siguen cosiendo papeles con piola, escribiendo carátulas a mano, amontonando legajos de papel sobre los escritorios como cerros de leguleyadas. Así funciona: si el mismo juicio pasa de la primera instancia a la segunda y de esta a la tercera, en la Internet, en lugar de aparecer un solo proceso aparecen tres, pues le cambian de número y código.

¿No será mejor ponerles un código único? ¿Un código de barras, por ejemplo, a todos y cada uno de los papeles del mismo juicio en todas las instancias? ¿No será mejor que la oralidad que, supuestamente, está vigente en materia penal y laboral, por lo menos, consista en reducir el papeleo? 

Pero como yo no soy de esos que no creen en el Milagro ecuatoriano -en estos tiempos en que todo lo están reduciendo a cuestiones de fe-  tras agradecer a la señoras profesionales del Derecho su sincera y contundente explicación, salí del provisional y poco palaciego Palacio de Justicia, esperando que en los años milagrosos que nos esperan inauguren pronto la "plataforma" judicial. 

 

 

 

 

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