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8 de Febrero del 2021
Ideas
Lectura: 5 minutos
8 de Febrero del 2021
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

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Las autoridades electorales prometieron un proceso en el que se garantizaría de manera plena la seguridad de los electores. Pero del dicho al hecho hay mucho trecho.

Han sido unas elecciones azarosas. El coronavirus se ha convertido en una suerte de personaje demasiado real y, al mismo tiempo, demasiado fantasmal al que muchos a no ha sido posible hacerle el quite para cumplir con el deber de sufragar. Para sufragar, la ciudadanía ha tenido que hacerle el quite, colaborado con las estrategias de seguridad. Pero no faltaron aquellos que, desde siempre, no pueden vivir en paz consigo mismos si no reman al revés de la norma. A estos, las medidas les importó nada. Porque para ellos, la existencia es siempre plana e inequívoca.

Elecciones absolutamente atípicas. El proceso electoral, desde su inicio, estuvo y sigue estando atravesado por dudas y temores. Ya se sabía que las cosas serían, en buena medida, atípicas. El Covid no es tan solo un fantasma que asusta, sino una realidad que exige innumerables medidas de protección para evitarla. Hay que salvar la salud y la vida.

Las autoridades electorales prometieron un proceso en el que se garantizaría de manera plena la seguridad de los electores. Pero del dicho al hecho hay mucho trecho. En primer lugar, muchas mesas electorales no iniciaron a recibir el voto de manera inmediata. Muchísimas, a la hora prevista, ni siquiera estaban integrada y peor, ya listas con todo el material para dar comienzo al proceso. Y no siempre hubo el distanciamiento previsto.

Se dieron serias demoras que atentaron en contra de la seguridad ciudadana. Por ende, los votantes debieron esperar hasta una hora para sufragar. En esa hora, se acumularon los votantes y se acrecentaron los riesgos de contagio.

Por supuesto, de esto no dirán nada las autoridades responsables. Sin embargo, el tema de la protección social es algo que les incumbe de manera directa. ¿Cómo no tomarlo en cuenta cuando está por llegar la segunda vuelta?

Con el triunfador, los dineros ya invertidos en las campañas no se perderán. Al revés, volverán a los bolsillos de los generosos que apoyaron la candidatura, pero multiplicados con los índices que la corrupción permite, es decir, sin medida.

Sin embargo, el tema fundamental en estas elecciones ha sido la compra del voto realizada, de manera particular, por el candidato que estaría con la ganancia de la primera vuelta en el bolsillo. Si las cosas siguen como están, es muy probable que aumente el monto de lo ofrecido para asegurarse el triunfo final.

Con el triunfador, los dineros ya invertidos en las campañas no se perderán. Al revés, volverán a los bolsillos de los generosos que apoyaron la candidatura, pero multiplicados con los índices que la corrupción permite, es decir, sin medida. Entonces aparecerán los milagros que hace la santa corrupción. Entonces volverán a asomar en las promesas: puentes sobre ríos inexistentes, hidroeléctricas que nunca funcionarán y hasta escaleras para llegar al cielo. Pero También podrían desaparecer nuevamente los radares para que los traficantes puedan trabajar sin sobresaltos de ningún orden.

Con dolor y vergüenza, no resta más que reconocer que la política del país se mueve en estos espacios en los que gobierna la corrupción de manera absoluta. Ofrecer dinero a los votantes es una forma clara e inapelablemente perversa de hacer política perversa. Si de esta manera se obtiene la presidencia de la república, ¿cómo no pensar que los manejos políticos y económicos del país serán igualmente manejados desde la corrupción?

Finalmente, reconocer el poder de Correa que ha manejado la campaña de su candidato hasta llevarlo casi ad portas de la presidencia. ¿Cómo no dejar de pensar en la posibilidad de que alguien que posee una sentencia penal en sus hombros viva y actué más libre y eficientemente que los honrados?
Con este maestro, es altamente riesgoso que, en la segunda vuelta, las ofertas económicas de campaña, no solamente se mantengan, sino que incluso se incrementen considerablemente. Si con los dineros ofrecidos ya se consiguió un primer triunfo, ¿cuánto habrá que ofrecer para el triunfo final?

 

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