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19 de Enero del 2016
Ideas
Lectura: 4 minutos
19 de Enero del 2016
Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

“Pax Correísta”
Sudamérica tiene su propio periodo de paz autocrática. Desde la llegada del socialismo del siglo XXI, con un discurso pronunciado por el fallecido Hugo Chávez en el Foro Social Mundial de 2005, otros presidentes de la región han promovido con entusiasmo el personalismo autoritario, la ilimitación en el ejercicio del poder y la vulneración de las minorías, con excelentes resultados.

La Pax Romana es un periodo histórico de estabilidad. Duró doscientos años desde la tercera década antes de la era cristiana en el imperio homónimo asentado al rededor del mar mediterráneo. Inició con el emperador César Augusto desde la derogación de la república romana y la imposición del personalismo autocrático. Coincide con la Pax Sinica en el continente asiático, ambos periodos de pacificación interna impuesta por el autoritarismo y la persecución.

Sudamérica tiene su propio periodo de paz autocrática. Desde la llegada del socialismo del siglo XXI, con un discurso pronunciado por el fallecido Hugo Chávez en el Foro Social Mundial de 2005, otros presidentes de la región han promovido con entusiasmo el personalismo autoritario, la ilimitación en el ejercicio del poder y la vulneración de las minorías, con excelentes resultados.

El chavismo y el kirchnerismo después de 16 y 12 años de dominio hegemónico se despidieron el año pasado de su superioridad. En Venezuela el oficialismo se conformó con un tercio de la representación legislativa, mientras que en Argentina la presidencia de la nación pasó a la oposición. 

En Ecuador, el correísmo celebró el sábado pasado sus nueve años de hegemonía en el peor momento para su caudillo. En diciembre pasado la reprobación al presidente Rafael Correa ascendió al 51%, según Cedatos. Esto después de asumir el poder en el 2007 con el 68% de popularidad. Pero entre julio y diciembre del año pasado las cifras descendieron 20 puntos en las encuestas. Esto significa que el 60% de ecuatorianos que votaron por el presidente Correa, hoy reprueban su gestión.

Lo mismo puede decirse del poder legislativo dominado por el correísmo. En el último informe del Latinobarómetro de 2015 se refleja que solo el 23% de los ecuatorianos se siente representado por la Asamblea Nacional, además de que el 53% desaprueba su gestión y el 64% duda de la palabra de los asambleístas, según Cedatos.

Si los números están en contra de estos personalismos autocráticos ¿qué es lo que los sostiene? Como en la época de los césares romanos, subsisten de una agresiva propaganda oficial que induce a las grandes mayorías a creer que necesitan de un gobierno perpetuo dirigido por uno solo, por un mesías con poderes que no se someten a ningún tipo de limitación al promulgar y modificar a su antojo las leyes.

A esto se adiciona la moderna trampa electoral que atribuye más escaños asamblearios con menos votos. Así fue como el correísmo logró apropiarse del poder legislativo con 100 de 137 puestos legislativos, en lugar de los 71 que le correspondían. Esto permitió al ejecutivo legislar más que la propia Asamblea, reformar la constitución y posibilitar la derogación de la fiscalización y la perpetuación en el poder a espaldas de los 8 de cada 10 ecuatorianos que pedían una consulta, según las encuestas. 

A la muerte del emperador romano Marco Antonio, en el ocaso de la pax romana, ascendió al poder su hijo Cómodo. Emborrachado por el poder y por una paranoia incontrolable, Cómodo llevó al imperio a una de sus peores crisis. Sus ostentosas fiestas, el derroche de los recursos públicos y su amor por el conflicto sirvieron para que el Senado lo declarara enemigo público de Roma y lo destituyera del cargo.

El periodo de estabilidad ficticia en la región está en decadencia. En Ecuador, el fracaso del modelo económico, los inmerecidos aires de grandeza románica, la reconocida vanidad del caudillo, la desesperación por conservar el poder y los abusos en su ejercicio podrían llevar al colapso del sistema político y a anticipar las elecciones. Quedan pocas dudas que a esta “pax correísta” le urge una transición democrática.

Síguelo en Twitter: @ghidalgoandrade

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