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1 de Agosto del 2016
Ideas
Lectura: 10 minutos
1 de Agosto del 2016
Patricio Moncayo

PhD. Sociólogo. Catedratico universitario y autor de numerosos estudios políticos.

Pensar el “día después”
Seguimos jugando a lo que venga; “ganemos y después veremos”; sigue imperando la improvisación, el inmediatismo, la apuesta al péndulo, a los asesores de imagen, a que haya segunda vuelta electoral. Se sigue invocando las ideologías, cuando hay una gran crisis en este terreno.

El tema gira en torno a si va a ganar el país con el triunfo de un candidato de oposición, cualquiera que éste sea; los precandidatos en este flanco apuestan al desgaste de Correa, pero no han logrado articular una propuesta alternativa que “atrape” el corazón de los electores y que apunte más allá de las próximas elecciones.

Echar abajo todo lo hecho por Correa ¿puede suscitar en el electorado la adhesión mayoritaria de un pueblo agobiado por el desencanto de un proyecto que se quedó a mitad del camino, pero que sembró esperanzas y deja obras que le dieron a este electorado satisfacciones que gobiernos pasados no le habían dado?

Además del cálculo electoral ¿qué garantía ofrece la oposición para que “un día después” de la victoria, la crisis no se agrave? 2014, si bien marcó un giro en la correlación de fuerzas, los alcaldes que triunfaron no han sido capaces de hacer una obra que les diferencie de Correa. El desencanto, por este lado, también avanza. Lo que vemos en Argentina no luce atractivo para una población que se acostumbró al asistencialismo estatal.

Las invocaciones a la “unidad” tampoco se corresponden con la realidad y no se traducen en una propuesta programática que merezca ser reconocida y apoyada.

Siguen los cabildeos, las apuestas micropolíticas, los juegos de las encuestas, el marketing, nada que señale un horizonte claro y de esperanza. El peligro, más bien, es regresar a lo mismo; a ese pasado que le dio a Correa “razones” para “refundar” el país.

El gran consuelo es que también Correa ha fracasado; que su gobierno le ha sumido al país en una crisis aguda, y no sólo por la caída del petróleo ni la apreciación del dólar, sino por sus desaciertos administrativos y de gestión. Pero el escenario para el próximo gobierno es muy complejo. Al propio Correa no le gustaría hacerse cargo del gobierno en esas condiciones. Y dentro de sus filas, de las filas de Alianza PAÍS, las cosas no se presentan mejor que por el lado de la oposición. También ellos están enfrascados en una disputa por el poder entre los delfines de Correa y con el propio Correa; él necesita asegurarse que quién le suceda le cubra las espaldas.

Creo que el país se encamina hacia una difícil encrucijada.

Los partidos políticos no han madurado; siguen absorbidos por la lógica electoral, y no se están preparando para cuando accedan al poder, de ser ese el caso; mientras, por otro lado, el Consejo Nacional Electoral les “amarra” y crea condiciones desiguales para la participación de los “actores” políticos en la campaña electoral. No hay certeza, pues, de una lid electoral justa y transparente.

Seguimos jugando a lo que venga; “ganemos y después veremos”; sigue imperando la improvisación, el inmediatismo, la apuesta al péndulo, a los asesores de imagen, a que haya segunda vuelta electoral. Se sigue invocando las ideologías, cuando hay una gran crisis en este terreno. No son claras las líneas divisorias entre las “unidades” que se anuncian. En ellas hay muchas mezclas. Del feroz sectarismo que nos deja de legado Correa, emerge, como reacción, el desplazamiento al “todo vale”.

¿Será capaz la derecha y la izquierda de llegar a un acuerdo sobre el tipo de ajuste económico que el gobierno entrante se verá obligado a adoptar?¿Estará en su mira pensar cómo palear el descontento popular de implantarse un ajuste tipo Macri?

¿Cómo evitar que el manejo de la crisis económica por el gobierno entrante abone el terreno para un retorno triunfal de Rafael Correa en dos años o en el 2021?

Un punto escabroso es el de la gobernabilidad; con una Asamblea fragmentada ¿será posible llegar a un acuerdo de gobernabilidad? Pasar de una gobernabilidad, sustentada en el control de la Asamblea por el Ejecutivo, a una gobernabilidad sujeta a las “mayorías móviles” ¿le dará a ésta solidez suficiente?¿tendrá mayoría la oposición en la Asamblea como para evitar la famosa “muerte cruzada”?

La relación entre estado y mercado está en el tapete; con Correa se distorsionó el papel del Estado y se simuló un “retorno del Estado” que no fue tal.

¿Deberá el Estado dejar que, en el próximo gobierno, el mercado “raye la cancha” del juego? Cuando se habla de la crisis del modelo ¿se está proponiendo volcarse a la privatización? La reducción del tamaño del Estado ¿implica quitarle al Estado su facultad de intervenir en el diseño de las reglas del juego social? ¿deberá el Estado desentenderse de cómo esas reglas se aplican, de “la estrategia del juego mismo”?

Lo que, sin duda no cabe, es que el Estado suplante a los jugadores en el campo de sus actividades económicas, políticas, culturales, comunicacionales. Se debe repensar el tipo de Estado para que cumpla un papel directivo en el buen sentido del término; sin excesos regulatorios, pero tampoco dejando que “el pez grande se coma al chico”.

Los temas que a la oposición le movilizan ¿tienen el mismo valor para la población? ¿Se está tomando en cuenta a los sectores ciudadanos de la clase media, en especial los jóvenes, las mujeres, los ecologistas, a los campesinos abandonados por este gobierno, a los marginados urbanos y rurales? Hay amplios sectores de la población que no creen en las ideologías y que recelan de la política. Desde luego que también hay organizaciones sociales muy importantes en el sector laboral, en el indígena, en las organizaciones políticas más radicales, que sí valoran la ideología.

La ideología presupone un “intercambio de problemas”. Por ejemplo, en el debate acerca de la administración de la riqueza petrolera, el gobierno optó por el gasto público y no por el ahorro; sus críticos son partidarios del ahorro, que presupone austeridad. Los costos y beneficios en el uno y en el otro caso son diferentes. La valoración de éstos no es exclusivamente técnica.

La capacidad de gobierno es otro terreno descuidado por los partidos políticos y las organizaciones sociales. Los criterios de democracia no siempre compaginan con los de eficiencia y eficacia, por eso los políticos dan más valor a las encuestas que a la capacidad de gobierno. En el propio caso del presidente Correa, la opción de gastar que escogió en lugar de ahorrar, no estuvo sustentada en la planificación ni en la técnica. El gasto social se efectuó respondiendo a criterios políticos más que técnicos, lo cual generó otros problemas no previstos por el gobierno, como son los que estallaron con la baja de los precios del petróleo y la apreciación del dólar.

En un plan de ajuste tecnocrático, por otro lado, puede ocurrir lo contrario; salvaguardar los recursos, pero con cargo a los intereses y aspiraciones de los sectores laborales y sociales. El criterio técnico prevalece sobre el político.

Se requiere la formación de equipos técnicos y políticos bien cohesionados para dar soporte al próximo gobierno, en el entendido de que el futuro gobernante no sea caudillista ni presuma que lo sabe todo ni que su palabra es la ley.

El futuro del país está en juego, y ello no debe ser un “juego” en el que prevalezcan los intereses de unos pocos, de los que quieren subir y de los que esperan beneficiarse con la ayuda de los que lleguen al poder. Tampoco debe ser el gobierno de “una clase”, pues ello conduce a la implantación de regímenes autoritarios, bien sean de derecha o de izquierda.

Se debe instaurar la transparencia en el manejo de los recursos públicos, con rendición de cuentas efectiva, no simulada. La opinión pública debe jugar un rol fiscalizador y no puede ser suplantada por la opinión sectaria de una minoría apropiada de la voz oficial.

El país necesita, pues, reconstruir su institucionalidad; mostrar que es posible vivir en democracia; no en una democracia de papel, de mentira, de engaño. De eso también está cansado el pueblo. Los consensos no deben servir para repartirse el “pastel”, sino para encontrar soluciones equitativas a los grandes y graves problemas que afectan a las mayorías.

[PANAL DE IDEAS]

Francisco Chamorro
Mauricio Alarcón Salvador
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