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21 de Febrero del 2022
Ideas
Lectura: 10 minutos
21 de Febrero del 2022
Rubén Darío Buitrón
Periodismo lascivo
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El periodismo deportivo se desnudó de nuevo en sus oscuras estructuras donde, consciente o inconscientemente, quienes están a cargo de los medios de comunicación y quienes los dirigen dan por hecho de que el tema del fútbol profesional es un espacio que excluye a las mujeres.

Como lobos hambrientos, como hienas que deambulan por comida en el desierto, como bestias dejando caer su saliva al piso mientras buscan su siguiente presa para devorarla, los periodistas de un mediocre programa en el canal del fútbol mostraron al país su real nivel profesional (?) cuando agredieron a la única mujer que forma parte del elenco de este espacio, una mala copia de los programas de la televisión futbolística argentina.

Uno de los invitados al programa, el señor Mario Canessa, “honesto banquero, prestigioso dirigente deportivo y experimentado radiodifusor”, como dijeron de él quienes desde su propio machismo lo defendieron de la avalancha de críticas que recibió en redes sociales, fue el protagonista del acoso disfrazado de “piropo”.

Sin que hubiera ninguna razón para dirigirse a la chica, sin que ese momento existiera un contexto acerca de temas de morbo y pornografía, el honesto, prestigioso y experimentado macho que miraba atentamente a la presentadora, le preguntó que cómo hacía ella “para ser tan buena”.

En medio de las carcajadas y el alboroto de los seis integrantes del panel, dirigido por el periodista Carlos Víctor Morales, cuyo rol quedó absolutamente minimizado como conductor serio y maduro de un programa que llega a mucha gente, Nadia Manosalvas alcanzó a responder, con sonrisa forzada, “para ser tan buena gente”.

Semejante pregunta no bastó al grupo de machistas que, sin parar de reír y de gozar con la altanería del individuo de marras, le pidieron que repitiera la pregunta y este, con un gesto que denotaba triunfalismo luego de su ocurrencia, explicó a sus contertulios que él es “un hombre que dice las cosas de frente” y volvió al ataque.

Por segunda vez, sin tener conciencia de su falta de respeto a la dignidad femenina, preguntó a Nadia que cómo hacía “para ser tan buena”. Ella, casi sin aire, volvió a decir, en voz baja, “tan buena gente”, pero esta respuesta quedó silenciada por el nuevo aluvión de risas pícaras (morbosas, en realidad) de los participantes en el programa.

Cuando circuló en redes sociales ese fragmento del programa, muchos nos enteramos que existía un espacio así, un “show” en el que, supuestamente, los protagonistas y los invitados fingen debatir con enjundia y apasionamiento acerca de los repetitivos temas del fútbol nacional con argumentos pobres donde no reina la pedagogía ni la reflexión en beneficio de los espectadores, sino una comedia barata en la que la que, presuntamente, se espera que el televidente se divierta y goce con las ocurrencias de seis o siete machos acerca del chismerío futbolístico y farandulero.

El periodismo deportivo se desnudó de nuevo en sus oscuras estructuras donde, consciente o inconscientemente, quienes están a cargo de los medios de comunicación y quienes los dirigen dan por hecho de que el tema del fútbol profesional es un espacio que excluye a las mujeres

Miles de ciudadanos y ciudadanas (nunca mejor dicho) protestaron por lo ocurrido a Nadia Manosalvas. Las respuestas de los afectados (léase agresores y cómplices) fueron, esas sí, para reír. El piropeador, después de recibir el apoyo de previsibles periodistas, viejos políticos y ex dirigentes futboleros, salió a escena para argumentar que lo que estaba ocurriendo (la rabia desatada en su contra en las redes sociales) era parte de un complot o una conspiración para hacerle daño a su imagen.

Esa respuesta indignó más a quienes se solidarizaron con Nadia Manosalvas. La mayoría de personas que se indignaron por lo ocurrido exigieron en las redes que, por lo menos, el lascivo piropeador se disculpara con la chica frente a las cámaras de televisión y como corresponde a las reglas de la rectificación periodística, en el mismo espacio y a la misma hora que ocurrió el incidente.

Aquello no sucedió. Y quien salió a dar la cara fue el director del programa, Carlos Víctor Morales, quien apareció junto a Nadia, le entregó un minúsculo y esquelético ramo de flores (que demostró que, una vez más, en ese programa no se cuidan las formas) y trató de explicar el suceso como si hubiera sido un simple lapsus, no una actitud, y dijo algo parecido a que “si se hubiera incurrido en una ofensa a Nadia nunca fue planeado ni se lo hizo a propósito”.

Ella, en una actitud poco comprensible, dio por terminado el suceso con una serie de explicaciones que, en ningún momento, reclamaron por el comportamiento del piropeador y del grupo, sino que trató de echar tierra al asunto con una confusa explicación que, en pocas palabras, quería decir que “se trata de un show”, que “todos son buenos compañeros, respetuosos y amables” y que, en ningún momento, ella se sintió agredida.

No faltó quien interpretara las palabras de la señorita Manosalvas como la repetición de algo que le escribieron para que leyera en el telepromter y como una manera, un poco triste, de conservar su empleo.

Por segunda vez y en poco días, en el caso de Nadia, el machismo imperante en ese medio de comunicación se impuso sobre las penosas circunstancias en las que, al agredir a una mujer, se faltó al respeto a todo el género femenino del país.

El periodismo deportivo se desnudó de nuevo en sus oscuras estructuras donde, consciente o inconscientemente, quienes están a cargo de los medios de comunicación y quienes los dirigen dan por hecho de que el tema del fútbol profesional es un espacio que excluye a las mujeres, a pesar de que hace tiempo existe un campeonato mundial de balompié femenino oficializado por la FIFA y, hace tiempo también, algunos partidos importantes de las copas internacionales los conducen las mujeres como árbitros.

En las transmisiones de los encuentros, como todos podemos ver, a las chicas se las destina a cumplir las labores en el “borde del campo” y en la entrevista de costumbre a quienes jugaron mejor. Con escasísimas excepciones hay comentaristas, pero existe cero protagonismo en el relato de los partidos.

¿Por qué y cómo se llega a la conclusión de que solo los hombres pueden narrar un juego? Un medio que hiciera lo contrario podría ganar, a estas alturas, mucha audiencia.

El único proyecto serio que recuerdo en este país es de la radio La Luna, cuando la dirigía Luis Dávila, en medio de un ambiente de intensa creatividad y de novedosas propuestas.

En esa estación, la periodista deportiva Julia Estrella, de enorme experiencia y gran calidad profesional, fue la directora de un programa diario sobre fútbol y de las narraciones de los partidos más importantes que se jugaban en el estadio Atahualpa.

El programa, producido y conducido en su totalidad por Julieta y cuatro mujeres, duró más de dos años, pero luego no sé qué ocurrió cuando la radio cayó en manos de personas innombrables. Fue un proyecto audaz, como todo lo que hacía La Luna en los tiempos de Lucho Dávila.

No conozco otra experiencia similar. Pero sí puedo decir que, más allá de recoger estos proyectos que podrían dar nuevas perspectivas al periodismo deportivo ecuatoriano, ya es hora de que este género mediático madure, de que tenga su propia voz, de que a falta de contenido profundo no desvíen su misión de informar hacia caminos lascivos, circenses y faranduleros.

Además, hombres y mujeres que estamos en contra de la agresión a Nadia Manosalvas deberíamos aprovechar el momento y no dejarlo enfriar.

Que ninguno de mis lectores y ninguna persona digna y respetuosa de nuestro país permita que se hunda en la desmemoria este y muchos otros programas retorcidos que ocurren en la cotidianidad mediática, no solamente en la televisión sino en la prensa escrita y radiofónica.

Es hora de seguir los grandes ejemplos de cómo en otros países las mujeres han alzado su voz, han denunciado el acoso sexual sistemático y el chantaje laboral.

En 2016, Roger Alies, el todopoderoso presidente de Fox News estadounidense, cayó ante las contundentes denuncias de acoso sexual a prestigiosas periodistas y presentadoras de noticias.

Pocos años más tarde, el movimiento norteamericano Me Too, apoyado por importantes actrices de fama mundial, logró que Harvey Weinstein, uno de los más famoso productores de Hollywood, sea condenado a 23 años de prisión por violación y chantaje sexual a las estrellas de cine a cambio de entregarles roles importantes en sus películas.

El silencio no debe volver al Ecuador. Es imperativo estar atentos a sucesos como este, a pesar de que sus protagonistas criollos intenten esconder la basura bajo la alfombra.

[PANAL DE IDEAS]

Christian Escobar Jiménez
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Alexis Oviedo
Luis Córdova-Alarcón
Alfredo Espinosa Rodríguez
Consuelo Albornoz Tinajero
Fernando López Milán
Patricio Moncayo
Iván Flores Poveda
Carlos Rivera

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