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4 de Enero del 2021
Ideas
Lectura: 5 minutos
4 de Enero del 2021
Alfredo Espinosa Rodríguez

Magíster en Estudios Latinoamericanos, mención Política y Cultura. Licenciado en Comunicación Social. Analista en temas de comunicación y política.

Periodismo público: sobrevivencia entre solapados e insolentes
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Con una credibilidad dilapidada luego de haber gozado de las “mieles” del autoritarismo. ¿Se puede confiar en quienes quieren desembarazarse de su pasado presentándose a sí mismos como alternativa de lo público?

Salvo honrosas excepciones, no se puede reivindicar en el papel, en la pantalla o en la digitalidad lo que nunca existió en la práctica: el periodismo público. Aunque esto lo hagan los “intelectuales orgánicos” del expresidente prófugo de la justicia y sus periodistas, quienes coadyuvaron a fraguar el Estado de propaganda que gobernó el país durante una década de autoritarismo.

¿Quiénes son estas personas invitadas por algunos medios a dar “lecciones” de democracia? ¿Son defensores de los ciudadanos y de la comunicación como bien público? ¡No! En realidad son fanáticos y protectores de las vendettas organizadas por la extinta Supercom y la antigua Cordicom, para conseguir “publicidad gratuita” en favor de los funcionarios del gobierno de turno en los medios privados a través de las famosas réplicas y rectificaciones; pero también para sancionar y censurar a periodistas y dueños de medios con el afán de sacarlos de circulación y desacreditarlos en nombre de una “revolución” que hoy –gracias al periodismo de investigación– conocemos es sinónimo de delincuencia organizada y robo.

¿Cómo reivindicar lo público en el periodismo desde lo más rancio de sus prácticas correístas? Romantizar esa labor resulta sencillo cuando sus protagonistas –solapados– se alejan inescrupulosamente de la historia que los concibió como imagen y vocería agenciosa de un partido y su líder.

¿Cómo reivindicar lo público en el periodismo desde lo más rancio de sus prácticas correístas? Romantizar esa labor resulta sencillo cuando sus protagonistas –solapados– se alejan inescrupulosamente de la historia que los concibió como imagen y vocería agenciosa de un partido y su líder.

Con una credibilidad dilapidada luego de haber gozado de las “mieles” del autoritarismo. ¿Se puede confiar en quienes quieren desembarazarse de su pasado presentándose a sí mismos como alternativa de lo público? Parecería más bien que algunos esperan con ansias el triunfo del binomio de Correa para regresar victoriosos a los medios públicos. Entonces cabe preguntar. ¿Es este intento por re-significar el periodismo desde lo público un proyecto de bienhechores amantes de la profesión o tan solo un simulacro elaborado por quienes aspiran a regresar a sus antiguos espacios si gana la dupla correísta?

Pero no es todo. Quedan todavía quienes salieron por la puerta trasera de los medios privados y que en la actualidad, al amparo de un micrófono, hacen honor al puesto, dependencia y patrona que los contrató para reeditar, desde un medio de comunicación público, la práctica tóxica e insolente que embalsama en el mismo molde al periodismo y al partido como un solo cuerpo orgánico desde el cual se han defendido prófugos de la justicia y corruptos, bajo el slogan de “perseguidos políticos”, “revolucionarios” y “socialistas”; algunos acaudalados con dineros ajenos, hacedores de obras inconclusas y amigos íntimos de Odebrecht. Así se rearticula el correísmo desde un segmento del Estado que intenta hacer de los medios públicos una copia del periódico Granma o de Radio Rebelde, donde las libertades de pensamiento, expresión, opinión y prensa se encuentran secuestradas por la dictadura del partido.

Frente a este escenario copado por solapados e insolentes y con todos los reparos que pueden existir a los cuatro años en los que se intentó llevar a cabo una transición digna hacia la democracia, pese a las adversidades –económicas, sociales, políticas y laborales– causadas por un dispendioso manejo económico del país al que se sumó la crisis sanitaria provocada por la pandemia. Hoy los medios públicos y sus periodistas se re-democratizan, asumiendo el rol histórico que les confiere la nación en momentos delicados para la república, dejando en el pasado las consignas maniqueas de agitadores pendencieros y alza banderas.

La presencia de estos medios es una alternativa que contribuye a garantizar el derecho a la información de los ciudadanos.

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