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1 de Diciembre del 2019
Ideas
Lectura: 5 minutos
1 de Diciembre del 2019
Carlos Rivera

Economista, catedrático de la Universidad de Cuenca. 

Las perspectivas de la economía ecuatoriana
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Lo que más me preocupa es cómo estamos hipotecando las posibilidades de implementar políticas que no siempre son las más populares, al generarse una suerte de aceptación tácita de las presiones de los grupos sociales desde el 13 de octubre.

Antes de proyectar a dónde vamos, un buen diagnóstico de la economía ecuatoriana nos indica que tenemos tres grandes enfermedades:

• Un enorme y sistemático desequilibrio fiscal que le ha pasado factura al sector externo vía apreciación del tipo de cambio real; al sector real esquilmándole recursos y generando un ambiente de incertidumbre en torno a la magnitud y temporalidad del ajuste que se espera como el “Big One” en California, y retrasan naturalmente las decisiones de consumo e inversión; y, al propio sector financiero, o acaso podemos olvidarnos el uso alegre de la reserva internacional del Banco Central como segunda caja chica del gobierno central, o el efecto en la menor dinámica del sistema financiero por la propia recesión.
• Una fuerte anemia económica con altísimos costos en términos de empleo inadecuado, subempleo y desempleo que contrae la demanda y genera una especie de círculo vicioso.
• Demandas sociales insatisfechas en salud, educación, transporte público, saneamiento, seguridad social, y que representan un verdadero polvorín, tal cual lo pudimos palpar en octubre, y cuyos riesgos de escalamiento es de terror y espanto.

En el largo plazo la cura de una enfermedad ayuda a la de otra y no hay mayor drama; pero en el cortísimo plazo estos objetivos son mutuamente excluyentes y estamos en la disyuntiva de por dónde comenzar con una realidad lacerante: pocos recursos y grandes presiones sociales? En verdad, el peor de los escenarios para un gobierno que aparte de haber tardado tanto en recetarle al paciente y no ajustar más el gasto para alivianar la carga tributaria, va perdiendo dos tiros en menos de un mes. 

sigue la incoherencia por decir lo menos, y es que cómo se explica que propongamos eliminar el anticipo del impuesto a la renta por ir contra la inteligencia humana de cobrar sobre utilidades hipotéticas y no efectivas

El primer tiro se perdió en octubre con la eliminación de los subsidios y que diseñado de otra manera y sobretodo mejor negociado, podría haber atacado de muy buena forma las tres enfermedades de una.

El segundo tiro se pierde en noviembre con la ley de crecimiento económico que al incluir reformas estructurales, atacaba también de paso la segunda enfermedad al despejar un poco esa neblina con temas más de fondo y no solo parches fiscales tributarios. 

El tercer tiro que se está discutiendo en la asamblea se enfoca exclusivamente a la primera enfermedad. En lo central, sigue la incoherencia por decir lo menos, y es que cómo se explica que propongamos eliminar el anticipo del impuesto a la renta por ir contra la inteligencia humana de cobrar sobre utilidades hipotéticas y no efectivas, y en su defecto queramos cobrar impuestos sobre las ventas de aquellas empresas que facturen más de un millón de dólares, cuando lo que importa son las utilidades. Si quieren más recursos por este concepto, cambien el umbral y hasta la tasa de impuesto a la renta por un cierto número de años, y cobren sobre las ganancias que es lo justo entre comillas y no sobre las ventas.

Pero lo que más me preocupa, en verdad, no es el escenario macro a pesar de lo doloroso que puede resultar en términos de empleo y obviamente, siempre que no le pasemos factura al sistema de dolarización; es cómo estamos hipotecando las posibilidades de implementar políticas que no siempre son las más populares, al generarse una suerte de aceptación tácita de las presiones de los grupos sociales desde el 13 de octubre, lo cual me temo se irá agravando por el pésimo ejemplo de los países vecinos Chile y Colombia que están en llamas, y donde la principal moraleja es “quema y destruye todo, para que nos escuchen e imponer nuestras aspiraciones”, lo cual rebasa las explicaciones económicas y cae en el plano sociológico y hasta sicológico.   

En este escenario, a más del año electoral 2020 que se nos viene, los economistas ya no tenemos respuesta para mirar detrás de esta neblina, dado el volumen de información en juego, por lo que habrá que preguntarle a José de los Santos, o algún nieto (a) de la Guga Ayala para que nos aclare lo que se puede venir en el 2020 y los subsiguientes años.

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Las perspectivas de la economía ecuatoriana
 
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