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28 de Diciembre del 2015
Ideas
Lectura: 8 minutos
28 de Diciembre del 2015
Cristina Burneo Salazar

Docente de la Universidad Andina Simón Bolívar. Trabaja en Letras, género y traducción.

Piedritas
Las personas detenidas se van sumando. No es normal, no es que “así mismo es”, no es legítimo. No es que la fuerza de la costumbre volverá menos violenta esta violencia de Estado. El gravísimo retroceso en derechos sociales y derechos humanos no es ni puede ser jamás el costo natural del “desarrollo”, ni la represión puede justificarse con tanto cinismo.

Cada palabra tiene una historia. La del vocablo “escrúpulo” viene del latín scrupulus,  que es una piedra pequeña. Ser escrupuloso, en la edad media, significaba darle importancia a nimiedades. De allí quizás venga eso de tener una piedrita en el zapato cuando algo nos molesta pero no nos detiene.

Siempre llega un momento en que ya no importa. Los escrúpulos se vuelven más y más pequeños, como las piedras en el zapato que se resquebrajan o se liman si se las aplasta durante un buen tiempo con el peso del cuerpo. Pueden estorbar, pero no detienen las acciones. En la vida de muchas personas suele llegar ese momento. Hay un alzar de hombros, una mala noche, un dar las espaldas que encoge los escrúpulos hasta molerlos. 

Hay un momento en que no importa si una niña de nueve años es atropellada por un policía montado que le rompe una costilla. No le importa a él, pero sobre todo no le importa al Estado. Sólo un hombre con muy pocos escrúpulos puede hacer suya la fuerza de un caballo para atacar a una niña. Esa crueldad contra los animales y contra las personas fue una orden de la jornada de resistencia del día 3 de diciembre, que por por varios momentos fue una verdadera cacería de seres humanos por parte de las fuerzas policiales. Ese día, el Estado se aseguró de hacernos saber que hay un nuevo umbral para la violencia. Quienes diseñaron el “plan de seguridad” probablemente pensaron en perros, en golpizas de ocho policías contra uno, en arrastres, en buses enteros de detenidos a quienes tuvieron dando vueltas.

Ese policía atropellando a la niña; el conductor del trucutú que aceleró terriblemente en la Av. 6 de Diciembre e hizo salir despavoridos a los manifestantes; cada uno de los policías que golpeó en el piso al fotógrafo Diego Pallero; el policía que es filmado en El Arbolito diciendo que tiene una piedra enorme en la mano “porque estos son unos majaderos”; los policías que salieron a cazar personas en el parque en la jornada de la tarde; los mercenarios fornidos, altos, caminando en pandillas... todos ellos cumplen órdenes de alguien que ya perdió todo escrúpulo, toda integridad y toda relación con su pasado. José Serrano fue abogado de Derechos Humanos. Y así, muchos de ellos, antes, trabajaron con la sociedad civil, no en contra de sus derechos. ¿Qué pensaron cuando vieron las imágenes de la represión, cómo las justificaron, con qué palabras? Aquí, el día 3 de diciembre, se votaron las enmiendas constitucionales de espaldas a la sociedad civil, en una Asamblea Nacional rodeada por vallas y centenares de policías con orden de reprimir. Aquí, el 3 de diciembre Gabriela Ribadeneira, Paola Pabón, salieron a hablar de fiesta, de alegría, de un logro de la revolución ciudadana. Hubo una noche que se fueron a dormir sabiendo que esto no es una fiesta y ya no les importó.

Hay un momento en que los involucrados en los “operativos de seguridad”, que por supuesto son operativos de represión, ya no ven como algo grave que los detenidos del 3 de diciembre se suman a los del 13 de agosto en Pastaza, en Imbabura, en Saraguro, que se suman a su vez a los de junio, a los del del 17 de septiembre de 2014 del Colegio Mejía, a los del Colegio Central Técnico, a los de Luluncoto. A partir del 3 de diciembre en la noche, los familiares de los nuevos detenidos iniciaron lo que hoy es un aprendizaje cada vez más frecuente en las familias ecuatorianas: la localización de los familiares detenidos; la búsqueda de defensa; la búsqueda de recursos; las llamadas para formar redes de solidaridad; la noche en que ya no vuelven; la sentencia; la apelación; la negativa de la justicia, la desesperante sumisión de la justicia al Ejecutivo, la inoperancia de la justicia. A partir del 4 de diciembre de este año, mientras se armaban redes por los 21 detenidos de El Arbolito, se clamaba por los detenidos de agosto en Pastaza. Aún hay detenidos de estos últimos dos años que no han recuperado su salud ni su trabajo, a quienes nadie les va a dar ninguna reparación de ninguna naturaleza. Las personas detenidas se van sumando. No es normal, no es que “así mismo es”, no es legítimo. No es que la fuerza de la costumbre volverá menos violenta esta violencia de Estado. El gravísimo retroceso en derechos sociales y derechos humanos no es ni puede ser jamás el costo natural del “desarrollo”, ni la represión puede justificarse con tanto cinismo.

Hacia el fin de año, pareciera cernirse en la corte revolucionaria una enorme desesperación que se combina con la falta de escrúpulos de quienes acompañan y obedecen al poder. Esa red nerviosa, sudorífica e inescrupulosa que sigue al poder mete la Ley de Tierras, desaloja Tundayme y anuncia el 21 de diciembre en El Telégrafo: “Con proyecto Mirador, Ecuador inaugura la minería industrial a gran escala.” Justo a un año del asesinato de José Tendetza. Perversa coincidencia. Ese mismo diario también anuncia: las enmiendas a la Constitución han sido publicadas. Están impresas. El ejemplar vale $1,25. La Secom tendrá que cambiar las letras enormes que adornan la fachada de su edificio y que dicen “La comunicación es un derecho”. Colgar todas las letras de “La comunicación es un servicio público” quizás sea un poco más difícil. El andamiaje que se levante para bajar el letrero y subir el nuevo será el cambio de acto del sainete, y allí también habrá alguien que habrá justificado lo injustificable para seguir “con la revolución”. Ese es el balance del 2015. 

Al terminar el año, todos conocemos a una persona jubilada que ya perdió o perderá su jubilación de manos del Estado; a un maestro enfermo, con discapacidad o en condiciones precarias que tiene que seguir trabajando porque no tendrá jubilación; a una persona detenida por defender sus derechos, a un familiar de esa persona, a un conocido de esa persona; a una persona afectada por las salvaguardias en su pequeña o mediana empresa; a una persona que ha sido despedida a causa de la crisis económica que el gobierno niega; a un ama de casa que descubrió que el seguro para el que aporta es de segunda clase. Todos conocemos directa o indirectamente a alguien reprimido, afectado, perjudicado y acosado por este gobierno.

Ellos seguirán caminando con las piedras en el zapato, con el paso cada vez más pesado. Van a seguir yéndose cada noche a dormir pensando que ya no importa, que así mismo es la revolución. Nosotros sigamos siendo esas piedras.

[PANAL DE IDEAS]

Francisco Chamorro
Carlos Arcos Cabrera
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