Back to top
10 de Mayo del 2016
Ideas
Lectura: 5 minutos
10 de Mayo del 2016
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Los podridos bemoles del poder
No se vive el ocaso de las ideologías ni de la política, tampoco de los partidos políticos. Se trata de la omnímoda presencia de un virus mortal llamado corrupción: un conjunto de pensamientos, actitudes y acciones destinadas a corroer las conciencias mediante la entronización de la mentira, del engaño, del malabarismo lingüístico.

La cuerda se rompe siempre en su lado más débil. Y este lado débil suele hallarse en el lugar en el que más florecen la rimbombancia y las supuestas certezas de los discursos políticos. Quien mucho habla de la pera comérsela quiere. “Conmigo, con nosotros, la honorabilidad, la honradez, las cuentas claras y limpias serán el objetivo, la ruta y la práctica diaria”, dijeron los apóstoles del socialismo del siglo XXI. De uno en uno, ellos mismos han ido desenmascarándose: aquí y allá. Quien tenga cola de paja que no se acerque a la candela. Y, aunque la mona se viste de seda, mona queda.

Se creyó que con solo vestir la túnica discursiva de una supuesta nueva ética del bien era suficiente, no para cambiar la mentalidad sociopolítica de un pueblo, sino para indefinidamente medrar del poder. De hecho, no importan las estrategias que se utilizan cuando el objetivo final es el poder. El resto hace la hojarasca indispensable para la confusión de los  ingenuos. Son incontables los beneficios del poder, desde el portero que patea al perro, hasta aquel que te manda a la cárcel porque le mal miraste (miraste el mal disimulado con el ropaje del poder).

Venezuela se ha transformado en una suerte de campo de concentración de la pobreza y hasta de la indigencia. Uno de los países más ricos de nuestras Américas, vive a oscuras en pleno siglo XXI. Oscuridad omnímoda: jurídica, social, ética, económica, discursiva, política. Oscuridad mental de un presidente que todavía sigue convencido de que es suficiente lanzar a diario fofos discursos para que haya luz, comida, salud e incluso libertad. Hasta hace poco, tenía en sus manos las riendas absolutas del poder y, sin embargo, no pudo evitar el desboque total de una nación sostenida en la fatuidad de palabras rimbombantes y en la perversa persecución política.

No se vive el ocaso de las ideologías ni de la política, tampoco de los partidos políticos. Se trata de la omnímoda presencia de un virus mortal llamado corrupción: un conjunto de pensamientos, actitudes y acciones destinadas a corroer las conciencias mediante la entronización de la mentira, del engaño, del malabarismo lingüístico. Cuando se habla de corrupción, se señala que el cuerpo político y social está enfermo con un cáncer que, de manera incontenible, hace metástasis. Todo se ha contaminado: desde el discurso hasta la praxis. Cuando los lenguajes se corrompen, ya no hay salvación. El discurso del poder es el discurso del engaño.

Luiz Inácio Lula da Silva y Rousseff reeditaron, quizás con mayor firmeza, la incertidumbre sobre la ética política. Eso quiere decir que el país y el mundo dudan sobre el estado de sus manos. ¿En realidad, nunca fueron tan limpias como ella y él nos dijeron, como se creía, como se juraba? Cuando las palabras se pudren, ya no hay salvación. Ya no se trata de que la presidenta Rousseff se salve o no, porque eso depende del número de votos. Y los votos se venden y se compran en el supermercado de las conciencias fallidas. Incluso se alquilan en la tienda de los disfraces de la que los políticos constituyen sus grandes y perennes clientes. Se trata del envilecimiento de los órdenes del lenguaje y de la ética. Allí ya no hay salvación.

Se trata de la corrupción que ha llegado a constituir una suerte de peste camusiana convertida en estado en el que no existen inocentes que salvar. De hecho, la perfidia de esta peste consiste en crear dos falsas certezas: la primera dice que todos somos igualmente perversos para de esta manera crear el imperio bien justificado de un mundo sin inocentes. La segunda certeza dice que para tapar la corrupción es necesario vestirla con un perenne y consistente lenguaje de honorabilidad, de justeza, de ética sana de tal manera que el dueño del discurso y sus allegados aparezcan siempre como los únicos poseedores de manos limpias. Como si se hubiesen olvidado de que el muerto y el mentiroso hieden al tercer día.

[PANAL DE IDEAS]

Alfredo Espinosa Rodríguez
Carlos Burgos Jara
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Luis Verdesoto Custode
Carlos Arcos Cabrera
Mariana Neira
Luis Córdova-Alarcón
Fernando López Milán
Alberto Acosta Espinosa

[RELA CIONA DAS]

El conjuro de la persecución política
Juan Cuvi
¿Los “hermanos” de Glas?
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Carlos Pólit: un gánster ecuatoriano. ¿Cómo el ex contralor afianzó una red criminal con el gobierno de Correa?
Luis Córdova-Alarcón
El pueblo votó y discriminó. Reflexionó, pensó y decidió
Consuelo Albornoz Tinajero
Carlos Pólit fue declarado culpable de seis cargos de lavado, por un jurado en Miami
FERMÍN VACA S. Y MANUEL NOVIK DESDE ECUADOR PARA PLANV Y MARCOS MEDINA PARA PLAN V Y EL UNIVERSO DESDE MIAMI
GALERÍA
Los podridos bemoles del poder
 
1


[CO MEN TA RIOS]

[LEA TAM BIÉN]

El agónico río Machángara espera un millón de amigos
Redacción Plan V
Noboa: la crisis eléctrica, la gasolina y la inseguridad terminan con la luna de miel
Gustavo Isch
Daniel Salcedo según Daniel Salcedo: estos fueron sus operadores y sus relaciones con el crimen organizado
Redacción Plan V
Los ladrones del bronce pululan por la Plaza Grande
Redacción Plan V

[MÁS LEÍ DAS]

Criminales colombianos y ecuatorianos extienden su violenta influencia por la Amazonía
Por Plan V y Amazon Underworld *
Última hora: se cancela la risa y la lectura en Quito
Redacción Plan V
"Falta que el gobierno de Daniel Noboa se atreva a golpear a gente poderosa"
Susana Morán
¿Se desinfla una opción política para Guayaquil?
Redacción Plan V